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27 de enero de 2020

Salmo 135

Amigos, dad gracias al Señor, por tantos y tan continuos favores como me está otorgando y que, a pesar de mis múltiples errores, se empeña en seguir concediéndome,
porque es eterna su misericordia.
Alabad conmigo a la única persona que siempre permanece a mi lado,
porque es eterna su misericordia.
Al que me pega un coscorrón cuando me alejo demasiado de él,
porque es eterna su misericordia.
Y al que no deja de mimarme cuando “la depre” entumece mi corazón,
porque es eterna su misericordia.
Bendecid al Dios de las mil y una oportunidades,
porque es eterna su misericordia.
Al único que es capaz de abrir grandes claros en mi vida cuando terribles nubes negras me impiden ver la luz,
porque es eterna su misericordia.
Y al único que me encuentro siempre que me caigo, presto a tenderme una mano (o mejor dicho las dos)
porque es eterna su misericordia.
Al que me espera con los brazos abiertos y me escucha atentamente, sin mirar la hora o abrir la boca,
porque es eterna su misericordia.
Y al que es incapaz de conciliar el sueño sin antes acercarse a mi cama y decirme “te quiero,”
porque es eterna su misericordia.
Al que me limpia el sudor cuando el trabajo me agota,
porque es eterna su misericordia.
Sí, amigos, no cesen de dar gracias al Señor, que tantísimo bien me está haciendo,
porque es eterna su misericordia.
Y ahora les toca a cada uno de ustedes… Abran su corazones, que se entere el mundo las proezas que Dios ha hecho, y sigue haciendo, en cada uno de ustedes…
porque es eterna su misericordia

Fuente/Autor: José María Escudero

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