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EL PROCESO DE LA VOCACIÓN

27 de enero de 2020


EL PROCESO DE LA VOCACIÓN

Una vocación en la iglesia, desde el punto de vista humano, comienza con un descubrimiento: encontrar la perla de gran valor.

Ustedes han descubierto a Jesús, su persona, su llamada; después del inicial descubrimiento, sobreviene un diálogo en la oración, un dialogo que va más allá de las palabras y se expresa en el amor.

La llamada del hombre está primero en Dios, en su mente y en la elección que Él mismo realiza y que el hombre tiene que leer en su propio corazón.

Al percibir con claridad esta vocación que viene de Dios, el hombre experimenta la sensación de su propia insuficiencia, trata incluso de defenderse ante la responsabilidad de la llamada, y así, como sin querer, la llamada se convierte en el fruto de un diálogo interior con Dios, y es incluso hasta a veces como el resultado de una batalla con Él.

Podemos descubrir esta dinámica entre Dios y los llamados en: Isaías….. o Lucas 5,1-11 )voc. De S. Pedro). Ante las reservas y dificultades que con la razón el hombre opone, Dios aporta el poder de su gracia y con el poder de ésta, consigue el hombre la realización de su llamada.

La vocación es llamada personal que Dios dirige a cada uno. Exige respuesta personal, libre y consciente, de quien atento a los signos del Señor escucha.
Tiene siempre un carácter eclesial, Dios llama en la iglesia y para servirlo en la comunidad, es lo que origina la misión. Mencionamos las diferentes llamadas que Dios hace al hombre:

1.- Vocación Laical
Lo específico de la vocación laical en la iglesia, es buscar el Reino de Dios, tratando y ordenando los asuntos temporales según Dios.

Las características esenciales del laico son:
Ha sido incorporado a Cristo por la fe y el bautismo.
Pertenece al pueblo de Dios, iglesia de Jesús.
Es co-responsable en la realización de una misión de la iglesia.
El llamado de la iglesia al seglar es que sea:
Levadura para transformar la realidad, desde dentro de la misma.
Testimonio con su vida de fe viva y madura con su esperanza firme e inquebrantable, con su amor sin límites a todas y cada una de las personas.

2.- Vocación Religiosa

La Vida Religiosa es una forma de profundizar la vivencia del bautismo, es desear ser tan semejante a Cristo, que se quiere vivir como Él; casto, pobre y obediente al Padre. La vocación religiosa supone un llamado del Señor, un dejarse seducir por Él para dejarlo todo, los rasgos más importantes son:
Se compromete a seguir al Señor radicalmente.
Vive en comunión intensa con el Padre.
Tiene a María como modelo de su consagración.
Vive en fraternidad con sus hermanos.
Es conciencia misionera dentro de la comunidad de la iglesia. La iglesia ofrece gran variedad de posibilidades de consagración religiosa. Religiosos (as) de vida activa. Religiosos (as) de vida contemplativa. Asociaciones e institutos seculares….

3.- La Vocación Sacerdotal

El sacerdote ha sido llamado por Cristo, ha sido consagrado por el sacramento del orden sagrado y ha sido enviado para continuar por la celebración de la Eucaristía. El sacerdote es:
Signo de la salvación que Dios ofrece a los hombres.
Educador de la fe, vive y predica la palabra de Dios, testigo profético anuncia el amor de Dios y denuncia con conciencia crítica la injusticia, el egoísmo y el pecado.
Administrador de la iglesia de Dios a través de los sacramentos.
Creador de comunidad co-responsable en el crecimiento espiritual de todos.
El sacerdote es célibe por amor al Reino, haciéndose así testigo de Cristo y “hombre para los demás, abre su corazón a todos sus hermanos, sin excepción, para servirlos en el nombre del Señor. Las ordenes sagradas son tres: El diaconado. El presbiterado, El orden episcopal.

Fuente/Autor: La Redacción

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