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Familia

No sean buenos padres

27 de enero de 2020

Laurita tiene 12 años y se despierta siempre tarde para ir a la escuela, pues como ella dice: Al cabo que mi mamá ya tiene todo listo. Mientras ella se baña, su mamá escoge su ropa y se la plancha para después ayudarla a vestirse. Ya en el desayuno su mamá comienza a alisarle el cabello para después hacerle una hermosa trenza. La mamá reflexiona: ¡Qué dirían de mi hija al llegar a la escuela si fuera toda despeinada!, pensarán que no tiene mamá que la peine. La niña se va muy quitada de la pena a la escuela, sabiendo que si tiene dificultad para entender los problemas de matemáticas, su papá los resolverá, ¿y los libros nuevos?, ¡ni quién se preocupe, mamá los forrará impecablemente!

Aunque a alguien le parezca exagerado el ejemplo de Laurita, no está muy lejos de ser realidad en algunos hogares, por lo que se impone una pregunta:

¿Para educar bien a los hijos es recomendable ser buenos padres?

La educación de los hijos es quizá uno de los temas sobre el cual todos los papás creemos saber algo pero que siempre estamos interesados por saber un poco -¡o mucho!- más.

Definitivamente se han presentado muchos cambios en la manera de educar a los hijos en las diferentes épocas. Estos cambios han sido provocados por algunos factores: el ambiente en el que cada uno vive, los medios de comunicación, el tamaño de las familias, etc., y cabe cuestionarnos si todos ellos han sido para mejorar.

Antes existía en las familias un autoritarismo total por parte de los padres. Muchos recordamos que con los puros ojos nos daban órdenes, como que nos fuéramos a dormir, que nos saliéramos del cuarto y más. Los niños no pedíamos razones ni nos atrevíamos a preguntar el por qué de cada orden. Era común que los padres no tomaran mucho en cuenta la opinión de los hijos: se hacía lo que los padres decidían y punto, los niños no tenían ni voz ni voto.

Poco a poco fueron surgiendo cambios con los que se trataba de que la relación padres-hijos fuera más democrática. Se empezaron a tomar más en cuenta los pensamientos y sentimientos de los niños. Se ha fomentado mucho la relación de ser, en primer lugar, padres, pero también amigos de los hijos, incrementando la comunicación con ellos, así como ampliando las libertades.

Hemos estado oyendo, de varios años para acá, que para todo se prepara uno en esta vida menos para ser padres. Como esto es cierto, muchos padres de familia han tomado cursos especiales, han leído material acerca del tema y acuden a consultar con psicólogos y especialistas en la materia. Sin embargo, el objetivo que la mayoría hemos tenido ayer, hoy y siempre, es sacar adelante a nuestros hijos para que lleguen a ser personas de bien y para ello hemos tomado el papel de Buenos Padres.

¿Cómo se define a los Buenos Padres?

Los psicólogos Don Dinkmeyer y Gary D. McKay en su libro PECES (Padres Eficaces Con Entrenamiento Sistemático) dicen: Uno de los más grandes impedimentos que puede tener un niño es ser educado por un ’Buen Padre’. Buenos Padres son aquellos que creen que deben hacerlo todo por ellos (sus hijos).

Los Buenos Padres pueden volverse esclavos de sus hijos: se aseguran de que los niños se despierten a tiempo y se vistan bien, incluso deciden qué ropa se deben poner.

Los aconsejan constantemente: Sé un buen niño, Abróchate la camisa, No olvides tus libros. Cuando el niño regresa del colegio, el Buen Padre o Buena Madre sigue cada movimiento de su hijo: ¿Cómo te fue?, Déjame ver tus cuadernos, Lávate las manos, Cámbiate la ropa, Come, Apúrate, vete a dormir.

Con la intención no basta.

Los Buenos Padres, por lo general tienen muy buenas intenciones, sin embargo, su comportamiento quita a los hijos la autoconfianza y sobre todo la independencia.

Los Buenos Padres asumen la responsabilidad por todo lo que hacen sus hijos. Creen que el comportamiento e imagen de los niños refleja su personal competencia como padres. Les preocupa mucho su imagen ante la sociedad así que deciden asumir los deberes de sus hijos para que salgan bien.

Los compadecen y protegen de todas las consecuencias que pueden sufrir; no dejan que ellos tomen sus decisiones ni que aprendan por sí mismos. Al mantener a sus hijos dependientes, estos padres se sienten muy bien ¡y hasta importantes!

