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UN MÁRTIR POR CADA DÍA
01/27/2020
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UN MÁRTIR POR CADA DÍA

27 de enero de 2020

Esta semana vamos presentando a los 13 Mártires Mexicanos, que van a ser Batificados el Domingo 20 de Noviembre, Fiesta de Cristo Rey, en el estadio Jalisco de Guadalajara, Jal.

José Luciano Ezequiel Huerta Gutiérrez

Nació en Magdalena, Jal., el 6 de enero de 1876.
Laico casado, cantor y organista de profesión.
Fue martirizado en Guadalajara, Jal., el 3 de abril de 1927.

Esposo y padre ejemplar de numerosa prole, fue poseedor de una magnífica y bien cultivada voz de tenor dramático, gracias a la cual asistía a los oficios litúrgicos con bastante lucimiento y decoro. Muy devoto de la Sagrada Eucaristía, comulgaba con frecuencia. Muy caritativo, compartía sus bienes entre los necesitados.

Fue aprehendido la mañana del 2 de abril de 1927; tenía dos hermanos presbíteros, Eduardo y José Refugio, los cuales eran muy respetados en Guadalajara. Cuando fue hecho prisionero, acababa de visitar la capilla ardiente donde era velado el cadáver del líder católico Anacleto González Flores. En los calabozos de la Inspección de Policía, lo torturaron hasta hacerlo perder el conocimiento. Cuando volvió en sí, expresó sus lamentos cantando el himno eucarístico: “Que viva mi Cristo, que viva mi Rey”.

La madrugada del día siguiente, 3 de abril, fue trasladado, junto con su hermano, al cementerio municipal; se formó el cuadro para la ejecución; había llegado la hora. Ezequiel dijo a su hermano Salvador: Los perdonamos, ¿verdad? Sí, y que nuestra sangre sirva para la salvación de muchos, repuso el interpelado; una descarga de fusilería cortó el diálogo. Muy cerca de ese lugar, la esposa de Ezequiel escuchó los disparos; ignoraba quienes eran las víctimas; con todo, reunió a su numerosa prole: Hijitos, vamos rezando el rosario, por esos pobres que acaban de fusilar.

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J. Salvador Huerta Gutiérrez

Nació en Magdalena, Jal., el 18 de marzo de 1880.
Laico casado, mecánico tornero de oficio.
Fue martirizado en Guadalajara, Jal., el 3 de abril de 1927.

Mecánico por vocación, se dedicó a este oficio, llegando a ser uno de los más competentes de Guadalajara. Amante de Jesús Sacramentado, participaba todos los días de la Eucaristía y adoraba, con la frecuencia, el Sagrado Depósito. Su conducta como hijo, como esposo y padre fue siempre ejemplar. Poseía una particular intuición ante el peligro, al que se enfrentaba con singular fortaleza.

Al comenzar el año de 1927 la situación religiosa se tornó imposible para los católicos. Se perseguía sin tregua a los clérigos por considerárseles instigadores de la resistencia armada. El 2 de abril de 1927, consumado el asesinato de Anacleto González y sus tres compañeros, acudió al cementerio a despedir los restos del conocido líder.

De regresó a su taller, lo esperaban agentes de la policía, quienes valiéndose de un ardid, lo arrestaron. En la Inspección General comenzó un crudísimo tormento; lo colgaron de los dedos pulgares; querían los verdugos conocer el paradero de los presbíteros Eduardo y José Refugio. Exánime lo tiraron en un calabozo.

En las primeras horas del día siguiente, 3 de abril, lo condujeron, junto con su hermano Ezequiel, al panteón de Mezquitán. Ante el pelotón de fusilamiento, pidió una vela encendida, iluminando su pecho descubierto: ¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!; disparen; muero por Dios, que lo amo mucho.

Fuente/Autor: CEM – Conferencia Episcopal Mexicana

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