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RECORDANDO LA JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD

27 de enero de 2020

“… y al volver, vuelvan cantando, trayendo sus gavillas”
Ni la catedral de Colonia, ni la Iglesia en Alemania, ni en occidente, ni las JMJ son templos vacíos, catedrales en el desierto.

“… y al volver, vuelvan cantando, trayendo sus gavillas”
Este periodista ha regresado ya de Colonia. Llegaba a Madrid en la última hora del domingo 21 de agosto. Regresaba con otros muchos peregrinos. Y hoy y mañana, a buen seguro, la práctica totalidad del millón de participantes en la JMJ´Colonia 2005 se encontrarán ya en sus hogares.

Comenzará para todos un nuevo tiempo de gracia: el del saborear en el corazón todo lo que hemos visto, oído y vivido para disponernos a ser testigos de su luz y de su estrella. Hemos regresado, cansados y hasta extenuados, pero satisfechos y contentos: hemos vuelto cantando y trayendo las gavillas de una experiencia hermosa, memorable y tan enriquecedora. Conscientes de que somos depositarios de un tesoro, que no lo podemos almacenar sólo en el baúl de nuestros mejores recuerdos, sino que debemos comunicarlo y transmitirlo a lo demás.

Por ello, pocas frases, pocas expresiones me parecen más apropiadas para esta crónica del regreso -para esta crónica final desde Colonia- que las palabras del salmista: “Y al volver, vuelven cantando, trayendo sus gavillas”.

Algo tendrán las JMJ

¿Qué tienen las JMJ? Sentencia un refrán español que “algo tiene el agua cuando la bendicen”. Algo, mucho, tendrán las JMJ cuando, edición tras edición, se vuelve a producir el prodigio y el milagro. Precisamente, para quien esto escribe, este es el mayor milagro de las JMJ: que a pesar de los cansancios, que a pesar de las distancias, de las noches casi en vela, los días peregrinos sin fin, de las incomodidades, de las aglomeraciones y hasta de su difícil, sino imposible organización perfecta -dicho sea de paso, la de Alemania, mala por no decir peor…, como los mismos organizadores han reconocido-, cada vez que se convocan se llenan y, sobre todo, llenan el corazón de esperanza.

En los dos últimos discursos en Alemania, en el contexto de la JMJ´Colonia 2005, el Papa Benedicto XVI ha definido estos encuentros como palabras mayores: “maravilloso”, “extraordinario”, “acontecimiento eclesial”, “excepcional laboratorio”, “imponente peregrinación”, “tiempo de gracia”, “don de Dios”…

Todo esto -¡y ya es¡- y mucho más son las JMJ. Son la gran catequesis del tercer milenio, son lámpara de fe, antorcha de esperanza, semillero de vocaciones, hontanar de misión, plataforma de fraternidad, compromiso de solidaridad, inmenso dispensador sacramental. Son una de las mejores plenas manifestaciones del compromiso de nuestra Iglesia en pro de la nueva y tan necesaria evangelización. Son fiesta y son oración.

En el mediodía de ayer, domingo 21 de agosto, me decía un cura de Córdoba, que en la noche del 20 al 21 de agosto, en el Marienfield -el Campo de María- había una capilla para la Adoración con el Santísimo expuesto y que la capilla -una gran tienda de campaña- estaba a rebosar y que, cuando con el alba del domingo 21 de agosto, regresó para rezar laudes, la capilla seguía llena. Lo mismo me dijo ya el día mismo de mi llegada a Alemania, en la noche del lunes 15 de agosto, otro cura, éste de Tarragona: que había estado esa tarde en la catedral de Colonia y que apenas pudo entrar a rezar en la capilla del Santísimo. Ya contó este periodista y sacerdote en una crónica anterior su experiencia de confesor el viernes 19 de agosto en Bonn, y cuando el miércoles 17 de agosto peregrinó a la catedral de Colonia, la experiencia, recién contada del cura de Tarragona, seguía siendo una realidad, una dichosa realidad.

Por eso y por tantas y tantas razones, ayer por la tarde, en el aeropuerto de Dusseldorf, unos y otros comentábamos nuestras impresiones, nuestras experiencias, nuestro cansancio, nuestra necesidad de descansar, y hablábamos, sobre todo, de lo lejos que está Sydney, pero que habría que ir… ¡Faltaría más!

Fermento de renovación

En la tarde ayer, el Papa Benedicto XVI, que en la noche y por sorpresa divisó desde el avión su pueblo natal en Baviera, en el sur de Alemania, tuvo dos discursos: a los obispos alemanes y a las autoridades que habían acudido a despedirlo.

El último de ellos fue en el aeropuerto de Colonia-Bonn. Fue breve y sentido. Fue un cántico de acción de gracias y una inyección de esperanza para Alemania, su país natal, y para su Iglesia. Benedicto XVI mencionó y reconoció, “con vergüenza y dolor”, los males que desde su querida patria habían llegado al mundo en la primera mitad del siglo XX. Pero, sobre todo, quiso transmitir esperanza y optimismo. Existe ya “otra” Alemania, “un país de particulares recursos humanos, culturales y espirituales”. Y añadió con énfasis: “¡Deseo que tales recursos, gracias también al acontecimiento de estos días, vuelvan a irradiarse en el mundo!… Alemania ha sido el centro del mundo católico”.

