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Mundo Misionero Migrante

¿Personas desechables? Reflexión sobre la migración en el siglo 21

27 de enero de 2020

Los mexicanos:

El sentimiento de los EE.UU. hacia los mexicanos se puede resumir en el informe de la Comisión Dillingham, un comité de inmigración del 1911 que concluyó que “el mexicano es menos deseable como ciudadano que como obrero.”[xiv] Reconociendo la necesidad de mano de obra agrícola, en el 1917 el gobierno de los Estados Unidos se involucró sistemáticamente en la contratación de los obreros mexicanos cuando el Departamento de Trabajo suspendió el impuesto sobre los obreros, relajó las reglas de exclusión de contrato de obreros, y prescindió del requisito de alfabetización. El Dr. George Clements de la Cámara de Comercio de Los Angeles escribió en el 1929 que el trabajo agrícola era de un tipo “al cual los chinos y los mexicanos, con su costumbre de agachar e inclinarse, se adaptan totalmente.”[xv]

Y después, en los años treinta, decidimos que ellos eran desechables. Aunque habíamos sistemáticamente reclutado a los mexicanos, en el 1931, la ciudad de Los Angeles comenzó a deportarlos sistemáticamente y en grandes cantidades. En el 1932, once mil fueron sacados, y para el final del 1933, eran doscientos mil. Entre el 1930 y el 1940, la población mexicana de los EE.UU. disminuyó por un cuarenta por ciento. Emilio Castaneda recuerda, cuando tenía nueve años, regresar de la escuela un día y “lo único que me dijo mi papá fue que empacara un baúl con las pocas cosas que teníamos y ahí llegamos al amanecer… estaba muy oscuro en esa estación de tren.”[xvi] La especie de pensamiento dominante se capta mejor por el historiador Casey Williams, “al mexicano lo podemos atraer cuando nos haga falta.”[xvii] Y, efectivamente, el mexicano fue necesitado poco tiempo después en el 1942 cuando los Estados Unidos inició el Programa Bracero. Un bracero es un jornalero o trabajador agrícola. El Programa Bracero se usó desde el 1942 hasta el 1964 y facilitó la entrada legal de 4,5 millones de obreros mexicanos. Sin embargo, los granjeros tejanos no solicitaron braceros en el 1942, sino que siguieron contratando a los inmigrantes indocumentados porque era más económico y había menos reglamentos. Es un sistema que continúa hasta hoy en día. Contratamos trabajadores de Centro América. En síntesis, queda notado que tenemos una tendencia a deportar y desechar a las personas de minorías étnicas.

¿Hacia dónde vamos ahora? ¿Cómo podemos mejorar nuestro tratamiento de la gente desechable? La ironía es que la gente desechable es indispensable para nuestra economía. La opinión general parece ser que estamos cansados que la gente venga a tomar una parte del pastel americano. Sin embargo, ¡parecemos olvidar quien nos está cociendo ese pastel! Nos gusta comer el pastel y repartirlo, pero nos olvidamos de los que hacen el trabajo duro de preparar los ingredientes y cocerlo. Alegamos que nos están robando el empleo, aunque el desempleo está a 4,6 por ciento. El tema candente del día es la caída del mercado de hipotecas de riesgo elevado y muchos americanos no están cumpliendo con los pagos de hipotecas. Sin embargo, la junta nacional de agentes inmobiliarios nos dice que los inmigrantes están manteniendo a flote el mercado de vivienda. Reclamamos que son criminales, pero el consejo nacional de policía dice que las comunidades inmigrantes estabilizan los barrios agobiados por el crimen. Los dos últimos presidentes del Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos han declarado que la inmigración es una cosa positiva para la economía, y que necesitamos a los inmigrantes para llenar los empleos y mantener nuestro sistema de seguridad social. Sostenemos que usan demasiados servicios públicos, pero hay prueba de que gozan de mejor salud que la mayoría de los ciudadanos estadounidenses. Nosotros pensamos que sólo necesitamos inmigrantes altamente cualificados – doctores, científicos, etc., pero un informe del congreso del 2005 pronosticó que en el año 2050, la mitad de los trabajos en oferta – servicios personales, de limpieza, construcción, seguridad, y de venta al por menor – requeriría sólo un título de secundaria o aún menos.

Pero el peligro de todos estos números y estadísticas es que reducen la inmigración a pura economía. Y para la gente cristiana, la persona humana nunca es reducible a un ente económico; la persona humana es un ser social, envuelto en las relaciones con gente, con familia, hijos, esposas, esposos, y parientes.

En Erga Migrantes Caritas Christi (El amor de Cristo hacia los emigrantes), el papa Juan Pablo escribió, “en los inmigrantes, la Iglesia siempre ha contemplado la imagen de Cristo, quien nos dijo, “fui un extranjero, y ustedes me hicieron sentir bienvenido.” (Mateo 25:35). Así, el emigrante es de alguna manera la imagen de Cristo, el mismo Cristo que preguntó, “¿Quién dicen ustedes que soy yo?” Entonces por analogía el emigrante nos pregunta lo mismo: “¿Quién dices que soy yo?” Y para mí, esta es la manera en que podemos alejarnos de la visión de los inmigrantes como gente desechable. Cada inmigrante nos pregunta, “¿Quién dices que soy yo?” La forma en que respondamos a esa pregunta va a determinar el futuro de nuestro país y la autenticidad de nuestra fe. Necesitamos evaluar el tratamiento de los emigrantes indocumentados centroamericanos que están en nuestra ciudad. No mantengan su distancia del tema – escuchando a Lou Dobbs o leyendo el periódico. Igual que el bíblico Tomás, métanse de lleno en el debate sobre la inmigración. Hablen con los inmigrantes que viven en su comunidad – escuchen sus historias.

Para concluir, permítanme ofrecer un último pensamiento: Es el día del juicio, y usted está en la sala de espera con el capitán del barco maltés, los veintisiete inmigrantes africanos, y los cinco inmigrantes detenidos de Centroamérica. Jesús entra a la sala y le dice al capitán del barco pesquero, “¿Porqué no ayudaste a esta gente?” El capitán baja la vista. Después Jesús lo mira a usted, y le pregunta, “¿Porqué no les permitiste que estas personas llamaran a su familia, recogieran a sus niños, o agarraran sus medicinas?” Guardas silencio por un momento antes de responder, “¡Porque no tenían documentos!” ¿Queda usted en paz con esta respuesta?

Fuente/Autor: By Tom Greene, SJ

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