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Mundo Misionero Migrante

Viven pesadilla

27 de enero de 2020

TIJUANA

Indocumentadas desean cruzar la frontera para ver a sus hijos que dejaron en EU; polleros abusan al cobrarles hasta tres mil dólares para pasarlas.

Mari Paz Ortega Rosales, de 42 años, ha intentado cruzar sin suerte tres veces de forma ilegal a Estados Unidos.

Su sueño americano no es ir a trabajar, ganar dinero y vivir con comodidades; su deseo sólo es ver a su hijo, a quien hace seis años despidió en su natal Hidalgo y desde entonces no ha visto.

“Hace unos meses hablé por teléfono con mi hijo, me dijo que no se sentía bien, que había bajado de peso y que se sentía muy cansado. Después volví a hablar con él y me dijo que lo había visto un médico y que sólo era estrés. Mi hijo trabaja de 12 a 14 horas en una fábrica en Houston”, explicó Ortega Rosales.

Haciendo caso a ese sexto sentido que tienen las mujeres y que se agudiza con la maternidad, Mari Paz no creyó que su hijo estuviera del todo bien y decidió hacer la odisea de los inmigrantes.

El 1 de junio pasado llegó a Tijuana y ese mismo día, junto con un grupo de migrantes, intentó cruzar ilegalmente por la colonia Libertad; apenas brincó el cerco metálico fue detenida por agentes de inmigración estadounidenses.

La segunda vez fue cuatro días después en esa misma zona, pero cuando saltó el muro cayó mal y se torció su tobillo izquierdo, al momento de correr no pudo y se quedó tirada en la tierra.

Diez días después, todavía no repuesta de su lesión, pagó un “coyote” (traficante de ilegales) para que la cruzara en la cajuela de un automóvil. Sin embargo en la Garita Internacional fue descubierta y de nuevo expatriada.

A pesar de esos intentos fallidos para cruzar como ilegal a Estados Unidos, de su lesión aún no sanada y del récord que ya la agencia de inmigración norteamericana tiene de ella, asegura que volverá a intentarlo.

SE APROVECHAN DE ELLAS

Otras 100 mujeres que atiende el Instituto para mujeres migrantes “Centro Madre Assunta”, han intentado ingresar clandestinamente a la Unión Americana hasta ocho veces.

“Ellas tiene la opción de quedarse 15 días en la casa (Madre Assunta), pero casi ninguna se queda todo el tiempo; la experiencia que tenemos es que intentan varias veces cruzar a Estados Unidos. Está muy difícil el cruce pero muchas lo logran de diversas maneras.

“Es lo que siempre hemos repetido con las medidas de seguridad que impuso recién Estados Unidos, su ganancia no será evitar el cruce, los migrantes intentan una y otra vez cruzar y lo logran de diversas maneras, ya sea por Tijuana, Tecate o Sonora. Lo único que está logrando Estados Unidos es hacer ricos a los traficantes de ilegales”, dijo Mari Galván, trabajadora social del Instituto para Mujeres Migrantes.

Según los testimonios recogidos por la oficina del Centro “Madre Assunta”, desde que comenzaron las duras medidas de seguridad en la frontera de Estados Unidos con México los “coyotes” o “polleros” subieron sus cuotas.

De cobrar entre mil y mil 500 dólares por persona, ahora están cobrando entre 3 mil 200 y 3 mil 500 dólares, informó Galván.

“Es raro el migrante que se regresa, que se resigna a no cruzar”, comentó. “Lo intenta hasta que lo logra por todas la vías, por las montañas o incluso por la línea, muchas hablan de que los ‘coyotes’ les dicen que tienen comprados a agentes de migración”.

QUIEREN VER A SUS HIJOS

Este aferrarse a cruzar no responde en las mujeres migrantes a perseguir “sueños americanos”; más que nada es encontrarse con familiares directos, en su mayoría con sus hijos.

Desde que comenzaron las medidas de seguridad en la frontera estadounidense este año, el Centro “Madre Assunta” ha tenido en promedio 50 mujeres deportadas por mes, todas con algún familiar directo que se quedó en Estados Unidos, cuando en 2005 tuvieron 15 mujeres expatriadas mensualmente.

El drama de la separación de estas mujeres de sus hijos, padres o esposos, es lo que las impulsa a intentar una y otra vez ingresar de manera ilegal a la Unión Americana.

“Hay algunas mujeres a quienes les decimos que si ya las deportaron a ellas que manden por sus hijos, pero la experiencia nos ha dicho que de los hijos que nacieron y crecieron en Estados Unidos y regresan a México se sienten inadaptados. Es muy difícil su situación”, agregó Mari Galván.

De acuerdo a las estadísticas del Instituto para Mujeres Migrantes, al menos 30 mujeres de las 100 que buscan asilo mensualmente en este centro llegan con uno ó dos hijos.

Estas 30 mujeres intentan cruzar junto con sus hijos.

Allá los esperan sus esposos, otros hijos u otros parientes. Es en la temporada de verano cuando más familias buscan cruzar hacia Estados Unidos de manera clandestina.

Fuente/Autor: Omar Millán González/Diario de San Diego

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