Para salir de una pandemia, es necesario cuidarse y cuidarnos mutuamente.

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Familia

Dar cuando más cuesta

27 de enero de 2020

Cuando yo era adolescente, en cierta oportunidad estaba con mi padre haciendo fila para comprar entradas para el circo. Al final sólo quedaba una familia entre la ventanilla y nosotros. Esta familia me impresionó mucho.

Eran ocho hijos, todos probablemente menores de 12 años. Se veía que no tenían mucho dinero, la ropa que llevaban no era cara, pero estaban peinados y limpios. Los chicos estaban muy bien educados, todos se encontraban muy bien portados en fila, formados de a dos en dos detrás de sus padres, tomados de la mano.

Hablaban con excitación de los payasos, de los elefantes y otros números que verían esa noche. Se notaba que nunca antes habían ido al circo. Prometía ser un hecho sobresaliente en sus vidas. El padre y la madre estaban de pie, orgullosos delante del grupo. La madre, de la mano de su marido, lo miraba como diciendo: Eres mi caballero de brillante armadura; él sonreía, henchido de orgullo y mirándola con mucho amor…

La empleada de la ventanilla preguntó al padre cuántas entradas quería , él respondió con orgullo: Por favor, déme 8 de niños y 2 de adultos.

La empleada le indicó el precio total de las entradas; la mujer soltó la mano de su marido y ladeó la cabeza; el labio del hombre se torció, se acercó de nuevo a la ventanilla y preguntó: ¿Cuánto dijo?

La empleada volvió a decirle el precio. ¿Cómo iba a darse la media vuelta y decirle a sus hijos que no tenía suficiente dinero para entrar al circo?

Viendo lo que pasaba, mi papá sacó un billete de 20 dólares y lo tiró al suelo (nosotros no éramos para nada ricos). Mi padre se agachó, palmeó al hombre en el hombro y le dijo: Señor, se le cayó esto de su bolsillo.

El hombre se dio cuenta de lo que pasaba. No había pedido limosna pero sin duda apreciaba la ayuda en una situación desesperada, angustiosa e incómoda. Miró a mi padre directamente a los ojos, con sus dos manos y con labios trémulos y una lágrima rodándole por la mejilla, replicó: Gracias, gracias señor, esto significa mucho realmente para mi familia y para mí.

Papá y yo volvimos al auto y regresamos a casa. Esa noche no fuimos al circo pero no nos fuimos sin nada…

No des lo que te sobra, da con alegría y hasta que te duela.- Madre Teresa de Calcuta.

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