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Mundo Misionero Migrante

Su odisea, en las manos de Dios

27 de enero de 2020

CIUDAD IXTEPEC, Oax.— Al guatemalteco Antonio Medina no le importó cumplir 27 años, el pasado 12 de agosto, tratando de cubrirse durante un fuerte aguacero entre las matas de espinos que crecen a las orillas de las vías del tren. “Al menos recibí la felicitación de mi hermana Catalina”, dice.
Antonio y Catalina llegaron un día antes al refugio de migrantes de Ixtepec, un entronque ferroviario a 350 kilómetros de la frontera con Guatemala, luego de caminar durante cinco días desde desde Arriaga, Chiapas. “Lo bueno es que ya vamos camino al reencuentro con nuestros hermano”, dice Antonio.

El destino de los hermanos es Miami, aunque aún quedan cientos de kilómetros por recorrer de territorio mexicano hasta la frontera con Estados Unidos, sobre una ruta plagada de ladrones, víboras, tarántulas y lagartos. “Allá nos esperan nuestros cinco hermanos que no veo desde hace cinco años”, dice, tímida, Catalina.

Ambos sostienen entre sus manos, como preciado tesoro, sus respectivas mochilas en las que guardan sus escasas prendas y diminutas fotografías de la ciudad de Guatemala. “Por la pobreza nuestra familia se desintegró hace seis años. De uno en uno nuestros hermanos se fueron a Miami. Yo trabajé allá como chofer pero vine a ver a mis hijos y a llevarme a mi hermana”, dice Antonio.

Catalina es la hermana menor; cumplirá 23 años en octubre y dice estar ansiosa por cruzar la frontera norte de México y llegar a Miami. “Sueño con trabajar allá, como mis hermanos que ganan 500 dólares a la semana”, añade la guatemalteca.

Junto a ellos, el nicaragüense Marvin Noel Gómez escucha en silencio. A una pregunta, parpadea y responde: “Nos conocimos en Arriaga y decidimos caminar los tres juntos”, y agrega que tiene dos poderosas motivaciones para sortear peligros: “En Miami está mi hermano y quiero trabajar allá para ayudar a mi mamá”, establece.

Al llegar al refugio a los tres les proporcionaron medicamentos para calmarles un fuerte dolor de cabeza generado por el excesivo cansancio y esperan el tren que los lleve a Medias Aguas, Veracruz, a unos 150 kilómetros de Ixtepec. Antonio muestra una enorme cicatriz en el vientre. “La MS 13 (Mara Salvatrucha) me pegó un balazo hace 11 años”, dice, mientras su hermana aclara que fue por defender a un joven que era golpeado por los pandilleros.

Mientras la lluvia arrecia se agregan al grupo los hermanos salvadoreños José y Vicente Salvador, acompañados de Modesto Acosta, que dicen van a Houston, “de la mano de Dios”.

Fuente/Autor: ALBERTO LÓPEZ MORALES/CORRESPONSAL/El Universal

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