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¿Por qué el pasto del vecino se ve más verde?

27 de enero de 2020

Siempre queremos lo que no tenemos y nunca sabemos apreciar lo que sí tenemos. Lo anterior es una paráfrasis de dos dichos populares, y aunque suenen trillados, no podrían estar más cerca de la realidad. O si no, díganme: ¿cuántas familias se ven separadas por problemas tontos que podrían solucionarse con una simpla plática acerca de ellos? ¿no vemos, tanto en las películas como en la vida real, casos de esposos y novios, que, sin saber realmente el tesoro que tienen enfrente, van buscando oro en lugares que no les pertenecen? Ésta es una realidad, muy triste, sí, pero realidad al fin.

Quisiera decir que hay una solución fácil a este problema. Pero no todo es lo mismo en la práctica que en la teoría. Es como un problema físico, donde se cumplirían los resultados estando en las condiciones ideales, pero no en una situación real. Un objeto no siempre cae en línea recta, sino que el aire lo mueve hacia donde éste esté soplando. Al igual que el objeto, la persona humana es influida por la dirección que toma el aire de la sociedad. De esta manera, una persona puede tener sus valores como deben ser, pero su fundamento casi siempre es un residuo que la sociedad ha dejado en él. Puede ser por medio de los padres, que a su vez fueron influidos por la sociedad de su tiempo y ahora lo transmiten a sus hijos con la misma desviación que lo tuvieron ellos.

Este hecho casi siempre se ve empeorado por la presión social ejercida hoy en día tan fuertemente por los medios de comunicación y por consiguiente, a través de las personas que nos rodean. Este efecto de bola de nieve se ha venido haciendo por muchas generaciones, y tratar de revertir su efecto totalmente sería tanto futil como innecesario.

Hay una solución, ustedes que se atreven a hacerlo, y es la empezar a minar a la sociedad del mismo modo que se ha estado minando desde hace tanto tiempo, pero con una diferencia vital. En vez de seguir con el camino que han seguido las pasadas generaciones, enseñarle poco a poco a las generaciones nuevas a pensar por si mismas, a poder aprender realmente de los errores del pasado para no tener que cometerlos ellos. Que las decisiones de los más nuevos miembros de la sociedad estén basadas no en lo que dicen los demás que está bien, sino en no hacer lo que los demás han demostrado que está mal. Sólo así se podría revertir el efecto que ha tenido la sociedad en nuestra sociedad.

Anímense valientes, a comprar horarios del ´prime time´ en donde saquen programas que vayan de acuerdo a lo que está comprobado que está bien, no que estén enfocados a generar dinero. Y eso no es un sueño inalcanzable, les garantizo que sabiendo vender la idea se lograría fácilmente este propósito, aunque fuera sólo uno. Si se logra tener éxito con un sólo programa, se lograría empezar el mismo efecto avalancha que ha tenido la publicidad negativa, y así empezarían a producir otros programas con el mismo enfoque moral y correcto. Ímaginense tener un horario en la televisión donde en vez de oir chistes de sexo o de homosexuales, se oyeran chistes sanos, o un drama de médicos forenses dónde las muertes no son 90% relacionadas con el sexo.

Hablando de ese tema, también influye en la sociedad el papel que ha logrado tener el sexo a través de los años. No digo que no existiera en la antigüedad, pero antes de que tuviera su ´boom´ en la década de los 60´s no se practicaba de una forma tan pública y tan publicitada. Y no es porque lo diga yo, o porque lo diga el Papa, las pruebas de que este enfoque que se le ha dado al sexo están ahí, y son tangibles. Y sin embargo, los millones de personas que mueren al año de SIDA no son causa de peso suficiente para evitar su promoción abierta cada 5 segundos en cualquier medio de comunicación posible. Es impresionante, y decepcionante a la vez, abrir una revista para encontrar que uno de cada 5 artículos (viendolo desde un punto de vista optimista) hable de cómo gustarle más a tu pareja en la cama, o de que si fulanito lo cacharon en pleno ´cachondeo´ con perenganita. Y no solo esos ejemplos obvios, también encontramos con bombo y platillo los artículos donde se celebra la salida del closet de obispos anglicanos, o dónde se le da un enfoque positivo al hecho de que un transexual vaya a dar a luz naturalmente.

En la televisión ni hablar, dejando a un lado los programas, la cantidad de anuncios tanto de productos para combatir la disfunción erectil como de condones, inundan los espacios comerciales. Válgame, hasta los anuncios de licores ya usan al sexo como su principal motor. También podemos observar la sexo-dependencia en los videos musicales, donde las intérpretes cada vez usan menos ropa. Y ni hablar del Internet, cuna y hogar de toda depravación sexual posible.

La cultura del sexo ha logrado poco a poco meterse en nuestras mentes, tomándola como normal, o como mínimo, tolerándola. Los valores de los pocos que los tenían (porque estoy seguro que nunca han sido de la mayoría, ni en los tiempos de Noé, ni en los de los idólatras judíos en la época de Moisés, ni en los de Jesucristo con los fariseos hipócritas, ni los decadentes romanos, ni los bisexuales griegos antiguos, ni en ninguna época de la historia) se han ido, si no perdiendo, ´suavizando´ por decirlo de alguna manera, ya que ahora los cimientos que se fundan en una sociedad desbalanceada, se vuelven desbalanceados junto con ella.

Como dije arriba, la cura es directamente proporcional a nuestra capacidad de revertir el efecto de la sociedad en la sociedad misma. No es una tarea fácil, ni tampoco es un plan a corto plazo, pero si nosotros empezamos ahora, no sólo recibiremos nuestra satisfactoria recompensa, sino que tal vez logremos que para la próxima generación el mundo haya cambiado su pendiente, y la bola de nieve vaya perdiendo su volumen para poder formarla según la forma correcta.

Repito la “receta” que propongo: enseñarle poco a poco a las generaciones nuevas a pensar por si mismas, a poder aprender realmente de los errores del pasado para no tener que cometerlos ellos. Que las decisiones de los más nuevos miembros de la sociedad estén basadas no en lo que dicen los demás que está bien, sino en no hacer lo que los demás han demostrado que está mal. Sólo así se podría revertir el efecto que ha tenido la sociedad en nuestra sociedad.

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Fuente/Autor: Emilio Planas Rego | Fuente: Catholic.net

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