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En el silencio, Señor

27 de enero de 2020

Cada día el reloj nos absorbe con sus horas, sus minutos, sus segundos… de aquí para allá en nuestras distintas tareas, ahora esto u lo otro, a veces con sus respectivas prisas. Es el regalo del tiempo con sus ocupaciones pero tiempo que avanza. Me llama la atención, como hasta el pitido del metro para cerrarse las puertas de los vagones nos marca, cuando incluso te hace correr más porque no lo quieres perder. Eso me pasó, corrí para coger el metro, llegaba tarde pero el reloj continuaba su rutina de ir avanzando.

Salí rápido del vagón, a paso ligero y algo pasó, casi paré en seco, por lo menos noté que lo hice por dentro, sentí necesidad de prestar atención a mis pasos, echar una mirada a mí alrededor y ver lo que tan rutinariamente me pasa desapercibido. Me di cuenta que había entrado en el silencio de mi corazón, estaba en un clima de oración y no iba sola en el trayecto, tenía sed y Alguien me dio de beber. Quizás tardé un poco mas en llegar a donde me dirigía o lo mismo, no lo sé, pero si sé que llegué de otra manera, más sosegada, con otra fuerza que me ayudaba a vivir lo que el reloj marcaba.

El Señor me pitó en mi interior para que supiera coger la velocidad adecuada cuando no se camina sola. Quiero saber escuchar el sonido que me llene de Él. Quizás hoy, podemos encontrar ese espacio para dejarle entrar o quizás Él, palpando nuestras prisas nos lo haga buscar. , me hablas, me llevas más hacia ti. ¡Cuánto puede hablar el silencio y hacernos ver!

Os comparto una canción, que en su momento, fue un regalo encontrarla, es de Fray Nacho, mercedario:

“, en la desnudez de esta soledad, cuando sólo queda el vacío, el eco, mi verdad. Ante la presencia del dolor que produce tu ausencia, Señor. Cuando ya no quedan ni palabras, cuando no quedan máscaras, cuando ya no puedo seguir dibujando sonrisas, todas ellas malos bocetos de una ansiada felicidad que no llega… Ahora que no puedo seguir disfrutando esta mentira de creerme lleno fuera de ti… Ahora que me siento pródigo, hijo tuyo.

Ahora… Es ahora cuando siento con más fuerza tu abrazo, grande, paterno. Es en esta debilidad donde veo que me regalas la fuerza para seguir. Es en mi necesidad de tenerte donde descubro tu rostro, paciente, sosegado, amoroso. Es en este misterio de tu amor gratuito donde me descubro a mí mismo como hijo, como amado, como libre, como mimado, como imagen de tu divinidad…Es en el sentir la fuerza de tu perdón que siento que sólo te ansío a ti, que sólo te espero a ti. Sólo respiro por ti, Señor. Sólo por ti vivo. Sólo, por tu amor vivo.”

Fuente/Autor: Blog-Periodiste digital

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