La juventud es un tiempo bendito para el joven y una bendición para la Iglesia y el mundo.

Papa Francisco, Christus Vivit 135
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Navidad

27 de enero de 2020

No es el tiempo en el que más se reza, sino en el que más se compra.
No es el tiempo en el que más nos arrodillamos, sino en el que más nos adornamos y nos divertimos.
No es el tiempo en el que vivimos pendientes de la señal de la estrella para encontrar al niño Dios, sino pendientes de los anuncios de la televisión y la propaganda para encontrar lo que deseamos adquirir y lo que queremos estrenar.

¡Qué alteración de vida, qué frenesí en las calles, qué tumulto en la tiendas! ¡Cuánta vanidad, compromisos, felicitaciones y endeudamientos!
Las tiendas se abarrotan porque todos quieren “cosas”. Y la gruta está vacía porque pocos quieren fe.
Todos están adorando su dinero y desperdiciando la riqueza de su salvación.

Hay culto de comercio, no adoración de Dios.
Hay religión de banquetes, no fuego de pesebre.
Hay fe de postalitas, no de espíritu divino.
Hay luces de foquitos, no de corazones encendidos.

Se abren las puertas para Dios y ¡entra el mundo! Abren los salones para los ricos y se olvidan de los pobres y de los tristes. Se pregona la gran verdad y parece una gran mentira. Suenan las campanas, se prenden los arbolitos, se aturden los hombres, todos comprometidos con la sociedad, pero desprevenidos del Salvador del Mundo.
Como si el alma fuera un paquetito con moño de regalo, y el corazón, un ornamento de vitrina, y Dios, una bonita historia sin trascendencia en nuestra vida.
Todos se apresuran a cumplir las órdenes de la moda y de la sociedad, y pocos se detienen a meditar en el mandamiento del amor y en el sentido del misterio.

Porque no puedes arrodillarte y a la vez desenfrenarte. No puedes rezar en la iglesia y a la vez aplaudir el vicio fuera de ella; mirar el cielo y enlodar la tierra; pararte en el mundo y disfrazarte de lo que te convenza.

No hay más que un niño Dios para llevar la luz al fondo de tu corazón. No hay más que una estrella para cuidar tus pasos.

Y si quieres proteger tu vida, no hay más que una Gruta para resguardarte.

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