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Mundo Misionero Migrante

Afirman que las remesas de los hispanos son clave para el desarrollo regional

27 de enero de 2020

Los gobiernos de América Latina y el Caribe deben adoptar mayores medidas para potenciar el desarrollo a través de las remesas que, aunque no alivian la pobreza, tienen un impacto innegable en la región, según un análisis divulgado el 5 de diciembre.

El informe, realizado por el Diálogo Interamericano y el Instituto para el Estudio de la Migración Internacional, de la Universidad de Georgetown, detalla el impacto de las remesas y otras actividades “transnacionales” de los latinos, y, por primera vez, el uso que hacen del dinero los receptores en esos países.

“La meta es crear autosuficiencia a través de las remesas, porque éstas pueden contribuir a mejorar el acceso al crédito, el ahorro y las inversiones”, dijo Manuel Orozco, analista del Diálogo Interamericano y principal investigador del estudio.

El análisis, de 84 páginas, enfatiza que, además del envío de remesas, los inmigrantes también participan en el turismo, transporte, telecomunicaciones –mediante las llamadas telefónicas– y “comercio nostálgico” que, juntos, promueven el desarrollo económico regional.

El impacto de esas actividades “transnacionales” no es nada desdeñable, si se toma en cuenta lo que consumen los latinos cuando viajan a sus países y lo que compran para llevar de regreso a Estados Unidos.

Por ejemplo, los salvadoreños compran grandes cantidades de queso de producción nacional, o hasta el 10 por ciento de las exportaciones del país.

Los seis productos más codiciados son el ron, los cigarrillos, tamales, pan, té y queso, según el informe, que se apoya en datos obtenidos entre los latinos que viven en Estados Unidos procedentes de 12 países, y los que residen en ocho países de la región.

Los dominicanos radicados en Estados Unidos conforman el 20 por ciento del turismo en ese país caribeño, una industria que genera unos 3,000 millones de dólares anuales.

Mientras, el “comercio nostálgico” se manifiesta tanto en las largas colas de los salvadoreños que viajan por la aerolínea TACA, cargados de regalos, y los que regresan a Estados Unidos, cargados de tamales y “pollo campero”, citó Orozco para ilustrar la integración económica entre los latinos de Estados Unidos y el resto de los países.

Aun cuando los inmigrantes viven en la pobreza –como es el caso de una cuarta parte de los latinos en Estados Unidos–, éstos se las ingenian para enviar, en promedio, 2,500 dólares anuales, o el 15 por ciento de su ingreso total, según el informe.

“Es un mito que el pobre no ahorra, porque todo mundo guarda plata, y lo que muchas veces necesitan son oportunidades para invertir”, observó Orozco, cuyo estudio también analizó el impacto de los flujos migratorios intrarregionales.

“Los gobiernos deben crear incentivos en el sistema financiero” para los receptores de las remesas, señaló Orozco, tras considerar que las remesas no resuelven los problemas estructurales que obstaculizan el desarrollo en la región.

En 2004, el volumen de remesas enviadas por los latinos en Estados Unidos a sus países de origen alcanzó los 45,000 millones de dólares, y esa cifra récord podría ser superada este año.

El surgimiento paralelo de las organizaciones comunitarias o clubes de inmigrantes organizados, también son clave para potenciar el desarrollo en la región.

Según Orozco, el ejemplo lo ha dado México, que a través de su programa de iniciativa ciudadana “3 x 1”, apoya una amplia gama de proyectos sociales y económicos en ese país.

Más del 80 por ciento de las remesas se emplea para cubrir necesidades básicas. Casi la mitad de los latinoamericanos gana menos de 150 dólares mensuales, y las remesas son una muletilla importante para subsistir.

El desarrollo de un país se mide a partir de su nivel de educación, de salud, acceso a bienes y riqueza, y vivienda, y las remesas contribuyen en todas esas áreas.

En ese sentido, los expertos recomendaron que los gobiernos de la región adopten medidas para, entre otras cosas, reducir el costo de las remesas; incentivar el uso del sistema bancario; promover las inversiones y, sobre todo, buscar un mayor acercamiento con los latinoamericanos en el exterior.

Fuente/Autor: María Peña – EFE

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