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ES VOZ DE DIOS

27 de enero de 2020

En mi camino, me encuentro con frecuencia jóvenes con la disponibilidad de Samuel, la confianza de María, la generosidad para dejarlo todo de Mateo, la inquietud de propagar la fe de Pablo… Pero te preguntan: “Lo que yo siento, ¿Es llamada de Dios? Lo que oigo en la oración, ¿Viene de Dios? ¿Cómo saber si todo esto es cosa de Dios?
He aquí la respuesta: Si me despierta a la realidad y me saca de la mediocridad; si me compromete y me cuestiona la vida, pero al mismo tiempo la llena y le da sentido… Es Voz de Dios.
Si me hace salir de mi tierra, de mi pequeña isla o mar y me lanza al mundo entero… Es Voz de Dios.
Si llama mi corazón al amor, a la generosidad, a la ilusión… no al miedo, ni al temor…. Es Voz de Dios.
Si me invita a ser profundamente feliz y hacer felices a los demás; Si habla el lenguaje de la confianza, como el de una Madre o un Padre para con su hijo… Es la Voz de Dios.
Si me hace descubrir mi realidad, y me hace entrar en contacto con mi propia fragilidad para sentirme como un niño; pero también me da la confianza de lo que puedo hacer con su ayuda… Es Voz de Dios.
Si me va liberando de ataduras, de apegos, de mi egoísmo, de mí mismo; si rompe mis planes, como se los cambió a María de Nazaret… Es Voz de Dios.
Si no me saca de este mundo, pero me hace estar en voz de Dios.
Si me invita a acercarme, escuchar y a estar con los más pobres; si me invita a dar vida, alegría, esperanza, plenitud, sentido… Es Voz de Dios.
Si no tiene nada que ver con los anuncios televisivos, si no es para hacerme más famoso, si no es para darme solamente dinero y poder. Si lo que me ofrece no lo pueden robar los ladrones, ni carcomer la polilla, ni devaluar la caída de la bolsa o del dólar… Es Voz de Dios.
Si no me llena de palabras, sino que en ocasiones calla y hace silencio, invitándome a la reflexión, a la búsqueda humilde y a la oración paciente… Es Voz de Dios.
Si esa voz va germinando en mí lentamente, como la semilla en el surco, si me invita a centrarme en Cristo, a seguirle, a convivir con Él, a ser su amigo… Es Voz de Dios.
Si es como un eco evangélico, si en la oración no puedo quitarla de mi corazón ni del pensamiento… Es Voz de Dios.
Si lo que me pide es extender su Reino. Si me pide mejorar el mundo, hacerlo más justo y más humano. Si me invita a anunciar a Cristo y su Buena Nueva, y no anunciarme a mí mismo… Es Voz de Dios.
Si se refleja en mi comunidad y mi grupo, si cada vez soy más feliz, siguiendo la llamada… No cabe duda… Es Voz de Dios.

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