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Mundo Misionero Migrante

EXPERIENCIA MISIONERA DEL PADRE MAURICIO EN JAPÓN

27 de enero de 2020

Presentate

Hajimemashite, dozo yoroshiku. (=¿Cómo están? Gusto de conocerlos). Soy el P. Maurizio Maifredi, originario de Castel Goffredo, Mantova, un pueblo de la llanura padana, en el norte de Italia. Ingresé al seminario de los Misioneros de San Carlos/ Scalabrininanos en el año de 1973. En Italia estudié la filosofía e hice mi noviciado. Luego, comenzó la otra etapa de mi vida que pudiera llamar “multicultural” o también “sin fronteras”. En 1977 fui a los Estados Unidos para estudiar el inglés y luego a Toronto, Canadá, para la teología. Fui ordenado sacerdote el 18 de junio de 1983.
Los primeros cinco años como misionero los pasé en los Estados Unidos, en la ciudad de Chicago. Trabajé en dos parroquias de emigrantes italianos. La segunda, afortunadamante, había recobrado nueva vida y dinamismo con la llegada de los nuevos migrantes puertorriqueños, mexicanos, y centroamericanos. Terminada mi misión en “el Norte”, en septiembre de 1988 me enviaron a Guadalajara y, por casi 20 años, México ha sido mi nueva patria! Mi primer trabajo fue en la formación, en el Seminario San Carlos de Guadalajara. Entre 1993 y 1999 tuve una intensa experiencia misionera como director de la Casa del Migrante, en Ciudad Juárez. En los últimos años he vuelto a la formación y he colaborado en las etapas del Noviciado y del Propedéutico. Además, hace unos años, tuve otra paréntesis misionera, apoyando por 4 meses la comunidad portuguesa de Vancouver, Canadá.

¿Cuál fue el motivo de tu experiencia en Japón?

Nuestra presencia scalabriniana en Tokyo comenzó el mes de septiembre de 2004. Desde el comienzo me puse en comunicación con el padre Olmes Milani, el cohermano brasileño que junto con otro padre filipino fundó nuestra misión en Japón. En una ocasión, sabiendo que se acercaba mi XXV aniversario de ordenación sacerdotal, el P. Olmes me extendió la invitación para visitar a Japón y así conocer personalmente la misión en la que él está trabajando.
Para ser sincero, desde siempre me ha llamado la atención la cultura de Japón: su historia, su arte y su música. Por eso, una vez recibida la invitación, no tardé mucho en dialogar con mis superiores para ver si sería posible organizar este viaje hacia el extremo oriente. Ciertamente, lo que facilitó mi proyecto fue el aproximarse de mi jubileo sacerdotal y un boleto gratis por las millas acumuladas en vuelos anteriores. Así, arreglados todos los detalles, el 17 de enero de este año pude viajar rumbo a la ciudad de Tokyo. Esta experiencia, de un mes, fue para mí como un sabático (=tiempo de descanso) y al mismo tiempo una peregrinación espiritual y misionera.

¿Cuál es la situación religiosa de este País?

En primer lugar, hay que considerar sus raíces espirituales. Japón tiene dos grandes tradiciones religiosas: el Sintoísmo y el Budismo. La religión Sinto es originaria de Japón y es una evolución de la religiosidad popular antigua. Cree en la existencia de muchos kami, es decir dioses o espíritus, que son presentes en la misma naturaleza. Aún hoy, ésta es considerada la religión oficial del emperador y de la casa imperial. El Budismo, por otra parte, llegó a través de China a mediados del siglo VI y con el tiempo ha llegado a formar parte estable de la tradición religiosa de Japón. Estas dos religiones han dejado huellas permanentes no sólo en la cultura japonesa sino también en un gran número de templos y santuarios. Estos edificios, con su característico estilo oriental, todavía se pueden admirar en todo el país y especialmente en ciudades como Kyoto y Nara.
El Cristianismo, por otra parte, llegó a Japón entre los siglo XVI y XVII, desde Filipinas, por obra de unos misioneros españoles. Después de unos años de mucho éxito, sin embargo, los cristianos encontraron oposición de parte de los señores feudales de aquella epoca y sufrieron una terrible persecución. Cabe mencionar que San Felipe de Jesús, originario de México, sufrió el martirio precisamente en esas tierras. En la actualidad, el cristianismo representa apenas el 1% del total de la población japonesa.
La actual situación religiosa de Japón está marcada por el terrible trauma que sufrió el país al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Desde el fanatismo político-religioso, que consideraba al emperador como a un dios, tras la derrota, se pasó a una total desilusión y al abandono de la religión. Hoy en día, la mayoría de jóvenes y adultos admiten francamente que no creen en ninguna religión específica. Únicamente conservan ciertos ritos religiosos por costumbre y tradición. La nueva religión japonesa, por así decirlo, es ahora la fe en la ciencia, en la tecnología y en el progreso. Al parecer, el progreso económico y los grandes avances del mundo moderno han sustituido cualquier interés o inquietud religiosa. Ésto, sin duda, ha generado en la sociedad japonesa un hueco espiritual que todavía no ha sido llenado. Lamentablemente, la religión cristiana no encuentra mucho espacio en la sociedad actual porque, además de ser una religión occidental, aún predomina un clima de escepticismo religioso. Sin embargo, ésto no significa que los japoneses no tengan valores o principios firmes. Al contrario, de su milenaria cultura religiosa han heredado un fuerte sentido de unidad familiar, de comunidad, de honestidad, del honor, del deber, de disciplina, de respeto hacia los demás y hacia la naturaleza.

