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Editorial

No sólo los obispos; también los fieles

27 de enero de 2020

No sólo los obispos; también los fieles

Vale la pena que pongamos atención a los llamados sectoriales que hacen los obispos para que tratemos de centrar nuestros esfuerzos en la búsqueda del bien común y de la justicia entendida en el más amplio de sus sentidos, es decir, incluyendo desde luego el aspecto social.

Me llama la atención el apartado sobre qué les corresponde hacer a ellos mismos, a los obispos, puesto que al final de cuentas es un recordatorio de lo que nos corresponde hacer a todos los católicos y no sólo a los que visten sotana. Dicen que “nos corresponde anunciar el Evangelio de Jesucristo como fuente de esperanza, de humanización, como fundamento para una ética personal responsable. Nuestra contribución al bien común, por una parte, consiste en llevar a cabo la tarea de la “nueva evangelización” y, por otra, ofrecer nuestra palabra, que desde el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia contribuya a esclarecer el camino hacia el logro del bien común”.

Ocurre que parte de esa ética personal responsable debemos ser mucho más activos no sólo en atacar un sistema falto de ética y corrupto hasta sus raíces, sino que también estamos llamados a ser más activos, menos indiferentes, porque al fin de cuentas los problemas enunciados por los prelados y que constituyen la temática de nuestra realidad social, afectan a seres humanos cuya situación tenemos que analizar en el marco de esas enseñanzas de justicia social que no son más que producto de la aplicación cotidiana y viva de las enseñanzas del Dios en quien creemos.

Siempre he pensado que aquella vieja expresión contendida en la carta de despedida a sus hijos que escribió el Che Guevara, diciendo que la cualidad más hermosa de un revolucionario era sentir en carne propia cualquier injusticia que se cometa contra cualquier ser humano en cualquier lugar del mundo, debiera ser en realidad la cualidad más hermosa de cualquier cristiano, especialmente de los católicos que tenemos en las enseñanzas de la Iglesia, desde Rerum Novarum hasta nuestros días, un manual de comportamiento que nos obliga a ser solidarios, a ver en cada ser humano a un hermano hijo del mismo Dios, lo que nos compromete a actuar cuando hay cualquier signo de injusticia.

Y en un país como Guatemala como que no podemos vivir plenamente nuestra fe sin asumir compromisos, porque las injusticias son cotidianas, el desprecio a los derechos de los menos afortunados es pan de cada día y el desinterés de la sociedad por corregir inequidades termina siendo patético.

Cada vez que los obispos hablan hay católicos que refunfuñan porque se están metiendo en política, en las cosas terrenales en vez de limitarse a orar para que los pobres se resignen y sepan llevar su cruz “como Dios manda, en paz y sin chistar”. Pero sus mensajes son sacudidas profundas que nos comprometen, porque no podemos decirnos creyentes sin proyectar nuestra fe en nuestras obras, objetivo que aún sigue siendo muy distante, porque reclama sacrificio y entrega.

Fuente/Autor: Diario La Hora de Guatemala – Oscar Clemente Marroquín

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