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Mundo Joven

Guatemala ¿un país de oportunidades para la juventud?

27 de enero de 2020

Guatemala es un país donde un tercio de su población es joven, es decir, personas adolescentes y jóvenes veinteañeros, con una diversidad étnico-cultural expresada en múltiples pueblos y comunidades lingüísticas: desde jóvenes mayas en el noroccidente del país, hasta jóvenes garífunas en Livingston que promueven su herencia cultural entre la niñez; desde la juventud ladina de oriente, hasta la xinka que redescubre su pasado lingüístico y cultural.

Pero entre esta población joven se encuentran muchos rostros de exclusión: la malnutrición, el analfabetismo y la baja escolaridad, el desempleo y la informalidad, la falta de empadronamiento y capacidades para ejercer ciudadanía, la ausencia de tiempo para disfrutar, la migración forzosa y grupos en riesgo social.

El Informe Nacional de Desarrollo Humano 2011/2012 expone varios planteamientos conceptuales interrelacionados entre sí. En la adolescencia/juventud como etapa del ciclo de vida y a partir de las condiciones iniciales de la niñez, las personas construyen y consolidan capacidades que repercutirán en los resultados de desarrollo humano que alcancen en la adultez. Las personas jóvenes necesitan contar con oportunidades básicas para participar en el disfrute de los bienes que la sociedad, el mercado o el Estado le ofrecen. El acceso a estas oportunidades generalmente se amplía en función de los niveles de desarrollo político-económico-social. La oportunidad de vivir engloba los derechos a la identidad, la salud, la vida y la seguridad; la oportunidad de aprender, el acceso a la educación y a las tecnologías de información y comunicación. La oportunidad de participar tiene una doble significación: poder participar libremente en la vida política y social, el derecho a ser ciudadano con todo lo que ello conlleva, y el acceso al trabajo, cuyo ejercicio contribuye a la autonomía. La oportunidad de disfrutar afirma el derecho al uso del tiempo libre para el descanso, la sociabilidad y la apropiación de bienes culturales. El conjunto de las cuatro oportunidades básicas conlleva la inclusión en la sociedad, mientras que la falta total o parcial de las mismas deviene en grados de exclusión.

El Informe da cuenta de las condiciones múltiples que en Guatemala hacen riesgosa y difícil la vida para muchos jóvenes. Las fuerzas que mueven la vida social lo hacen de manera contradictoria, en el sentido de que incluyen a pocos y excluyen a las mayorías. Las situaciones y los factores de riesgo social operan en un medio calificado por la pobreza múltiple, las desigualdades sociales, una vida social degradada por la violencia y un Estado débil. Por esto el Informe se cuestiona: ¿Es Guatemala un país que ofrece oportunidades a las juventudes? ¿Constituyen dichas juventudes una oportunidad para el desarrollo humano del país? ¿Cuáles son los factores que promueven las inclusiones o exclusiones de las oportunidades básicas para las personas jóvenes? ¿Qué ocurre cuando faltan las oportunidades básicas? ¿Qué acciones y medidas de política pública son necesarias para promover el desarrollo humano de las juventudes?

Estas preguntas son respondidas a lo largo del Informe, cuya primera parte «La juventud: oportunidad para el desarrollo humano» ofrece el marco conceptual y contextual. Con esta base, se provee en una separata una breve descripción acerca del marco institucional de juventud en Guatemala; luego se aborda «El país que hereda la juventud». Ahí se analiza de manera integrada, bajo un enfoque multidimensional y con indicadores actualizados, la situación reciente del desarrollo humano, la pobreza y la desigualdad.

La segunda parte examina la situación de inclusión/exclusión de las juventudes, enfocando cada una de las oportunidades básicas (vivir, aprender, trabajar, participar y disfrutar) y analizándolas, según la información disponible, en términos de las condiciones de género, etnicidad, residencia, estrato socioeconómico y nivel educativo. En su conjunto, abordan temas cruciales del ser/existir, como la construcción de identidades, la salud integral y la seguridad; del aprender a ser y hacer, como la inclusión/exclusión educativa y el acceso y uso de las tecnologías de información y comunicación, y de los haceres, como el trabajo, la participación política y social y el esparcimiento.

La tercera parte analiza riesgos sociales en un contexto de falta de oportunidades básicas. Para ello, se aborda el caso de las maras y pandillas juveniles como un «legado de una sociedad sin oportunidades», crisol de situaciones de riesgo que han estimulado la incorporación y expansión de la violencia y la delincuencia juveniles. Asimismo, se plantea la migración internacional a Estados Unidos en condiciones irregulares y precarias como una «búsqueda de inclusión al otro lado» por parte de jóvenes, forzada principalmente por la falta de oportunidades laborales y de movilidad social en el propio terruño.

Se finaliza con un balance general sobre la situación de las juventudes guatemaltecas, que se encuentran entre «la marginalidad y el sueño», es decir, entre las exclusiones y las esperanzas por un futuro más prometedor.

Fuente/Autor: La Redaccion

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