“No hay alegría más pura y más santa que en el atenderse unos a otros, comunicarse unos con otros”.

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Mundo Joven

La elección es personal, el camino se hace en comunidad

27 de enero de 2020

Llegó el momento, Javier se encuentra a pocos meses de decidir la dirección de su vida y su futuro. Hasta ahora, había seguido casi siempre las orientaciones de sus familias y amigos, al final de su adolescencia se encontraba convertido en un joven con ideales y energías, desbordante de entusiasmo por aquello que cada día realizaba. Desde niño había manifestado ser un muchacho feliz, que siempre tenía claro aquello que QUERÍA, nunca se había complicado la existencia en pensar y repensar las cosas y gustos por las que muchos jóvenes de su edad parecen gastar horas, días y hasta meses en círculos de inseguridad e indecisión.

De pronto, la ruta suave y ligera de su vida abruptamente se adentraba en un paraje desconocido. En lugar del carácter jovial y la confianza natural en sí mismo, la incertidumbre apareció embriagándolo como una experiencia nueva. La percepción de que su vida parecía llegar a un final, no era una simple división de camino, escoger derecha o izquierda; cualquier elección parecía suponer un salto en el vacío, avanzar hacía lo desconocido. Mente y corazón se lo gritaban, no se trataba ya de una opción sencilla, una en la que bastara seguir su propia intuición del momento. Esta vez las implicaciones eran más profundas, cualquiera que fuera su decisión había una RENUNCIA por hacer y esta pareciera llevarlo a renunciar a lo que hasta ahora él había sido, a la forma de relacionarse con su familia y amigos. Buscaba de razonar y de escuchar sus sentimientos, de contar sus ahorros y el presupuesto de gastos, no perdía detalles: calendario de admisión y alternativas de estudios; sin embargo, su dilema iba más allá de agendas, de búsquedas en el ciberespacio y de entrevistas programadas.

El panorama era claro, cualquier elección era suya y de nadie más, los retos, la inversión de energías, la BÚSQUEDA y sus RESPUESTAS, todo era individual. Su elección era personal, más no solo eso, comprendía que el momento le demandaba involucrar toda su persona, lo que conocía y comprendía de sí mismo, su historia personal, sus aficiones, sus emociones y sueños.

El desafío estaba ahí, toda elección tendría un precio, su corazón apasionado amenazaba con escapar de su pecho, sentía ganas de llorar y de reír, la necesidad de abrazar a sus padres y hermanos, de volver a vivir y revivir las horas de profundas emociones con los que amaba…

Ese era el punto crucial, la esencia de su crisis, el elemento que al removerlo, parecía haber desajustado su orden de ideas y prioridades, la elección de un camino parecía conducir a renunciar a aquello que hasta ahora hacía parte de su camino, habían sido parte de su propio ser.

Una tarde, se concedió un momento de oración y recordó las palabras del Maestro: Nadie tiene mayor amor AMOR por sus amigos que quien da la vida por ellos (jn 15,13). En la paz del silencio una luz iluminó su alma: la grande intriga no es amar o dejar de amar, es el dato a la madurez de la vida que nos llama a amar intensamente siempre, en formas nuevas, creativas y solidarias.

Si el Señor te llama a la vida consagrada, a servirlo en el sacerdocio, o formar una familia en el matrimonio… Recuerda, la elección es personal, pero es necesario estar siempre preparados para vivir en una comunidad.

Fuente/Autor: P. Carlos Abraham Zamora

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