“No hay alegría más pura y más santa que en el atenderse unos a otros, comunicarse unos con otros”.

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Editorial

San Carlos Borromeo

27 de enero de 2020

(Arona, actual Italia, 1538-Milán, 1584) Cardenal y arzobispo de Milán.

Nacido en el seno de una familia noble -su madre era Margarita de Médicis, hermana del papa Pío IV-, estudió latín en Milán y en 1522 pasó a la Universidad de Pavía, donde en 1559 obtuvo el grado de doctor en derecho civil y derecho canónico.

Un año después, su tío, el papa Pío IV, le llamó a Roma para que fuera su secretario y administrador de los Estados Pontificios.

El mismo año, cuando sólo contaba veintidós, fue nombrado cardenal y protector de Portugal, los Países Bajos y los cantones católicos de Suiza, así como de varias órdenes religiosas. Desde su posición en la Iglesia combatió activamente la Reforma y promovió las ideas establecidas en el entonces reciente concilio de Trento (1545-1563).

Carlos Borromeo se había hecho cargo también de su familia tras la muerte de su padre, y cuando falleció su hermano (1562) dudó entre casarse para dar descendencia a su estirpe o proseguir la carrera religiosa.

Finalmente se decidió por la segunda opción y se dedicó plenamente a la tarea emprendida por la Contrarreforma: promovió cambios en los libros litúrgicos y la música religiosa (él mismo tocaba el laúd y el violoncelo como aficionado), y con este fin encargó la Misa del papa Marcelo. Además, envió a Milán a treinta jesuitas para consolidar la Contrarreforma y adoptó medidas encaminadas a reformar la actividad del clero: ordenó poner rejas en los locutorios de las religiosas y pidió más severidad y rigor en el cumplimiento de los deberes cristianos.
La Iglesia siempre lo tuvo, sin embargo, como una figura emblemática, y el papa Paulo V lo canonizó en 1610.

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