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Carta para Ruth

27 de enero de 2020

Ruth fue a su buzón de correo y solo había una carta, ella la tomó y la
miró antes de abrirla, y notó que no tenía estampillas ni sello del correo.
Sólo su nombre y dirección.

Ella leyó:

Querida Ruth:
“Voy a estar en tu barrio el sábado en la tarde y quisiera verte. Te
quiere siempre, Jesús”

Sus manos temblaban mientras colocaba la carta en la mesa. ¿Por qué Dios
querrá visitarme si no soy nadie especial? También recordó que no tenía
nada que ofrecerle, pensando en eso, ella recordó su alacena vacía.
“Oh, no tengo nada que ofrecerle. Tengo que ir al supermercado y comprar algo para
la cena” Ella tomó su cartera que contenía $ 5,40.

-“Bueno, puedo comprar pan y embutidos por lo menos”.
Se puso el abrigo y corrió a la puerta. Compró un molde de pan francés, media libra de jamón y un cartón de leche, lo que le dejó con tan sólo doce centavos hasta el
lunes.

Se sentía bien a medida que se acercaba a su casa con su humilde compra
bajo el brazo.

-Señorita, por favor, ¿puede ayudarnos?

Ruth había estado tan sumergida en sus planes para la cena que no había
notado dos figuras acurrucadas en la acera. Un hombre y una mujer, ambos
vestidos de andrajos.

-Mire señorita, no tengo trabajo y mi esposa y yo hemos estado viviendo en
las calles, nos estamos congelando y tenemos mucha hambre y si usted nos
pudiera ayudar se lo agradeceríamos mucho.

Ruth los miró. Ellos estaban sucios y mal olientes y pensó que si ellos en
verdad quisieran trabajar ya habrían conseguido algo.

-Señor, me gustaría ayudarlos, pero soy pobre también. Todo lo que tengo
es un poco de pan y jamón, y tendré un invitado especial a cenar esta
noche y pensaba darle esto de comer.

-Esta bien, comprendo. Gracias de todas maneras. El hombre puso su brazo
sobre los hombros de la mujer y se fueron rumbo al callejón. Ella los
miraba alejarse y sintió mucho dolor en su corazón.

-Señor espere. -La pareja se detuvo, mientras ella corría hasta ellos.
-Por que no toman esta comida, puedo servirle otra cosa a mi invitado.
Dijo ella mientras le entregaba la bolsa del supermercado.

-Gracias. Muchas gracias, señorita.

-Si, Gracias… -Le dijo la mujer,
y Ruth pudo ver que estaba temblando de frío.
-Sabe, tengo otro abrigo en casa, tome este.
-Le dijo mientras se lo ponía sobre los hombros.

Ella regresó a casa sonriendo y sin su abrigo ni comida que ofrecer a su
invitado. Se estaba desanimando a medida que se acercaba a la puerta de
su casa, pensando que no tenía nada que ofrecer a su especial invitado.
Cuando metió la llave en la cerradura notó otro sobre en su buzón.

-Que raro. Usualmente, el cartero no viene dos veces el mismo día”.

Ella tomó el sobre y lo abrió:

Querida Ruth:
Fue muy agradable verte de nuevo. Gracias por la comida y gracias también
por el hermoso abrigo. Te quiere siempre, Jesús.

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