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Mundo Misionero Migrante

Rebasan ilegales a INM en Ixtepec, Oax.

27 de enero de 2020

Llegan cada día en promedio unos 500 centroamericanos

Oaxaca, México

Hambrientos, escondidos entre la maleza, en las inmediaciones de las vías ferroviarias, pasaron de la incredulidad al llanto. Y es que, tras un operativo de Migración, María Elena, una joven guatemalteca cayó del tren y le fue cercenado el pie izquierdo.”No importa que seamos guanacos (salvadoreños), catrachos (hondureños) ó chapines (guatemaltecos) todos somos hermanos y tenemos que ayudarnos” dijo Alberto a sus compañeros de viaje.

Se sobrepusieron: “Órale vamos a cooperar, yo pongo cinco pesos, yo dos” se escucharon las voces de los centroamericanos.María de apenas catorce años continúa hospitalizada en Juchitán.Diariamente arriban a Ciudad Ixtepec unos 500 indocumentados centroamericanos a bordo del ferrocarril Chiapas Mayab.

Con sólo 10 agentes que laboran en dos turnos, la delegación regional de La Ventosa, Juchitán del Instituto Nacional de Migración, tiene la misión de controlar a los 500 indocumentados centroamericanos que llegan a bordo del ferrocarril Chiapas Mayab.

El delegado de Migración, José Antonio Marín López admite que el gran número de ilegales que llegan a la entidad rebasan la capacidad de las autoridades migratorias en el sureste del país.

“¡Tortas! ¡Tortas!, hay ¡Tortas!”, es lo primero que escuchan al arribar a esta ciudad. Son los comerciantes que gritan desde las casetas para atraer a los ilegales quienes, despistados, esperan la salida del tren.

“Ya es normal verlos llegar, los que tienen dinero nos compran tortas, refrescos, agua; pero los que no, se dedican a pedir” dice la propietaria de uno de los expendios de comida ubicados en las inmediaciones de la estación del tren.

Los indocumentados que llegan procedentes de Chiapas buscan comida, agua y piden dinero a las personas para seguir su camino.

Algunos no saben a quien preguntar si tienen alguna duda. El miedo a ser detenidos los pone siempre en guardia y ante el temor de ser dejados por el tren sólo uno de ellos acude a comprar comida para todos.

“Regálame un peso”, insistía Alberto, un joven hondureño que relató que llevaban ya más de 8 días viajando y no tenían dinero para comprar comida.

Cerca de él, a unos metros, un grupo de chapines, como le dicen a los guatemaltecos, se abastecían con agua, refrescos y algo de comida para reiniciar su viaje en cuanto el tren partiera.

Los que no tienen dinero tuvieron suerte esta mañana. Cerca del lugar, como es su costumbre, el padre Alejandro repartía comida y más de un centenar de ellos desayunaron sardinas con tortillas, fruta y agua.

Entre los indocumentados que esperan pacientes el momento en que el tren parta del patio de maniobras, se encuentra Eider Lira Espinoza un nicaragüense de 24 años quien junto con un grupo de más de 50, caminaron desde Juchitán hasta Ixtepec.

“Venimos muy cansados, nos estamos deshidratando, unos compas tienen ámpulas en los pies y están sangrando, casi no pueden caminar y otros estamos escaldados” cuenta.

Eider ha intentado llegar tres veces a Estados Unidos y hasta ahora nunca lo ha logrado.

Mientras toma un descanso habla de las tres deportaciones que ha tenido.

“La primera vez me detuvieron en Reynosa, la segunda en San Luis Potosí y la última vez en Orizaba, pero lo sigo intentando” comenta.

Sin dinero, porque lo poco que traía se le terminó, lleva ya un mes y 15 días de viaje, pero no pierde la fe ni la esperanza de tocar territorio norteamericano.

En medio del agotamiento del viaje, muchos de ellos ya se encontraban arriba de los vagones, justo cuando el ferrocarril daba el último silbido.

Varios centroamericanos se afianzaron a los tubos de acero, otros más tuvieron que correr para alcanzarlo.

En la estación al no poder subir por el gran número de sus compañeros que abarrotaron los pocos vagones, quedan rezagados unos doscientos indocumentados.

Fuente/Autor: Martha izquierdo/El Universal

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