Y Benedicto XVI, ya en sus últimas palabras, expresaba sus deseos y anhelos en el “después” de la JMJ´Colonia 2005: “Espero que este acontecimiento eclesial quede grabado en la vida de los católicos de Alemania y sea incentivo para un renovado impulso espiritual y apostólico en su seno. Que el evangelio sea acogido en su integridad y testimoniado con pasión por todos los discípulos de Cristo para que se revele así como fermento para una auténtica renovación de toda la sociedad alemana, también mediante el diálogo con las diversas comunidades cristianas y con los seguidores de otras religiones”.

Un nuevo comienzo para la pastoral juvenil

Benedicto XVI almorzó ayer, domingo 21 de agosto de 2005, con los obispos alemanes, al acabar la Misa de clausura de la JMJ´Colonia 2005. Mantuvo después un encuentro con ellos y pronunció un interesante discurso, cargado de futuro.

“Alemania ha presenciado estos días una imponente peregrinación, y no cualquiera, sino una peregrinación de jóvenes”. Ello interpela a los pastores de la Iglesia, en este caso de Alemania, a “escuchar sus interrogantes y a empeñarse para que la única respuesta verdadera, la de Cristo, les llegue de un modo comprensible para ellos. Nos corresponde a nosotros, pues, apreciar este don que Dios ha hecho a la Iglesia en Alemania, aceptando el reto que supone y valorando sus potencialidades”.

Es un reto, en efecto, cargado de potencialidades: “la experiencia de estos veinte años nos ha enseñado que cada JMJ, en cierto modo, es para el país que la hospeda un nuevo comienzo para la pastoral juvenil”. Por ello, “la Iglesia en Alemania está comprometida en buscar nuevas vías para llegar a los jóvenes y para anunciarles a Cristo” y “a educarlos a la paciencia, al discernimiento, al sano realismo. Pero sin falsas componendas, para no desvirtuar el Evangelio”.

La Iglesia en Alemania deberá estar alerta ante las situaciones de jóvenes en paro y de aquellos que “están confusos, sin respuestas válidas a las cuestiones sobre el sentido de la vida y de la muerte, sobre su presente y su futuro” ya que muchas propuestas del mundo, tarde o temprano, les llevan a “las arenas movedizas” del alcohol, de la droga, del extremismo y del desconocimiento más profundo de Jesucristo, sobre todo, en el Este.

Este “nuevo comienzo” de la pastoral juvenil requiere también de los obispos una presencia y ayuda especial a los jóvenes: “En esta oportunidad he querido recoger con vosotros el mensaje que ha dejado la gran peregrinación de jóvenes. Me parece que ellos, al final de esta experiencia, podrían decirnos en síntesis: «Hemos venido a adorarlo. Lo hemos encontrado. Ayudadnos ahora a ser sus discípulos y testigos»”.

Coherencia, unidad, intrepidez

Pero, más todavía, las JMJ no son sólo un nuevo comienzo para la pastoral juvenil, sino para toda la acción pastoral de la Iglesia. Benedicto XVI, en este sentido, aludía a campos apostólicos especialmente necesitados en Alemania, al igual que en otros países occidentales: las vocaciones, la familia, las asociaciones y movimientos laicales, la educación católica y la catequesis…

La Iglesia en Alemania, marcada por el secularismo y la descristianización, tierra de misión y “tiene que convertirse cada vez más en misionera, empeñándose en encontrar el modo de transmitir la fe a las futuras generaciones”.

Este nuevo comienzo pastoral, partiendo además de los aspectos positivos -a los que aludió el Papa- presentes en la Iglesia católica en Alemania urge a los pastores a ser “coherentes, unidos, intrépidos”.

Asimismo, en otro lugar de su discurso, Benedicto XVI señaló que “ni debemos amortiguar la búsqueda ni esconder la Verdad, sino mantener la tensión fecunda entre estos dos polos: una tensión que se corresponde profundamente con la índole del hombre contemporáneo”.

“No es una catedral en el desierto”

“Es importante subrayar –abundó Benedicto XVI ante los obispos alemanes- que este acontecimiento, aunque sea excepcional, no es algo aislado. La de Colonia -por hablar de un modo corriente- no es una catedral en el desierto”.

Ni la catedral de Colonia, ni la Iglesia en Alemania, ni en occidente, ni las JMJ son templos vacíos, catedrales en el desierto. No. Y no podemos consentir que algunas veces lo parezcan o que algún día sea así.

Las gavillas repletas de trigo del millón de jóvenes participantes en esta JMJ´Colonia 2005 son un gozo, una dicha, una siembra, una esperanza, que nadie nos deberá arrebatar jamás. Y a nosotros, a quienes hemos sido testigos de ello, se nos llama a dar razón de esta esperanza, a construirla sobre la roca de nuestras vidas cristianas.

Colonia no es una catedral en el desierto. La cristiandad no es un templo vacío. La humanidad no va irremediablemente a la deriva. Jesús está con nosotros. Y un millón de jóvenes discípulos, que han venido a adorarlo, vuelven cantando y trayendo sus gavillas. Que nadie les frustre. Que nadie les engañe. Que nadie confunda su alma. Que nadie robe de su corazón la estrella de la esperanza que les ha de hacer volver “por otro camino”, por un camino mejor, mientras la JMJ´Colonia 2005 se prolonga además ya en la JMJ´Syndey 2008. Demos gracias a Dios.

Fuente/Autor: Jesús de las Heras Muela | Fuente: ECCLESIA Digital

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