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Familia

¿Qué tipo de padres somos?

27 de enero de 2020

La autoridad en la familia se ejerce básicamente para educar a los hijos; se practica en función de la educación de cada descendiente, o mejor, de cada miembro de la familia.

La autoridad es un componente de todo verdadero amor que ciertamente exige esfuerzo, incomodidades y perseverancia.

También es evidente que no es un fin en sí misma sino sólamente un medio, por definición, orientado hacia el bien de aquel sobre el que se ejerce, pero nunca en función de la comodidad, de la satisfacción o del orgullo de quien la utiliza.

La autoridad es necesaria en toda educación porque da seguridad y tranquiliza al niño, pero es también indispensable para formarlo en su libertad y enseñarle a administrar y a asumir poco a poco sus responsabilidades.

Las actitudes que habitualmente toman los padres frente a la educación nos permite clasificarlos en seis categorías generales, las cuales nos ayudan a comprender su estilo educativo y corregirlo en caso que no sea el adecuado.

1. Padres razonables

– Su actitud fundamental es la comprensión-aceptación. Ejercen su autoridad desde la tolerancia y el diálogo y la conciben, más que como medio de control, como servicio a los valores del hijo, con lo que logran un alto ascendiente moral sobre él.

– No mandan ni discuten, ni tratan de imponerse por la fuerza, sino que buscan criterios comunes de acción tanto para ellos como para los hijos.

– No intentan dirigir la conducta de los hijos, sino que, mediante el diálogo y la comunicación apelan siempre a la razón y la coherencia, enseñándoles a descubrir las razones de su comportamiento, evitando el capricho y la irresponsabilidad.

– Están convencidos de la dignidad personal de cada hijo, del derecho que tienen a tomar gradualmente la dirección de su propia vida con responsabilidad y automía. Por eso les ayudan a sentirse responsables de sus propios actos sin permitirles que se sustraigan a las consecuencias naturales que se derivan de ellos.

2. Padres autoritarios

– Su actitud fundamental es la imposición manifiesta. Los padres autoritarios tienden compulsivamente a juzgar, a simplificar o imponer sus puntos de vista con poca o ninguna sensibilidad frente a los sentimientos o la situación personal de los hijos.

– Más que la realización y el éxito de éstos, buscan la afirmación de su propia personalidad y el dominio despótico sobre ellos.

– No escuchan razones, prohíben terminantemente pensar y obrar por cuenta propia, engendrando miedo y desconfianza a su alrededor.

3. Padres violentos

– Son padres de mal carácter porque en su infancia fueron niños difíciles. Tal vez hayan vivido su niñez y adolescencia bajo el signo del terror, sometidos a la tiranía de unos padres despóticos y autoritarios.

– Las modalidades de la conducta violenta presentan una gama muy amplia que va desde el empleo de la fuerza física hasta los abusos deshonestos, pasando por la agresión psíquica y las desatenciones materiales.

– Las consecuencias negativas son evidentes: generan en los hijos muchos sentimientos contradictorios: fuertes sentimientos de rebeldía y hostilidad, a la vez de sentimientos de culpa por provocar las iras del padre.

4. Padres legalistas

– Actitud fundamental: El culto a la norma.

– Para ellos educar consiste en someter a los hijos a una serie de normas preestablecidas que deben acatarse porque sí, sumisa y reverencialmente.

– Buscan la seguridad en la norma, y la irracionalidad de su actitud hace que obedezcan la norma como un tabú, de manera mágica.

– No toman en cuenta que mientras la norma sea algo impuesto, carece de fuerza en el terreno educativo y sólo cuando sea asumida por el hijo desde su libertad logrará su verdadero valor.

5. Padres permisivos

– Actitud fundamental: Desinterés por la educación de los hijos.

– No corrigen a sus hijos cuando transgreden las normas más elementales de educación y convivencia; no se inmutan cuando obran mal ni se alegran cuando se portan bien; les permiten que hagan lo que quieran, con tal de no complicarse la vida.

– En ocasiones, manifiestan una evidente falta de carácter que les lleva a confundir la benevolencia con la debilidad y ceden ante los caprichos y exigencias de los hijos.

– En el fondo, rechazan su papel de padres y como justificación tratan de convertirse en amigos o camaradas de sus hijos.

– La consecuencia más grave de la educación permisiva será la falta de conciencia en los hijos, pues no habrán sido capaces de hacer suya ninguna norma moral que rija su vida.

6. Padres posesivos

– Actitud fundamental: Exceso de protección a los hijos.

– Estos padres tratan a toda costa evitar a los hijos penas y dolores que la vida les trae. Se preocupan ansiosamente de que nada les falte, evitan que sus hijos se esfuercen o enfrenten dificultades y problemas facilitándoles las cosas al máximo. Toman la iniciativa por ellos, fomentando dependencia e incompetencia en los hijos.

– La autoridad posesiva agobia, impide crecer, destruye la autoestima e incapacita para la autosuficiencia.

¿A qué tipo de padres pertenecemos? ¿Cómo educamos a nuestros hijos? ¿Qué podemos hacer para mejorar nuestra autoridad en la familia? Platiquemos en pareja todas éstas interrogantes, así podremos mejorar nuestra función de padres de familia.

Debemos estar conscientes de que la autoridad que ejercemos sobre nuestros hijos va mas allá de un simple regaño, una llamada de atención o un castigo.

Por medio de nuestra autoridad enseñaremos a nuestros hijos el camino que deben seguir a lo largo de su vida, les enseñaremos a vivir los valores y actitudes positivas que queremos inculcarles, en fin, seremos ejemplo a seguir.

De nosotros depende formarlos por el buen camino y hacerlos hombres y mujeres de bien para nuestra futura sociedad.

Fuente/Autor: Ana Ustaran

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