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Editorial

Vivir el Adviento en Familia

27 de enero de 2020

Vivir el Adviento en familia

«El Adviento es un tiempo de preparación para el nacimiento de Jesús», contestaba un niño a su catequista ante la pregunta sobre el significado de esta palabra. «Pero, ¿qué tenemos que hacer para prepararnos?», continuaba cuestionando ella, a lo que su alumno respondió, un poco de memoria por lo ya escuchado varias veces en otras catequesis recibidas en la parroquia: «portarnos bien, ser obedientes, ayudar, no pelearnos…Esta escena se repite cada año en muchas parroquias, colegios… Los niños conocen bien la respuesta, sí, el que viene es Jesús, nació en Belén y esto lo celebramos los cristianos en la fiesta de la Navidad… pero, entonces, los que no son cristianos ¿qué están celebrando?
La alegría que desprenden los rostros de los niños cuando ven las calles de su ciudad llenas de luces, los escaparates repletos de adornos, es realmente contagiosa. Todo es un estallido de colores, suena música navideña por cada rincón, hasta parece que las personas que te saludan lo hacen con más ilusión. En la televisión los anuncios te invitan a comprar ese magnífico perfume que sería ideal para atraer más a tu pareja, ese último iPod, iPod o juego para la consola que ha salido nuevo, una Tablet porque hay que estar a lo último y un sin fin de juguetes que a los niños vuelven locos. Es tiempo de hacer regalos a los seres más queridos y de organizar comidas de empresas para convivir de “otra forma” con los compañeros de trabajo (pero sin el cónyuge, por favor), es momento de reconciliarse con los familiares o amigos más alejados, de preparar la cena de Noche Buena… hay que darse prisa por hacer las compras necesarias para que todo quede perfecto. ¡Ah! y que no se olvide un buen vino y champán.

Así es como muchas personas se preparan en Adviento para acoger y celebrar el acontecimiento que ha revolucionado el mundo, el más importante para el ser humano: «Dios mismo no ha querido ser un Dios lejano, sino que se ha hecho hombre, nacido de una mujer que dijo sí a la voluntad del Altísimo». Es maravilloso todo esto de los adornos, los villancicos y las reuniones familiares, pero lo que los cristianos no podemos nunca olvidar es el verdadero sentido de esta fiesta y es nuestra responsabilidad como adultos, padres, educadores, religiosos… saber transmitírselo a nuestros pequeños, los más vulnerables ante este bombardeo materialista y que serán los hombres y mujeres que en un futuro intervendrán de una manera u otra en el desarrollo de esta sociedad.
La familia es sin duda el lugar idóneo para que ellos vean algo diferente a lo que tienen a su alrededor, para que reciban el don de la fe como el mejor regalo que cada año les pueden hacer los Reyes Magos. Es el corazón el que, en primer lugar, tanto los niños como los adultos debemos estar dispuestos a preparar. Para ello los padres deben aprovechar cualquier ocasión para recordarles que ahí dentro es donde nacerá Jesús, y es por ello que debe encontrar un pesebre limpio de pecados, sin rencillas con los hermanos, sin mentiras, un corazón muy grande para amar a todos.
Por supuesto la casa debe de prepararse también, pues es una gran fiesta, y como tal, merece que se engalane como la ocasión se merece: con los mejores adornos que tengamos, incluso se pueden divertir mucho si los fabrican ellos mismos. Es una ocasión idónea para ir explicando a los niños el significado y origen de éstos: la corona de Adviento con sus hojas de pino, las 4 velas, cada Domingo se puede reunir la familia en torno a ella, hacer una oración y encender una vela, aunque ya en la misa se vea nuevamente realizado por el sacerdote. También podemos ir preparando el árbol de Navidad con sus distintos elementos, y por supuesto, el portal de Belén que no puede faltar en un hogar cristiano. Esto les encanta: poner ovejitas, el río, los pastorcillos… aprovechando para contarles relatos, leerles textos bíblicos y de esta manera ir introduciéndoles en el verdadero significado de la fiesta que estamos esperando (sin el niño Jesús, claro, pues aún no ha nacido).