¿Cuál es la presencia Scalabriniana en este país?

Nuestra misión está ubicada en el centro de la ciudad de Tokyo, la capital. Actualmente, tenemos un equipo formado por tres misioneros scalabrinianos que atienden tres diferentes grupos de migrantes: los brasileños/japoneses, los hispanos (en su mayoría peruanos) y los filipinos. Según las estadisticas más recientes en Japón se encuentran 323,000 brasileños/japoneses; 185,000 filipinos y 57,000 peruanos. Un dato interesante es que estos emigrantes, en su conjunto, representan la mitad de todos los católicos en Japón. Quizás, algunos ya se preguntarán: “¿Quiénes son y de dónde vienen estos brasileños/japoneses?” Aquí les va la aclaración… son los descendientes de los antiguos japoneses que emigraron a Brasil a inicios del siglo pasado. Varios años después, a raíz de la crisis economica brasileña de los años 80, muchos sansei (japoneses de la 3ra generación) volvieron a la tierra de sus antepasado. Ellos, a pesar de ser de raza japonesa, culturalmente y religiosamente son brasileños. Por eso, ellos viven de manera inversa la experiencia de emigración que anteriormente vivieron sus padres.
¿Qué están haciendo, concretamente, los misioneros scalabrinianos para estos migrantes? El área de nuestra misión multiétnica se extiende a lo ancho y lo largo de toda la gran metrópoli de Tokyo: un territorio comparable, y quizás mayor todavía, a la zona urbana de Ciudad de México. Los migrantes se encuentran esparcidos en varios puntos de esta enorme metrópoli y por lo regular se reúnen en pequeñas comunidades alrededor de templos católicos, centros comunitarios o en algunas casas. En estos lugares tienen sus celebraciónes, clases de Biblia, catequesis, preparación a los sacramentos y convivencias. Organizar la pastoral resulta un verdadero desafío a causa de las distancias y de los diferentes horarios de trabajo de los migrantes.
Si bien es cierto que no somos los únicos en llevar a cabo este tipo de animación misionera, la necesidad es siempre apremiante. En muchos casos, el misionero solo alcanza a visitar las comunidades y a celebrar la Eucaristía solo una vez al mes. Durante mi estancia, pude darme cuenta de como nuestra misión ha estado progresando. En particular, el P. Olmes ha logrado establecer importantes contactos con las diócesis locales y con otros misioneros. Actualmente, él es director de la oficina CTIC en Tokyo, un organismo que coordina la pastoral de los migrantes en toda la región. Además, ha logrado conseguir el permiso para visitar cada mes a los migrantes que se encuentran en la cárcel por falta de papeles o por por algun problema con la ley.

Mensaje final
Queridos amigos JSF, ha sido un gusto compartir con Ustedes esta experiencia extraordinaria. Me siento muy agradecido a Dios por haberme dado la oportunidad de llevar a cabo este viaje y, aún más, por los 25 años que estoy celebrando como misionero scalabriniano. Hace varios años que yo también, como muchos de Ustedes, pensaba en la vocación… a veces entre dudas y temores. Hoy, le doy gracias a Dios que me ha permitido vivir mi vocación dentro del carisma scalabriniano. ¡Mejores deseos a todos y que el Señor los bendiga!

Fuente/Autor: Padre Mauricio Maifredi, cs

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