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ORIENTACIÓN VOCACIONAL

27 de enero de 2020

1.- Tu opción cristiana te lleva a aceptar a Cristo a su mensaje.

Ser cristiano es tener la conciencia clara de que eres de Cristo y que has de intentar ser como Él.
Ser cristiano significa optar por Cristo, dejando las cosas que te alejan de Él.
Ser cristiano supone aceptar a Cristo como Salvador, que te hace salir de ti mismo, que te acerca al Dios verdadero, que te compromete y que es la garantía de tu esperanza.
Ser cristiano implica aceptar a Jesús en la intimidad de tu corazón mediante la escucha atenta de su Palabra, en un clima de silencio y oración. Y también supone aceptarlo en su Iglesia, en la comunidad cristiana, através de los sacramentos y el compromiso por los hermanos.
En pocas palabras si eres de Cristo, debes de trabajar por ser como Él, lo más parecido a Él.

2.- Tu opción cristianan te lleva a descubrir el plan de Dios sobre ti.

Dios tienen un gran proyecto de realización plena para el mundo. Un plan donde cada persona tiene un puesto de trabajo, su tarea concreta a desarrollar, su aportación propia, original. En la historia de la humanidad hay un plan de salvación fijado desde el principio en la mente de Dios Padre. Este plan tiene un contenido concreto: la salvación en Cristo de todos los hombres. La palabra clave de este plan de salvación e: salvación.
Una salvación de Cristo nos ha merecido con su Muerte y Resurrección; y que de hacerse realidad hoy por el trabajo liberador de cada cristiano, para conseguir una humanidad donde “las palabras paz y hermandad estén gravadas a fuego en el corazón de todos los hombres”.
Cuando uno tiene su puesto de trabajo en ese plan de Dios. Como cristiano estás llamado a anunciar esta salvación, por medio de tus palabras y acciones. Estás implicado en la búsqueda del plan de Dios sobre ti, es decir de tu VOCACIÓN.

3.- Tu opción cristiana te exige un compromiso concreto de entrega y de servicio al plan de Dios.

Una vez que has descubierto el plan de Dios dentro de tu opción cristiana, debes dar una respuesta concreta:
– A Dios, quien te llama a su servicio determinado, en la Iglesia y en la sociedad.
– A los hombres, que son los destinatarios de ese plan de salvación. Por ellos y para ellos
recibes el llamado de Dios.
Él te llama para que viviendo en medio de todos y siendo testigo de la Muerte y Resurrección de Cristo, le lleves el mensaje de su salvación.
Si has optado por Cristo y por su mensaje, no puedes permanecer pasivo. De una manera o de otra, tu opción cristiana te está exigiendo una entrega, un servicio concreto, determinado. Tienes que vivir tu fe cristiana como una auténtica vocación de servicio.

Diferencias entre vocación y profesión

1.- La vocación se vive: todo el día, todo el año, toda la vida. Es vida, es vivencia.
La profesión se ejerce por un tiempo determinado, supongamos, durante las ocho oras laborales.
2.- La vocación la da Dios, viene de Dios. Es Dios que llama.
La profesión es opción del hombre, depende del gusto y de las capacidades personales.
3.- La vocación es servicio a Dios y al prójimo desinteresadamente, en todo tiempo y lugar.
La profesión es en vistas de un legítimo provecho personal, para el sustento de cada día.

Y TÚ, ¿QUÉ PUEDES HACER CON TU VIDA?

Pronto vas a escoger una profesión concreta o una carrera o estás en camino hacia una determinada vocación.Unas veces dudas de tus posibilidades para tal o cual profesión o vocación. Otras te mueves hacia una carrera, porque te dicen que con ella se gana mucho dinero o se tiene mucho prestigio; o porque en tu familia es tradición que se estudie tal carrera o se desarrolle una determinada profesión.
¿Te has parado a pensar en los criterios fundamentales que te guían a ti, personalmente, a la hora de esta lección tan importante en tu propia vida?
Piénsalo intensamente. Es tan importante saber por qué se quiere una cosa, como el mismo hecho de hacerla. El caso concreto de tu lección profesional-vocacional se enmarca dentro de una cuestión mucho más amplia: ¿Qué puedes hacer con tu vida?

Porque eres una persona libre puedes:

– Malgastarla, viviendo para algo que no merece la pena.
– Venderla, haciéndote esclavo de ti mismo, de los demás o de las mismas cosas materiales.
– Pasarla, sin importar nada de nada.
– Entretenerla, con mil actividades interesantes, útiles, pero superficiales, sin calar en los verdaderos valores.
– Vivirla en profundidad, haciendo un planteamiento sensato, apoyándote en unos valores que no defraudan, convirtiendo tu vida en un servicio de amor a los demás.
Toda tu maduración personal tiene necesariamente que mirar hacia el futuro. Y todo proyecto de futuro ha de mirar necesariamente hacia el presente. En esta interacción entre el presente y el futuro has de ir madurando tu vocación y tus preferencias profesionales, a las que in duda te sientes atraído y hacia las que te mueves con unos criterios concretos. Comienza ya desde ahora a dar pasos bien claros, sin miedo o temores, pero con sensatez y buena dirección.