Rezar en familia es algo muy enriquecedor y necesario siempre, pero sobre todo en estas fechas. Ayuda a todos a disponer el corazón compartiendo también experiencias, dudas, aprovechando para reconciliarse unos con otros y haciéndoles ver a los pequeños (y no tan pequeños) que la familia se mantiene unida gracias al amor de Jesucristo que está en medio de ella, pues cada uno tiene sus debilidades y pecados y es por lo que este mundo necesita de Jesús que pronto nacerá. Proponer también algún pequeño sacrificio como el no ver determinados dibujos de la tele para ofrecerlo por los más necesitados, ser más amable con los hermanos, ayudar más en casa, esforzarse en los estudios… les ayuda a mantener el interior en una constante alerta ante el acontecimiento que se avecina.

No podemos olvidarnos de la Virgen Maria, es ella la que espera con más ansias e ilusión a que nazca Jesús, pues es su hijo, al que lleva en su seno… rezarle un rosario con los hijos es algo que seguro le agradaría mucho. Si los niños son aún pequeños, se les puede iniciar con “los misterios gozosos” muy propios de este tiempo litúrgico.

También se pueden conseguir cuentos propios de este tiempo, tanto en librerías como en páginas web.

La fe es sin duda el mejor regalo que se puede dar, pero ¿saben acaso qué es eso? Pues los más pequeños seguramente no, pero lo repetirán una y otra vez como lo más normal del mundo si lo escuchan al resto de su familia, ya lo entenderán, ya sabrán qué es; y los mayorcitos, estarán cada vez más capacitados para ir descubriendo, con ayuda de los adultos, qué es eso para su vida, esa confianza en el Señor.

A los niños se les han de decir las cosas claras para que no vivan en la ignorancia, pues de otra manera llegarán a creer que el Adviento es lo que en muchos colegios o amigos pueden oír: diversión, ir pensando en los muchos regalos que se van a pedir y comer muchos dulces. Inculcarles algo contrario a lo que viven casi diariamente, el materialismo y consumismo que nos rodea, parece tarea difícil, pero no imposible. Sólo educándoles en la precariedad en este sentido, en no desear más que lo necesario, en saber compartir con los más desfavorecidos y acercarles en la medida de lo posible a esa otra realidad, les podremos ayudar a vivir la vida y en concreto, el Adviento, de una manera diferente (bueno, y también soportando muchas quejas, cabreos y comparaciones con lo que otros sí tienen y ellos aún no).

Muchos niños ya no hacen carta a los Reyes Magos, pues se impone una vez más lo de fuera que lo propio de nuestras raíces; y Papa Noel y Santa Claus han ganado mucho terreno. Es importante que sepan el origen de unos y otros, sin menospreciar las costumbres de los países de donde proceden pero sí haciéndoles ver que, en definitiva, Papa Noel no fue al portal a ver al niño Jesús a llevarle regalos, principalmente, porque no existió (San Nicolás sí fue real). Que no pierdan nunca la ilusión y la fe en los Reyes Magos es algo fantástico, que se crean que realmente lo que se les pide tienen el poder de concederlo. Yo aún les escribo una carta todos los años y nunca me han fallado…

La familia es el lugar donde se transmiten la fe y los valores cristianos. No debemos dejar esta tarea sólo a educadores o catequistas, sino que ha de haber una armonía entre ambos, pues si en casa no se vive con alegría esa experiencia de que Jesús viene a traernos la salvación y la felicidad, no creamos que le va a dejar mucha huella lo que escuche en clase de religión (hora y media a la semana), pues el ambiente de alrededor seguramente lo acabe cegando. Es tarea y responsabilidad de todos pero, principalmente, de los padres y todos aquellos familiares que juntos hacen una magnífica Iglesia doméstica.

Muchas son las cosas que en familia se pueden hacer para un tiempo de preparación, de sólo hay que tener siempre presente a Jesús, a María, su madre y madre nuestra y mucha, mucha ilusión.

¡Feliz Adviento!

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