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Familia

Yo: cubo, tú: esfera

27 de enero de 2020

Cuando una pareja de novios decide contraer matrimonio, generalmente está motivada, además del amor que siente uno por el otro, por una fuerte dosis de ilusión, deseo, anhelo de formar una familia, pero sobre todo, por la esperanza de ser felices juntos y para siempre.

Algunas de estas parejas dialogan, se conocen a fondo, intercambian ideas e ideales y tienen en común gustos y aficiones.

Estas parejas saben divertirse sanamente o ser serias cuando requieren serlo. Se respetan como personas valiosas y se admiran uno al otro.

Pero otras parejas no han tenido esa suerte y van al matrimonio sin conocerse realmente y hasta sin saber si su amor es verdadero y definitivo: desconocen lo que significa amar.

Algunos, muy pocos, se preparan para el matrimonio, se informan y se forman. Muchas veces, las expectativas de hombre y mujer respecto a su relación son muy distintas.

Sin embargo, la realidad con la que muchos se topan es la siguiente:

La mujer es esfera

En una conferencia sobre el matrimonio, definían la psicología femenina como si fuera una esfera.

Todo el mundo de las mujeres gira sobre un eje, que generalmente son su pareja y su familia. Todas sus esperanzas, su pensar y actuar las pone en ello, gira alrededor de ese eje; cuando éste no cumple sus expectativas le produce:

– Frustraciones.
– Sufrimiento.
– Desesperación.
– Decepciones.

La mujer tiende a cambiar su eje hacia una actividad, sólo hacia los hijos o hacia otra persona.

El hombre es cubo

En la misma conferencia, al hombre lo comparaban con un cubo, con todos sus lados iguales. Cada uno significa: esposa, hijos, trabajo, amigos, deportes y otras aficiones.

Todos los lados son importantes para él y difícilmente piensa que tenga necesidad de prescindir de uno para complacer a su pareja o para ser feliz.

Mejor cóncavo y convexo

Si tanto el hombre como la mujer conocen y aceptan su realidad, si admiten que a veces no pueden solos (por su particular geometría) y requieren de ayuda externa, podrán luchar, transformar o cambiar su situación.

Si todas las parejas entendiéramos estas diferencias y aprendiéramos a convivir con ellas, aceptándolas y buscando lo positivo de ello lo más temprano posible, nos evitaríamos dificultades y frustraciones, que llevan a algunos matrimonios a la soledad individual o al fracaso.

Todo esto nos lleva a pensar que en verdad la pareja es algo dispareja, pero así fuimos creados, hombre y mujer, diferentes; sin embargo, con paciencia, amor verdadero y deseo de superarse, se puede lograr la adaptación y pasar de esfera y cubo, a ser figuras cóncava y convexa, diferentes, a fin de cuentas, pero que embonan a la perfección.

Transformación geométrica

Es muy conveniente que los jóvenes, aparte de dialogar mucho para conocerse bien, cuando piensen en casarse, busquen asesoría y asistan a pláticas prematrimoniales, tomen cursos para que superen las diferentes situaciones que se les presentarán en años futuros y se preparen para el paso más importante de su vida.

Hay muchas reglas de oro que ayudarán a tener un matrimonio exitoso y que es conveniente que los que van a casarse conozcan (los que ya están casados también):

1. Cambiar en nosotros la idea de buscar que nuestra pareja nos haga felices, por la de: ¿Qué puedo hacer para que el otro sea feliz?

2. No luchar por que el otro cambie. En todo caso, tratar de cambiar uno mismo en lo que al otro le desagrade.

Muchas personas se pasan la mitad de su vida o su juventud tratando de cambiar a su pareja y todo lo que les rodea, viven en una constante frustración y sólo cuando se deciden a cambiar ellas, se dan cuenta que ésta era la solución.

3. Aprender a conocer y aceptar a la pareja tal como es, con sus cualidades (y amarle por ellas) y defectos (y amarle a pesar de ellos).

4. Amar es donación, si no hago a un lado mi egoísmo respecto a mi novio o a mi esposa, no le amo verdaderamente.

5. Hablar, dialogar… respetando las ideas de uno y de otro, sin tratar de imponer las propias a la fuerza. Debe de fomentarse el respeto mutuo.

6. Saber escuchar para que cada uno se sienta comprendido e importante para el otro. El sabernos escuchados nos invita a la apertura y a la confianza.

7. Saber reír juntos. Este es un elemento necesario en una relación, hacerse pequeñas bromas de buen gusto, contarse chistes. Una pareja que no sabe reír es una triste pareja.

8. Fomentar detalles entre ambos, aunque sean en apariencia insignificantes, son el alimento del amor.

9. En el aspecto sexual y dentro del respeto que debe existir en cada situación, debe fomentarse entre los esposos una generosidad total, el hacer feliz al otro, respetar la dignidad de cada uno, compartir, aclarar y, si hay dificultades, pedir asesoría y ayuda profesional, para superarlas.

10. Respetar en la pareja su estado de ánimo, cansancio, silencio, sueño, forma de pensar, etc.

11. No perder de vista nuestro rol. Ccada quién debe tomar en cuenta la opinión de su pareja para cualquier decisión importante y ante los demás darle su lugar (en el matrimonio, sobre todo ante los hijos).

12. Salir de vez en cuando solos a pasear o a cenar, y si es posible, viajar: romper con la rutina diaria, para platicar, compartir, reír.

13. Tener mutua confianza. Nada daña más una relación que las dudas y la desconfianza; no hay que darles cabida en la mente ni en el corazón, y si las llegara a haber, hablar juntos de ello con calma, no con reclamos ni gritos. Nunca hacer caso de chismes y habladurías.

El aprendizaje de la convivencia es diario y siempre hay que estar en pie de lucha para superarnos; es mejor ponerlo en práctica desde el principio de la vida en común.

Cada matrimonio que permanece unido y feliz tendrá muchos consejos que aportar de sus propias experiencias.

Podemos inventarnos algo nuevo diariamente para no caer en la monotonía y en la rutina. Podemos enamorarnos cada día, para decir con orgullo que no somos el cubo y la esfera, sino, más bien, dos figuras que se complementan.

Fuente/Autor: Ma. Guadalupe Gómez

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