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TU ROSTRO

27 de enero de 2020

Jesús, he buscado tu rostro en los acontecimientos de mi vida,

te he buscado en lo que veo y en lo que mis ojos no llegan a ver,

en lo que entiendo o dudo desde la razón,

en lo que se mueve en mi corazón.

Jesús, tu rostro a veces se me ha difuminado, no he distinguido tu expresión,

es como una nube que a veces te envuelve y cubre el camino entre tú y yo.

¿Habrá sido esa nube lo profundo de mi corazón que no te llega a alcanzar?

¿Será que se me empaña el alma cuando no te encuentro tal y como yo te quiero encontrar?

Espero pacientemente que esa nube pase y me deje descubrirte en lo profundo.

Tu figura borrosa me dice que estás detrás, esperándome, atento a mis pasos, mirándome sin que te vea.

Jesús, los días grises nos ayudan a valorar la grandeza del sol, de la luz, de tu paso por nuestra vida.

“Después de la oscuridad llega la calma” y detrás de las nubes tus ojos me miran con bondad.

Tu rostro se va aclarando a medida que mi corazón se abre a Ti.

Te encuentro dentro de mí.

Te encuentro en mi vida y en el acontecer diario.

Te encuentro en las personas que caminan a mi lado,

en aquellas que son parte de mi y también desean hallarte.

Tú no te escondes a nuestros ojos, tan solo nos haces ver que más allá de lo que vemos está tu mano de Padre y Amigo.

Tus brazos abiertos me acogen tal cual soy, con mi grandeza y pequeñez.

Me quedo contemplándote, Jesús, y te descubro delimitando el perfil de tu rostro nublado.

Me quedo en silencio viviendo en Ti y contigo aquello que soy junto a las personas que más quiero.

Fuente/Autor: Reflejos de luz

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