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PERDÓN, RENCOR Y OLVIDO

27 de enero de 2020

Creo que el nombre del tema es bastante elocuente en sí mismo, sin embargo, con su venia, me permito hacer esta reflexión personal, no sin antes ponerme en sus consideraciones, pidiendo clemencia y caridad en lo que propiamente deba ser corregido.

– “¿Cuántas veces debemos perdonar?” – Preguntó Simón Pedro al Señor en una ocasión – “¿Hasta siete veces?”. Pero el Señor le respondió “hasta setenta veces siete” (Mt 18,21-22). Setenta veces siete no implica que perdonemos solo 490 veces, realmente significa “siempre, perdonar siempre “.

Pero, ¿cómo debe ser ese perdón? Y es ahí donde la mayoría de nosotros caemos en el error. Perdonamos de palabra, pero no con sinceridad. Perdonar una ofensa sin desprendernos del rencor conlleva un doble pecado; en primer lugar porque guardamos odio en el corazón, y así no se puede amar verdaderamente. Y por otro lado, pecamos de hipocresía, al haber mentido al ofensor al ofrecer un falso perdón.

Que común hoy en día es perdonar falsamente, y esperar a que el ofensor cometa un descuido para ofenderlo nosotros en retribución. La venganza, dicen, es dulce, pero no por ser dulce deja de ser un veneno que corroe nuestra capacidad de amar.

Si diste un perdón, dalo verdaderamente, perdona sin buscar venganza.

Y, ¿cuándo debemos perdonar? Se dice comúnmente que el perdón es un “sentimiento”, por tanto, no podemos perdonar a menos que lo “sintamos”. Eso es otro grave error, creer que el perdón debe darse solo cuando la “herida ha sanado”. Pero que tontería, ¿cuándo se ha visto que una herida sane con rencor y no con amor?. El perdonar es un acto propio de la inteligencia, y es ahí donde debe nacer, alimentándose de la piedad, moviendo la voluntad.

Debemos perdonar siempre, ya lo dijo el Señor, y debemos perdonar aún sin que se nos ofrezca una disculpa, con la herida aún abierta, que solo con el amor sanará verdaderamente. De esa manera, cuando el ofensor venga a nosotros, la herida estará totalmente curada, sin rencor y sin hipocresía de por medio, ofreceremos el acto piadoso de perdonar sin limitaciones.

Fuente/Autor: Por Jaime Velázquez

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