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Una experiencia realista del perdón

27 de enero de 2020

Directrices para vivir una experiencia de perdón

1. Lo esencial de la experiencia va a consistir en seguir atentamente los movimientos de tu corazón, aprender cosas sobre ti y aceptarte tal como eres en esta etapa de tu trayectoria personal. En primer lugar, evita forzarte a perdonar a cualquier precio. Es posible que el perdón llegue pronto a tu corazón como un fruto maduro, y eso es lo mejor. También es posible que sientas que tu corazón se cierra a la compasión, y eso también está bien. Acepta cualquier movimiento interior de la naturaleza que sea. Por decidido que estés a prestarte a la experiencia, tómate la libertad de suspenderla en cuanto necesites hacerlo.

2. Para este ejercicio, te aconsejo que elijas una ofensa menor. Del mismo modo que en los primeros ejercicios de preparación física no te atreves a levantar pesos de cincuenta kilos ni a correr el maratón, así ocurre con el perdón. Por tanto, no empieces queriendo perdonar ofensas graves.

3. Si piensas repetirla, graba la meditación en una cinta. Te ayudará a concentrarte mejor.

4. Al finalizar la meditación, resultaría muy útil que redactases tus impresiones, y aún sería mejor que las compartieras con un compañero, porque podría ayudarte a profundizar en tu reflexión.

5. La meditación dura entre 20 y 30 minutos. Para facilitar su desarrollo, elimina todo lo que pueda distraerte, como el teléfono, por ejemplo. Adopta una postura cómoda, preferentemente sentado, con los pies en el suelo y los ojos cerrados.

Desarrollo de la meditación

Tómate tiempo para entrar en contacto contigo mismo.
Poco a poco, vete centrando tu atención en los movimientos de tu corazón. Percibe sus latidos y su calor.
Después, hazte estas preguntas: “¿Qué representa el perdón para mí?; ¿qué nueva calidad de vida podría proporcionarme?”.
Recuerda una experiencia positiva en la que tú hayas sido perdonado. Tómate tiempo para saborear la alegría de ese perdón.
Imagínate un mundo hecho de relaciones felices y de perdón.
Ahora, deja aflorar en ti el recuerdo de la persona con la que estas resentido. Mírala. Óyela. Sigue sintiendo lo que experimentas de verdad.
Con mucha atención a tu vivencia y delicadeza hacia ti, deja que se aproxime esa persona que habías expulsado de tu corazón.
Toma conciencia de los bloqueos que pueden producirse en ti en este momento. Deja emerger las emociones y los sentimientos que te animan. Tómate tiempo para identificarlos bien y aceptarlos.
Si tus emociones son demasiado fuertes, no sigas. Tómate tiempo para digerirlas y asimilarlas antes de continuar.
Si te sientes bien, sigue dejando aproximarse a la persona que quieres perdonar. Continúa observando lo que pasa en ti.
Cuando te sientas preparado, déjala entrar en tu corazón. Susúrrale: “Te perdono”. Dirígete a su corazón y, con tus propias palabras, a tu manera, repítele suavemente: “Te perdono todo lo que me has hecho en el pasado, de manera deliberada o no, y lo que me ha hecho daño o me ha perjudicado: tus palabras, tus gestos o incluso tus pensamientos. Te perdono; te perdono…”.
Toma conciencia de hasta qué punto esa persona está sufriendo y se siente asustada y herida.
Dale tiempo para recibir tu perdón y sentirse conmovida por él.
¡Es tan emocionante, tan sublime y tan reconfortante ver cómo dos corazones se encuentran en el respeto y la paz!
Descubrirás que para ti la ofensa ha concluido, ha quedado zanjada, que ya no influye en ti. Lo que podía quedar de resentimiento se borra con el perdón, porque vuestros corazones se han encontrado y reconocido con gran simpatía.
Sí, con el perdón, todo acabó.
Luego, con tu bendición, déjale marcharse como una persona liberada, transformada, rejuvenecida por tu perdón. Déjale seguir su camino, deseándole la mayor felicidad posible.
Date tiempo para saborear la curación. Agradece a Dios que te haya concedido esta gracia.

Epílogo a la meditación

Concédete un momento de reflexión para recoger los frutos, ya sea compartiéndolos con alguien, o anotando tus impresiones. Para ello, podrán serte útiles las siguientes preguntas:
¿Qué has vivido durante la meditación?
Si te sientes liberado, felicítate y celebra este perdón.
Si has encontrado obstáculos, felicítate por tu valor y tómate tiempo para identificarlos bien.
¿Qué sigue bloqueado en ti? Tómate tiempo para aceptarte con ese bloqueo.
¿Qué necesitarías para eliminar este o estos bloqueos? ¿Qué tendrías que hacer para progresar en el perdón?

Fuente/Autor: Reflejos de Luz

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