¿Cuál es tu puesto de trabajo dentro de la Iglesia?

Ésta es una pregunta que todo joven cristiano debería formularse, se de verdad ha optado por Cristo y por su Iglesia.
En cualquier estado de vida es posible trabajar por la juventud necesitada, por los pobres, por los migrantes, etc. Pero no te puedes quedar con los brazos cruzados, viendo esas necesidades. Has de tomar la opción de trabajar y de comprometerte en la Iglesia, según la llamada que recibas de Dios.

– La Iglesia necesita de Laicos comprometidos en el ambiente en que viven, para que den testimonio de Cristo, con su entrega y su modo de vida. Por desgracia, hay muy pocos que toman este compromiso. La mayor parte de los laicos trabajan en mil profesiones y carreras, sin preocuparse para nada de la evangelización y del servicio de los hermanos, como miembros de la Iglesia.

– La Iglesia necesita de misioneros, que atiendan las tierras de misión y lleven la luz de la fe a los pueblos que aún no conocen a Cristo. Éste es otro campo de trabajo apostólico abierto a jóvenes y adultos laicos, religiosos y sacerdotes.

– La Iglesia necesita de sacerdotes y de religiosos, que se dediquen con generosidad a la reevangelización y a la promoción humana.

¿Cuántos tipos de vocación hay?

Normalmente se distinguen dos tipos de vocaciones: generales y específicas. Las primeras son llamadas que Dios hace de igual manera a todos los hombres. Las segundas, por el contrario, indican la forma concreta e individual con que una persona debe responder al proyecto que Dios tiene sobre ella.

1.- Vocaciones generales: a la vida y a la fe.

a) A la vida: La vida es un don de Dios y al mismo tiempo un proyecto realizar. Todo hombre, sin importar color, nacionalidad, credo, condición social… está llamado a vivir en plenitud. Y esto significa que todos debemos comprometernos por la dignidad, la libertad, la verdad y por el desarrollo de toda vida humana.

b) A la fe: Igualmente fundamental es el llamado, que Dios hace a todos, a vivir la fe en su hijo Jesucristo. La historia de la salvación no es otra cosa sino el constante y apasionado afán de Dios por amar al hombre. Estamos llamados a que se manifieste toda la abundancia de la gracia de Dios. Esta es la verdadera dimensión de nuestro bautismo.

2.- Vocaciones específicas: laical y consagrada.

a) La vocación laical: tiene como finalidad llevar al cristiano a ejercer en toda su amplitud su compromiso bautismal. Como “fermento y sal” en medio del mundo, buscará convertirlo, por la fuerza de su testimonio y de su acción, en Reino de Dios. Con otras palabras, la vocación del laico tiene la fuerza de llevar los valores del Evangelio al interior de las realidades humanas. Es la santificación de la historia.

– Esta vocación del laico puede ser dentro del matrimonio: proyecto de amor entre un hombre y una mujer que se empeñan a seguir juntos a Cristo.
– Puede ser también dentro del celibato: a condición que sea aceptado como una opción libre para la realización del amor en un servicio a la humanidad.

b) Vocación consagrada: Como la misma palabra lo dice, se trata de una separación para vivir el amor de Dios y a los hermanos en la completa disponibilidad a las exigencias del Reino instaurado por Jesús.

– Esta consagración se da dentro del orden sacerdotal: (obispos, presbíteros, diáconos), para guiar y animar a la comunidad cristiana, sobre todo por la predicación de la palabra y los sacramentos.

– O también dentro de la vida religiosa: como sencilla ofrenda de una persona, a Dios, para ser signo del Resucitado en los acontecimientos del mundo, dentro de la mentalidad esclavizante del pecado, y búsqueda sin límites del seguimiento de Jesús pobre, casto, obediente, orante…

Ambos senderos tienen después sus aplicaciones en diversas formas de acción apostólica: misiones, contemplación, educación, servicio social, asistencia a los enfermos, atención a los migrantes, etc…
Si te preguntas sobre tu vocación debes:
– Aceptar y desarrollar tu vida según el proyecto de Dios.
– Tomar una decisión de seguir a Cristo, para asumir sus actitudes y su mensaje como norma de tu propia vida.
– Preguntarte con qué estilo de amor oblativo te identificas: como laico o en la vida consagrada.

Fuente/Autor: La Dirección

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