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Nos acostumbramos…

27 de enero de 2020


A vivir en nuestra casa y a no tener otra vista que no sea las ventanas de alrededor. Y como estamos acostumbrados a no tener vista, luego nos acostumbramos a no mirar para afuera. Y como no miramos para afuera luego nos acostumbramos a no abrir del todo las cortinas. Y porque no abrimos completamente las cortinas luego nos acostumbramos a encender más temprano la luz. Y a medida que nos acostumbramos, olvidamos el sol, olvidamos el aire, olvidamos la amplitud.

A despertar sobresaltados porque se nos hizo tarde.
A tomar café corriendo porque estamos atrasados.
A comer un sándwich porque no da tiempo para comer a gusto.
A salir al trabajo corriendo y quedarse trabajando hasta tarde.
A cenar rápido y dormir con el estómago pesado.
A pasar el día sin haberlo vivido.

A esperar el día entero y oír en el teléfono: hoy no puedo ir.
A sonreír para las personas sin recibir una sonrisa de vuelta.
A ser ignorados cuando precisábamos tanto ser vistos.
Si el trabajo está duro, a consolarnos pensando en el fin de semana.
Y peor aún, hacemos pesado nuestro trabajo y la convivencia con los demás, viviendo de críticas destructivas y sembrando discordia, hablando negatividad sin argumento alguno.

Y si el fin de semana no hay mucho que hacer, vamos a dormir temprano y nos acostumbramos a quedar satisfechos porque siempre tenemos sueño atrasado.

Nos acostumbramos a ahorrar vida que, de poco a poquito, igual se gasta y que una vez gastada, por estar acostumbrados, nos perdimos de vivir.

La muerte está tan segura de su victoria que nos da toda una vida de ventaja.

¡No nos acostumbremos y vivamos la vida con intensidad!

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