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Señor, quiero ser…

27 de enero de 2020

Señor, quiero ser tus manos… quiero cargar con el peso de otros, dar abrazos, llevar de la mano a los que se pierden en el camino, conducir mi coche hasta donde otros no quieren ir, cocinar para los que no tienen comida,… Quiero ser tu Cirineo.

Padre, quiero ser tus labios… besar a los que todos rechazan, hablar por los mudos, denunciar por los que no tienen voz…. por los que no se atreven,… enseñar a los que no saben, dar palabras de aliento a los que creen que ya no pueden dar un paso más…

Señor, quiero tener un corazón grande para amar a los repudiados, a los rechazados, a los oprimidos, a los perseguidos y a los que nos persiguen, porque no podemos olvidar que ya nos lo avisaste…: y sereis perseguidos por causa de mi nombre, y aborrecidos, incomprendidos, rechazados… Pero se que si por tu causa me desprecia el mundo, tus palabras me dicen: alégrate, regocíjate,… y yo lo hago.

Dame Señor un corazón fuerte, a pesar de nuestra juventud, para querer a los que nos rechazan y nos persiguen, para amarlos, para comprenderlos,… para no renunciar a Tu camino por ser aceptados, para no negar Tu nombre.

Sabes que nos toman por locos Padre, nos toman por locos los que no nos conocen, los que no viven lo que nosotros vivimos por hacer Tu voluntad, los que no creen, los que no saben,… también nos toman por locos nuestras familias, nuestros amigos, nuestros compañeros, novios, conocidos,… pero yo estoy segura de que si es por Tu locura, sí quiero serlo… porque nuestra locura en la Tierra no es más que Tu Palabra en el Reino.

Por eso te doy las gracias hoy… porque me haces darle a la vida un valor que para otros no tiene… porque la sonrisa de un niño o la imagen de Tu Madre por las iglesias o las calles de mi ciudad significan muchísimo para mi… cuando para otros no son nada. Porque te veo ahí inmóvil… pero se que no lo estás… se que en mi corazón lates Tú; en mi sonrisa, ríes Tú; en mis palabras, ahí estás,… en los besos que doy,… en las personas que hoy ya no vemos, ya vivieron y te llevaste a ese trocito de cielo desde nos cuidan… y en las personas que se cruzan en mi camino. En ellas, estas Tú. Por ellos te doy gracias, Padre, porque me caigo, y siempre hay una mano que me levanta, me río, vivo, amo,… y escucho en la boca de mi amigos, de mi familia y de los niños, esos “te quiero” que nos hacen ver que todo merece la pena. Porque se que, aunque lo vea todo negro, nunca estoy sola.

Y los niños, Padre, porque también se que me pusiste en su camino para dar todo lo mejor de mi, en los patios de recreo, bajo los 40º de los meses de julio o cada fin de semana… cuando hay niños, ahí estás Tú… ayudándome en la misión que nos has dado… Porque nunca me pides cosas imposibles… ¿qué es imposible para tantos corazones inquietos ayudados por un Padre tan grande?

Gracias Padre, por ser mi luz y mi paz, por hacerme feliz haciendo Tu Voluntad, y por haberme escuchando hoy, igual que lo haces siempre.

Padre yo sí,… yo creo en Ti.

Fuente/Autor: Lucía Vahí

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