La juventud es un tiempo bendito para el joven y una bendición para la Iglesia y el mundo.

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RECUERDOS

27 de enero de 2020

Solo los demasiado niños o los desmemoriados carecen de recuerdos. En el primer caso, el tiempo pondrá las cosas en su lugar. En el segundo, es una pena, y hay algunas enfermedades que se ensañan con nuestro pasado. Porque la memoria es uno de nuestros tesoros. No una memoria enciclopédica, de quien puede recordar todos los nombres, lugares, sabores y fechas. Más bien esa otra memoria selectiva, subjetiva, que es riqueza y equipaje. Esa memoria cargada de afecto y pasión, que nos configura.
Recordar es ser fiel
«Que se me pegue la lengua al paladar si me olvidara yo de ti» (Sal 136)

Hay quien olvida rápido, a los amigos, a la familia, a las personas… «Si te he visto, no me acuerdo», decimos a veces. Y cómo duele, en ocasiones, sentirse olvidado. Que no se acuerden de tu cumpleaños, de tu historia, de ti… Es importante cultivar la memoria de aquello que es importante para nosotros. Y, aunque la verdadera confianza es capaz de disfrutar la distancia y la espera, también es importante, de vez en cuando, lanzar puentes hasta donde están los otros.
¿De qué personas te acuerdas con gratitud, con cariño, con alegría?
Memorias que nos construyen
«Voy a recordar la misericordia del Señor, las alabanzas del Señor: todo lo que hizo por nosotros el Señor, sus muchos beneficios a la casa de Israel, lo que hizo con su compasión y su gran misericordia» (Is 63, 7)

Imagina, por un instante, perder la memoria. Imagina no recordar a las personas, los viajes, las heridas, los instantes que te marcaron. No recordar otras ciudades, no sentir nostalgia por lo que se ha ido, ni dolor por lo que te dejó heridas. No reconocer rostros, aromas familiares, vivencias… No poder acudir a la propia experiencia para aprender de los errores. Imagínate qué desnudez tan profunda. Porque somos presente, pero somos también todo lo que hemos vivido. También la fe es memoria. De vivencias, de instantes, de momentos en los que, de una u otra forma, descubriste a Dios.
¿Cuáles son tus mejores memorias vinculadas a la fe?

Solo los demasiado niños o los desmemoriados carecen de recuerdos. En el primer caso, el tiempo pondrá las cosas en su lugar. En el segundo, es una pena, y hay algunas enfermedades que se ensañan con nuestro pasado. Porque la memoria es uno de nuestros tesoros. No una memoria enciclopédica, de quien puede recordar todos los nombres, lugares, sabores y fechas. Más bien esa otra memoria selectiva, subjetiva, que es riqueza y equipaje. Esa memoria cargada de afecto y pasión, que nos configura.
Recordar es ser fiel
«Que se me pegue la lengua al paladar si me olvidara yo de ti» (Sal 136)

Hay quien olvida rápido, a los amigos, a la familia, a las personas… «Si te he visto, no me acuerdo», decimos a veces. Y cómo duele, en ocasiones, sentirse olvidado. Que no se acuerden de tu cumpleaños, de tu historia, de ti… Es importante cultivar la memoria de aquello que es importante para nosotros. Y, aunque la verdadera confianza es capaz de disfrutar la distancia y la espera, también es importante, de vez en cuando, lanzar puentes hasta donde están los otros.
¿De qué personas te acuerdas con gratitud, con cariño, con alegría?
Memorias que nos construyen
«Voy a recordar la misericordia del Señor, las alabanzas del Señor: todo lo que hizo por nosotros el Señor, sus muchos beneficios a la casa de Israel, lo que hizo con su compasión y su gran misericordia» (Is 63, 7)

Imagina, por un instante, perder la memoria. Imagina no recordar a las personas, los viajes, las heridas, los instantes que te marcaron. No recordar otras ciudades, no sentir nostalgia por lo que se ha ido, ni dolor por lo que te dejó heridas. No reconocer rostros, aromas familiares, vivencias… No poder acudir a la propia experiencia para aprender de los errores. Imagínate qué desnudez tan profunda. Porque somos presente, pero somos también todo lo que hemos vivido. También la fe es memoria. De vivencias, de instantes, de momentos en los que, de una u otra forma, descubriste a Dios.
¿Cuáles son tus mejores memorias vinculadas a la fe?

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