“Hay que hacer el bien, todo el bien posible, y hacerlo de la mejor manera posible”.

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27 de enero de 2020

¿Para cuántos la fe es esa luz que ilumina toda la vida y la orienta hasta en sus menores detalles?

¿Te has puesto a pensar qué es lo que hizo un adulto para saber en qué se convertiría de grande, o qué tipo de vida llevaría?

En algún momento de tu vida, deberás preguntarte qué vas a hacer el resto de tu existencia y cómo vas a llegar a eso. Ya sea en el plan profesional, social, intelectual, etc., o en el plan mismo de la vocación a la que estás llamado.

El hombre moderno, cuando reflexiona, se inquieta y hasta se angustia frente al mundo. Si bien es cierto que cada vez lo comprende más, lo domina y lo domestica con brío, sigue siendo incapaz de darle un sentido. Con la fe, el cristiano penetra el misterio del mundo.

No obstante, demasiados creyentes reducen la fe a una fe humana: para el intelectual es un conjunto de buenos principios; para el virtuoso, un código de vida moral; para el piadoso, el cumplimiento de ritos religiosos.

Pero, ¿para cuántos la fe es esa luz que ilumina toda la vida y la orienta hasta en sus menores detalles?

Y es que cuando nos decidimos a actuar de una manera consciente y responsable, buscando la verdad en nuestras vidas y dándole la importancia vital que Dios tiene en ellas, las cosas se van aclarando.

Cuando pensamos en qué queremos ser de grandes, muy pocas veces nos planteamos qué debemos ser de grandes, para qué nos pensó Dios desde toda la eternidad, en dónde quería que estuviéramos trabajando, viviendo, ayudando.

Es muy común, toparse con personas que desarrollan un trabajo o están en una actividad porque “así los llevó la vida”. O simplemente, no quisieron esforzarse por alcanzar lo que deseaban. Personas que, a veces, tienen muy poca motivación para hacer sus responsabilidades y sus deberes y que pasan mucho tiempo quejándose de la vida y de que ellos deberían tener tal o cual cosa, en vez de que la tuviera el vecino.

Pero aún más allá de esto, está la gente que no es feliz (o que no desea esforzarse para serlo), porque no le encuentra un sentido total a su vida ni una trascendencia…. No encuentra para qué fue llamada, para que fue creada, cuál es su vocación.

¿Sabes tú lo que debes ser de grande?

Fuente/Autor: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net

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