Para salir de una pandemia, es necesario cuidarse y cuidarnos mutuamente.

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Por qué la mula y buey…

27 de enero de 2020

Mientras María y José iban de viaje a Belén, un ángel reunió a todos los animales. Quería elegir a los que mejor pudieran ayudar a la Sagrada Familia en el establo.
Naturalmente el león fue el primero de todos en presentarse:
– Sólo un rey es digno de servir al rey del mundo. Yo me colocaré en la entrada y destrozaré a todos los que intenten acercarse al Niño.
– Eres demasiado violento, – le respondió el ángel.
De repente, poco después, se presentó la zorra. Con aire inocente insinuó:
– Yo soy el animal que se necesita. Todas las mañana robaré los mejores mieles y la leche más perfumada. Además, llevaré todos los días un buen pollo a María y a José.
– Eres demasiado poco honesta, – dijo el ángel.
En esto llegó esplendoroso y empavonado el pavo real. Desplegó su magnífica cola del color del arco iris y exclamó:
– Yo transformaré este pobre establo en una estancia mucho más bella que el palacio de Salomón.
– Eres demasiado vanidoso, – le replicó el ángel.
Y así pasaron, uno tras otro, muchos animales más. Cada uno ponderaba su propio don.
Todo fue en vano. El ángel no acababa de encontrar ni uno solo que mereciera la pena. Entonces miró alrededor del portal y vio que el buey y la mula, con la cabeza baja, seguían trabajando en el campo cercano de su labrador.
El ángel los llamó:
– ¿Es que ustedes no tienen nada que ofrecer?
– Nada de nada, – respondió la mula, aflojó mansamente sus largas orejas –Nosotros sólo hemos aprendido la humildad y la paciencia.
Y el buey, tímidamente y sin ni siquiera levantar los ojos, dijo:
– Pero podremos, de vez en cuando, matar moscas con el rabo.
El ángel sonrió por fin:
– Ustedes son los más adecuados para estar aquí.

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