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Para arrancar bien esta Cuaresma

27 de enero de 2020

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…Y si el ayuno y la abstinencia tuvieran un sentido traducido a nuestros días.
…Y si hay algo más que lo que ha quedado de cambio de carne por pescado.
…Y si para notar la falta o echar de menos apago el móvil, un buen rato.
…Y si cuando llego a casa no conecto inmediatamente la televisión.
…Y si, por un día, “ayuno” de información indiscriminada a todas horas.
…Y si, este dinero para ir al “antro” lo ahorrro y ayudo a un amigo necesitado.
…Y si dedico un tiempecito para leer algo que me instruya en mi fe.
…Y si abro el ordenador para ver los correos, mañana, y hoy le escribo una carta a mano –de las de antes– a esa persona que está necesitando una palabra de consuelo.
…Y si me siento cinco minutos a no hacer nada.
…Y si dedico otros cinco minutos más a pensar.
…Y si, en lugar de salir todas las noches con los “cuates”, me quedo en casa a compartir algo con mi familia.
…Y si me compro un ramo de margaritas amarillas y admiro sin prisa lo bonitas que son.
…Y si participo con ganas a los Ejercicios Cuaresmales.
…Y si antes de empezar o de acabar el día, dedico un rato a la oración o a la meditación.
…Y si, verdaderamente, el ayuno y la abstinencia fueran algo más que un par de “piezas arqueológicas” como las que se exponen en los museos, que nos recuerdan valores y formas pasadas.
…Y si, resulta, que tienen una significación para el mundo de hoy, en el que estamos saciados de todo y nos viene bien echar de menos –¿que… la carne, el pesado, un poco de dieta?–, no, echar de menos el andamiaje en el que andamos “colgados”.
…Y si, después de unos días (40 pueden ser, eso dura la Cuaresma) de esta nueva forma de “ayuno y abstinencia” nos encontramos más ágiles, menos estresados, más contentos, además de confiados y atentos a nuestro interior y al de los demás…, ¿será algo así el inicio de un camino de conversión?

Estamos llamados a convertirnos en personas felices.
¡Ojalá el ayuno y la abstinencia nos ayuden a descubrir quienes somos!

Fuente/Autor: La Redacción

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