Los Buenos Padres niegan a sus hijos la oportunidad de aprender el concepto de respeto mutuo, ya que cada vez que los padres controlan, sobre protegen o compadecen a sus hijos, están violando el respeto que les deben a ellos como personas.

¿Cómo se enseña el respeto mutuo?

Para enseñarle a un niño el respeto mutuo, los padres deben ser firmes en el fondo aunque suaves en la forma. Por ejemplo: Pepe y su amigo están jugando dentro de la casa con una pelota de beisbol. La mamá de Pepe se acerca, toma la pelota y dice: Lo siento mucho, pero la pelota puede romper algo. Pueden jugar aquí a otra cosa o seguir jugando con la pelota pero en el jardín. La afirmación calmada de los hechos por parte de la madre, establece sus derechos (que no le rompan nada en su casa), a la vez que respeta a los niños, dándoles a escoger entre dos alternativas aceptables.

A diferencia de los Buenos Padres, los Padres Responsables se preocupan más por inculcar sentimientos de responsabilidad y de autoconfianza en sus hijos, que en proteger su propia imagen ante la sociedad. Los Padres responsables dan a sus hijos alternativas, dejan que ellos decidan y que luego experimenten los resultados de sus decisiones, sean positivas o negativas (a excepción de situaciones peligrosas), ya que al fin y al cabo, echando a perder se aprende.

Todavía estamos a tiempo

Cada familia tiene una dinámica muy particular, de acuerdo a los caracteres de sus miembros, creencias y costumbres.

Hasta ahora… ¿qué papel hemos tomado como padres? El mejor termómetro para saberlo son precisamente los hijos. Ellos son el reflejo de sus padres. Si observamos sus comportamientos, su seguridad, su independencia, su responsabilidad de acuerdo a su edad, su manera de enfrentar las dificultades, nos daremos cuenta del papel que hasta ahora hemos desempeñado.

Tal vez nos daremos cuenta de que no estamos tan mal, pero si no es así, nunca es demasiado tarde para corregir el rumbo que llevamos. Una de las primeras cosas que debiéramos asimilar todos los padres de familia y transmitir a nuestros hijos, es sabernos imperfectos. Conviene reconocer nuestros errores y levantarnos cada vez que nos equivocamos, con muchas ganas de tratar de nuevo para conseguir lo que buscamos. Los triunfadores en la vida no son los que nunca se equivocan, sino los que saben intentar de nuevo tantas veces como sea necesario.

Diferencias entre el Buen Padre y el Padre Responsable

Creencia del Buen Padre / Creencia del Padre responsable

Debo controlar / Creo que el niño puede tomar decisiones
Tengo todo el derecho / Creo en el respeto mutuo
Estas obligado conmigo / Sé ser humano
Tengo que ser perfecto / Sé que soy imperfecto

Comportamiento del Buen Padre / Comportamiento del Padre Responsable

Exijo obediencia / Permito que el niño elija de entre varias alternativas
Premio y doy castigos / Estimulo el respeto mutuo
Trato de ganar / Evito que el niño se sienta culpable
Me preocupa ser justo / Fijo normas realistas
Doy, pero con condiciones / Enfoco las virtudes
Exijo perfección de todos / No me preocupa guardar mi imagen
Encuentro errores / Soy tolerante
Me preocupa mucho el qué dirán / Me preocupa el desarrollo del niño

Resultados en el hijo de un Buen Padre

* Se vuelve rebelde.
* Siente que debe ganar.
* Esconde sus verdaderos deseos.
* Se siente ansioso.
* Busca vengarse.
* Siente que la vida es injusta.
* Miente.
* Desconfía de los demás.
* Se siente explotado.
* Explota a los demás.
* Cree que nunca es suficientemente bueno.
* Se vuelve perfeccionista.
* Le preocupa la opinión de los demás.

Resultados en el hijo de un Padre Responsable

* Tiene confianza en sí mismo.
* Contribuye.
* Resuelve problemas.
* Se vuelve ingenioso.
* Respeta a los demás y a sí mismo.
* Tiene elevado sentimiento social.
* Confía en los demás.
* Ve sus errores como retos para seguir tratando de triunfar.
* Tiene el valor de probar nuevas experiencias.
* Es tolerante con los demás.

Fuente/Autor: Susana Cantú de Jiménez

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