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Tu Página

No macular la Inmaculada.

27 de enero de 2020

Perdónanos, María, por tanto como te hemos desfigurado.
No fue mala voluntad, sino fruto del cariño.
Pero así somos los hombres: que parece que no podemos querer si no es configurando al otro a imagen de nuestros pequeños deseos.
Así te hicimos Reina a Ti, la que cantaba a Dios porque derriba a los poderosos de sus tronos.
Te atiborramos de alhajas a Ti, que nunca llevaste más brillo que el de tu propia limpieza, sólo para bendecir esas joyas
ostentosas que nunca deberían llevar nuestras mujeres .
Te dedicamos congresos y homenajes, cuyo único objeto parecía ser que no se hablase de los temas vidriosos, incómodos, difíciles y vivos.
Te hicimos aparecer a unos y a otros para condenar revoluciones y afanes de progreso, a Ti que callabas siempre.
Que sólo hablaste una vez para pronunciar las palabras más subversivas de la historia.
Compréndelo María: ¿puede un hijo resignarse a saber tan poco de su madre?
De ti sólo sabemos que callabas, que guardabas en tu corazón lo que no entendías, pero «estabas»: allí, al pie de aquel patíbulo que recapituló todas las cruces de la historia.
Nosotros no entendimos tu silencio, no supimos que él es quien te enseñó a decir «hágase», y a alabar al Señor porque mira a los humillados, y es el Dios de los pobres, y despide vacíos a los ricos, los poderosos y los fatuos.
Enséñanos, al menos, a creer en ese Dios, y en ningún otro, ni aunque nos lo prediquen los ministros de la Iglesia y aunque esa fe nos obligue a decir «hágase» muchas veces.
Y perdónanos, Madre, si también te pedimos que con todos tus nombres: de Montserrat, de Talpa o del Rocío, de Aránzazu, del Pilar, Czestochowa o Guadalupe,vengas un día a devolver todas tus joyas,para que no deformen tu aparencia, y sirvan a los pobres de la tierra.
Hazlo Tú, madre, porque quienes deberíamos hacerlo no tendremos valor para ello, aunque lo pidan los papas o la tradición de nuestra Iglesia.
Y a tantas mujeres, benditas contigo, hermanas tuyas en tanta discreción no aparente, en servicio callado, y en el dolor secreto, libéralas por fin, sin alharacas y sin que introyecten modelos masculinos como sus ideales de persona.
Y déjame cantar contigo que mi alma glorifica al Señor porque te hizo.

Fuente/Autor: – José Ignacio González –

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