“Hay que hacer el bien, todo el bien posible, y hacerlo de la mejor manera posible”.

Beato Scalabrini
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Testimonios

SAN MAXIMILIANO MARÍA KOLBE 1894-1941

27 de enero de 2020

14 de Agosto

San Maximiliano Kolbe nació el 1894 en Zduska-Wola, en la Polonia central. Tenía gran devoción a la Virgen, se le llamará el Caballero de la Inmaculada. Todos los años peregrinaba a Czestochowa, donde se venera la Virgen negra de Jasna Gora, la dulce Patrona de Polonia.

Vistió el hábito franciscano en Lwow. Estudió en Cracovia y en Roma.
En Roma fue ordenado sacerdote y dijo su Primera Misa en San Andrea delle Fratte, en el altar de la Conversión, donde la Virgen María se apareció al hebreo convertido Alfonso Maía Ratisbona.

Vuelto a Polonia, une una gran actividad a una profunda vida interior. La devoción mariana impregnaba su vida. “¡Todo por la Inmaculada!”, decía. Funda la Milicia de la Inmaculada, que se extiende mucho. Edita el periódico El Caballero de la Inmaculada. Y adquiere tal volumen que construye un gran complejo, cerca de Varsovia, en Niepokalanow “La Ciudad de la Inmaculada”, para facilitar la difusión.
Cuando más tarde, pasé varios años como misionero en Japón, creará allí estas mismas empresas.

El P. Kolbe estaba ya maduro para los planes de Dios… Su libertad apostólica molestaba a los nazis que ocupaban Polonia desde 1939. El P. Kolbe es detenido y recorre varios campos de concentración. El 28 de mayo de 1941 es trasladado a Auschwitz (en polaco, Oswiecim), a 60 kilómetros de Cracovia. En la triste lista de Dachau, Buchenwald, Treblinka, Mathausen, Bergen-Belsen… Auschwitz pasaba por ser el más terrible de los lager nazis. Fue llamado el Campo de la Muerte, y, según el Papa Juan Pablo II “el gran Gólgota del mundo contemporáneo”.

A finales de junio de 1941 se fugó un presidiario. La fuga se castigaba con la muerte de diez compañeros en “el bunker del hambre”. El jefe de campo, Fritsch, los coloca en filas. Diez pagarán con su muerte la evasión. Señala uno de cada fila. El n.° 5.659, Francisco Gajowniczek, exclamó: “¡Ay! ¿Qué será ahora de mi mujer y de mis hijos?”.
El P. Kolbe no lo dudó. Se le había presentado el momento cumbre de su vida. Pasar de las palabras a las obras. Dar la vida por el hermano. Dio un paso al frente, que sería irreversible. Ante el pasmo de todos, se cuadra ante Fritsch y dice: “Me ofrezco para morir a cambio de ese padre de familia. Soy sacerdote católico”. Fritsch da su conformidad – para él el hombre no era más que un número – y ordena el cambio del 5.659 por el 16.670, que era el n.° del P. Kolbe. Un escalofrío les conmocionó a todos.
El guardia que les encerró, les dijo sarcásticamente: “Ahí os marchitaréis como tulipanes”. Sólo la presencia voluntaria del P. Kolbe, dulce y alentadora, representaba algún alivio en el bunker de la muerte. Rezaba con ellos, entonaba salmos, les confortaba y preparaba a bien morir.

Después de tres semanas habían muerto ya todos. Menos el P. Kolbe, que seguía vivo, apoyado en la pared y musitando oraciones. Pero su presencia les estorbaba. El día 14 de agosto, el enfermero le inyectó una dosis de ácido muriático para acelerar la muerte. Y fue al cielo, a celebrar la Asunción.

Pablo VI beatificó al P. Kolbe en 1971. Hubo en la beatificación un testigo de excepción: el exsargento Francisco Gajowniczek, por quien el nuevo Beato había realizado el acto supremo de ofrecer su vida.

El P. Kolbe fue canonizado por Juan Pablo II el 10 de octubre de 1982.

Fuente/Autor: Redacción

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