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Son Indocumentados pero pueden trabajar sin que la ley los persiga

27 de enero de 2020

Son Indocumentados pero Pueden Trabajar sin que la Ley los Persiga.

Con tan sólo 20 años de edad, Carla Chavarría dirige un próspero negocio de diseño gráfico, lanzando campañas mediáticas y de marcas para organizaciones nacionales.

Algunos de sus proyectos son tan grandes que tiene que contratar empleados.

No obstante, Chavarría tiene que tomar autobuses para encontrarse con clientes en todo Phoenix debido a que Arizona no le otorga licencia de conducir.

El estado considera que Chavarría se encuentra ilegalmente en el país, a pesar de que hace poco obtuvo la suspensión por dos años de una deportación gracias al programa de acción diferida implementado por el gobierno de Obama.

Quizá no maneje, pero, lo mismo que miles de otras personas jóvenes que ingresaron ilegalmente al páis, Chavarría ha encontrado la manera de ganarse la vida sin quebrantar las leyes.

Si bien las leyes federales prohíben a los patrones contratar a alguien que resida en forma ilegal en el país, ninguna ley prohíbe que alguien así inicie un negocio o se convierta en contratista independiente.

En consecuencia, algunos inmigrantes jóvenes están formando compañías de responsabilidad limitada o comenzando carreras tipo “freelance” –proporcionando incluso empleos a ciudadanos estadunidenses– mientras las perspectivas de una reforma inmigratoria avanzan con lentitud en el Congreso.

Desde 1986, cuando como parte de la reforma inmigratoria que firmó el presidente Reagan entraron en vigor las sanciones a los patrones, crear una empresa o volverse contratista independiente ha constituido un medio para que quienes se encuentran ilegalmente en el país trabajen por contrato y evadan las detenciones inmigratorias.

Pero los organizadores que ayudan a los inmigrantes dicen que en años recientes la idea ha adoptado una vida nueva, a menudo entre los jóvenes con conocimientos en alta tecnología que llegaron de manera ilegal al país o que se quedaron una vez que vencieron sus visas.

Chavarría, quien tenía siete años cuando desde México cruzó hacia Arizona con su mamá, dijo que desde pequeña sus padres le dijeron que en su nuevo país adoptivo cualquier cosa era posible.

“De niños nos enseñaron que ésta es la tierra de la oportunidad”, explicó.

“Me dijeron, ‘puedes ser cualquier cosa que quieras si trabajas mucho, si eres buena persona, obedeces a tus padres y vas a la escuela'”.

Pero cuando se graduó de la preparatoria en Phoenix, Chavarría descubrió que su falta de estatus legal representaba un obstáculo para que se convirtiera en diseñadora gráfica. Aunque ganó una beca, no podía permitirse tomar solamente dos clases a la vez en el Colegio Comunitario de Scottdale porque no estaba dispuesta a trabajar con documentos falsos para pagarse la escuela.

En el 2010 el Congreso asestó un golpe más a Chavarría al no aprobar el decreto Dream Act, el cual hubiera otorgado una vía para la legalización de los adultos jóvenes que fueron traídos ilegalmente siendo niños al país.

Al año siguiente, habiéndose involucrado más en la Coalición Dream Act, Chavarría descubrió un medio para vender sus diseños a otros sin temor a las repercusiones.

¿Cómo es esto posible? A pesar de que el tema es complejo, la respuesta yace en la forma en que la ley laboral define a los trabajadores, dijo Muzaffar Chishti, experto en la intersección de la mano de obra y las leyes de inmigración en el Instituto de Política Migratoria.

Por ejemplo, a menudo los trabajadores tienen horarios fijos y usan equipo que brinda el patrón.

Los contratistas independientes establecen sus propios horarios, reciben percepciones por proyecto al presentar facturas y usan sus propias herramientas.

Además, las leyes de inmigración no obligan a quien contrata a quien trabaja por su cuenta a verificar el estado legal de dicha persona.

Durante un taller organizado por activistas a favor de los derechos de los inmigrantes, Chavarría aprendió estas complejidades de la ley inmigratoria -y cómo registrarse como empresa de responsabilidad limitada.

“No sabía que fuera posible”, dijo Chavarría. “Y no fue muy difícil”.

Resultó tan sencillo como bajar de Internet las formas, abrir una cuenta bancaria y presentar al gobierno estatal los papeles junto con la cuota de 50 dólares.

No hacía falta prueba de ciudadanía. Las regulaciones varían, pero en otras entidades existen trámites similares.

En California, la cuota es ligeramente más alta y existe un impuesto anual mínimo de 800 dólares, pero el trámite es similar al de Arizona.

No está claro cuántos emprendedores como Chavarría existen.

Los expertos en inmigración dicen que la evidencia anecdótica sugiere que en años recientes ha aumentado el interés en dichos negocios al tiempo que crece el número de estados que adoptan leyes inmigratorias más severas. Pero los estudios al respecto son escasos.

Fonte: http://diario.mx/Estados_Unidos/2013-09-16_8b1d1130/son-indocumentados-pero-pueden-trabajar-sin-que-la-ley-los-persiga/

Martes 17 de Septiembre de 2013 07:17

Fuente/Autor: Escrito por Cindy Carcamo

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