Para salir de una pandemia, es necesario cuidarse y cuidarnos mutuamente.

Papa Francisco
Diez mandamientos de un niño a sus padres
01/27/2020
Espera, no tan rápido
01/27/2020

Familia

Saber corregir para enseñar a descubir el bien

27 de enero de 2020

Ser cuidadoso en la forma

Los latinos expertos en educación, lo expresaban diciendo: Suaviter in modo, ortiter in re. Hay muchas formas de decir la misma cosa a la misma persona en la misma circunstancia. Lo importante es utilizar la más eficaz.

A veces pensamos que lo más eficaz es ser enérgico, aunque sea en cosas pequeñas. Otras veces estamos en la creencia de que es preferible transigir en lo que queremos inculcar a nuestros hijos a cambio de conservar la paz.

Son casos que en cierta forma ya hemos visto. Pero para sintetizar podemos decir que la solución se encuentra en el equilibrio entre principios sólidos y una forma atractiva de enseñarlos.

No hay que recurrir a las formas duras porque es contraproducente, pero hay que dejar claros los principios. Este ser suave en la forma manteniendo el fondo hace más atractivo el mensaje, más convincente.

Cuidar la forma implica autoexamen y autodominio en el formador, pero créame, es muy eficaz. No hay que renunciar a los principios de fondo o a los ideales que queremos inculcar.

Formarle un espíritu crítico ante lo que recibe a través de los medios de comunicación.

Una vez hablaba con una señora que estaba preocupada por lo que sus hijas veían en las telenovelas. Decía que eso les llenaba la mente de tonterías y no les servía para su vida, que les presentaba un mundo irreal que las confundía y no era bueno para la formación de una personalidad equilibrada.

Yo le pregunté qué hacia entonces para defenderlas de eso. Ella me respondió que no se las prohibía ver porque eso no servía para nada, pues en la escuela se las explicaban después en forma corregida y aumentada. Lo que hacía era verlas con ellas y comentarlas discutiendo sobre las cosas buenas y malas, reales e irreales, que encontraban.

Esto, según ella, les formaba un espíritu sanamente crítico que las ayudaba a discernir en su vida y a formarse criterios sólidos. Añadió que igual que los medios les daban criterios de juicio sobre ella, de igual manera, ella podía dar criterios de juicio a sus hijas sobre los medios para que les perdieran el miedo y no los creyeran intocables y únicos poseedores de la verdad.

Me pareció una idea muy inteligente y les confieso que, aunque al principio me dio la impresión de ser un poco extremista y llevar las cosa fuera de su marco, acabé dándole la razón.

Cuántas veces nos juzgan nuestros hijos y nuestros alumnos a partir de los modelos y criterios que les dejan los medios de comunicación: somos anticuados, vestimos mal, no sabemos divertirnos. ¿Por qué no tenemos derecho nosotros a hacer lo mismo dándoles criterios nuestros? Seguramente serán criterios más sanos y consejos nacidos del amor que les tenemos, no de intereses comerciales o culturales. Hay que defender a nuestros hijos de la manipulación, hoy tan fácil de realizar, y enseñarles a descubrir en todo la verdad y el bien.

No corregir con medios peores de lo que hizo el niño o el adolescente.

Esperar el momento adecuado. Esto se deduce del principio que hemos enunciado como suaviter in modo, fortiter in re.

Una vez, un papá preocupado porque su hija no estudiaba, la llevó ante una imagen del Sagrado Corazón de Jesús que tenían en el salón y juró en voz alta diciendo: Te juro, Señor, que mi hija no sale de casa hasta que apruebe las cinco asignaturas que reprobó este mes. El efecto que produjo esto en la niña fue terrible. Se alejó absolutamente de su papá que ya no pudo ejercer como educador con ella y, al mismo tiempo, se creó unos problemas muy graves respecto a su fe, precisamente en el momento en que la formación religiosa se hace más delicada y al mismo tiempo cuando resulta más necesaria una orientación espiritual en la vida.

El remedio fue peor que la enfermedad y el medicamento no sirvió para curarla. La niña perdió toda motivación para estudiar y se creó un complejo de miedo ante la figura del papá que condicionó mucho su relación con los muchachos. Claro, esto no se produjo sólo por este hecho que acabo de contar, sino por la actitud habitual de su papá que iba siempre por esa línea.

Hay que distinguir lo fundamental de lo accesorio y evitar los remedios contraproducentes que producirán más efectos negativos que positivos en nuestros hijos. El pegar, gritar, los castigos duros, sólo sirven a estas edades para cerrar más la ya de por sí difícil relación entre papás e hijos. Y este es uno de los puntos fundamentales sobre los que hay que estar muy atentos si no quieres que tus hijos adolescentes rechacen tu educación y elijan la de la calle o la que reciben a través de los medios de comunicación.

Ir a las causas

Cuando se detecta un problema en los hijos, no hay que conformarse con lo que yo creo que es la solución así a primera vista, hay que ir a fondo. Si mi hija no estudia, a lo mejor el remedio no es simplemente ponerle un tutor. Hay que ir a fondo y examinar con objetividad y realismo las causas de cada situación anómala que detecte (y también, por qué no, de las cosas buenas): influencia de los amigos o de malas compañías, problemas reales de cansancio físico, falta de motivación porque atraviesa un momento sentimental muy difícil, etc. De esta manera los podremos ayudar más, y mejor.

Fuente/Autor: Miguel Carmena Laredo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *