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Mensaje Final: III Asamblea Ecuménica Europea

27 de enero de 2020

: «¡La luz de Cristo ilumina a todos!»
SIBIU, lunes, 10 agosto 2007 (ZENIT.org).- Publicamos el Mensaje Final de la III Asamblea Ecuménica Europea (www.eea3.org), celebrada en Sibiu (Rumanía) del 4 al 9 de septiembre, con la participación de 2.500 delegados católicos, ortodoxos y protestantes en torno al lema «¡La luz de Cristo ilumina a todos!».

La reciente asamblea se ha basado en las precedentes de Basilea (1999) y Graz (1997), y en la «Charta Oecumenica» de Estrasburgo [firmada en 2001 por la CEC –Conferencia de las Iglesias Europeas, que reúne a las confesiones cristianas excepto a la Iglesia católica– y el CCEE –Consejo de las Conferencias Episcopales católicas de Europa], la cual busca promover la colaboración entre las Iglesias y confesiones cristianas de Europa –evitando hacerse competencia– en el anuncio del único Evangelio, así como dar un alma a la nueva Europa y promover las relaciones con el resto de los creyentes y no creyentes.

* * *

III ASAMBLEA ECUMÉNICA EUROPEA
Sibiu, Rumanía
4 – 9 septiembre 2007

MENSAJE FINAL DE LA ASAMBLEA
SÁBADO, 8 DE SEPTIEMBRE DE 2007
FESTIVIDAD DE LA NATIVIDAD DE LA VIRGEN MARÍA

¡La luz de Cristo ilumina a todos!

Nosotros, peregrinos cristianos de toda Europa y más allá, damos testimonio del poder transformador de esta luz, que es más poderosa que las tinieblas, y la proclamamos como esperanza que abraza todos los aspectos para nuestras Iglesias, para toda Europa y para el mundo entero.

En el nombre del Dios Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, nos hemos reunido en la ciudad de Sibiu, Rumanía (4-9 de septiembre de 2007). Esta Tercera Asamblea Ecuménica Europea se ha caracterizado por la riqueza de la espiritualidad y de la tradición ortodoxa. Recalcamos y renovamos los serios compromisos que ya hemos asumido en Basilea y en Graz y lamentamos que, hasta ahora, no hemos conseguido tener fe en algunos de ellos. Con todo, nuestra confianza en el poder transformador de la luz de Cristo es más fuerte que la oscuridad de la resignación, del fatalismo, del temor y de la indiferencia.

Nuestra Tercera Asamblea Ecuménica comenzó en 2006 en Roma y prosiguió en 2007 en Wittemberg. En el marco de esta peregrinación ecuménica se han organizado numerosos encuentros regionales, además del de las Iglesias ortodoxas en Rodas y el de jóvenes en St. Maurice. Acogemos con alegría el empeño de los jóvenes y la contribución que han ofrecido a la Asamblea. Asistida y motivada por la Charta Oecumenica, nuestra Asamblea ha llevado adelante el trabajo iniciado en las asambleas precedentes y han representado una ocasión para un intercambio de dones y de enriquecimiento recíproco.

No estamos solos en esta peregrinación. Cristo está con nosotros y en la gran nube de los testigos (Hb 12,1), los mártires contemporáneos nos acompañan: el testimonio de sus vidas y de sus muertes nos inspira a nivel individual y como cuerpo. En comunión con ellos, nos comprometemos a actuar de manera que la luz de Cristo transfigurado resplandezca por medio de nuestros testimonios, profundamente arraigados en la oración y en el amor. Esta es nuestra humilde repuesta al sacrificio de sus vidas.

LA LUZ DE CRISTO EN LA IGLESIA

La luz de Cristo nos lleva a vivir para los demás y en comunión entre nosotros. Nuestro testimonio a favor de la esperanza y de la unidad por Europa y por el mundo será creíble sólo si proseguimos nuestro camino hacia la unidad visible. Unidad no significa uniformidad. Existe un enorme valor al volver a experimentar esa koinonia y en el intercambio de esos dones espirituales que han dado fuerza al movimiento ecuménico desde el principio.

En Sibiu hemos sentido de nuevo la dolorosa herida de la división entre nuestras Iglesias. Esto afecta también a nuestra compresión de su unidad. Los evidentes desarrollos históricos y culturales en el cristianismo oriental y occidental han contribuido a estas diferencias, y su comprensión exige nuestra urgente atención y un diálogo permanente.

Estamos convencidos de que la familia cristiana ampliada debe afrontar las cuestiones doctrinales y debe también buscar un consenso más amplio respecto a los valores morales derivados del Evangelio y un estilo de vida creíble que testimonie en el gozo la luz de Cristo en nuestro exigente mundo laico moderno, en la esfera privada así como en la pública.

Nuestra espiritualidad cristiana constituye un tesoro precioso: una vez abierto, revela la variedad de sus riquezas y abre nuestros corazones a la belleza del rostro de Jesús y al poder de la oración. Sólo si estamos más cerca de nuestro Señor Jesucristo nos podemos acercar más entre nosotros y experimentar la verdadera koinonia. No podemos dejar de compartir estas riquezas con todos los hombres y las mujeres que buscan la luz en este continente. Los hombres y las mujeres espirituales comienzan con la propia conversión y esto lleva a la transformación del mundo. Nuestro testimonio ante la luz de Cristo se corresponde a un empeño fiel a escuchar, vivir y compartir nuestras historias de vida y de esperanza que nos han modelado como discípulos de Cristo.

Primera recomendación: Recomendamos renovar nuestra misión como individuos creyentes y como Iglesias para proclamar a Cristo como la Luz y el Salvador del mundo.

Segunda recomendación: Recomendamos proseguir el debate sobre el reconocimiento recíproco del bautismo, teniendo en cuenta los importantes resultados sobre este tema en diversos países y siendo conscientes de que la cuestión está profundamente conectada con una comprensión de la Eucaristía, del ministerio y de la eclesiología en general.

Tercera recomendación: Recomendamos encontrar los modos de experimentar las actividades que nos unan: la oración del uno por el otro y por la unidad, peregrinaciones ecuménicas, formación teológica y estudio en común, iniciativas sociales y diaconales, proyectos culturales, sostener la vida de la sociedad basada en los valores cristianos.

Cuarta recomendación: Recomendamos la participación completa de todo el pueblo de Dios y, en esta Asamblea en particular, a prestar atención al llamamiento de los jóvenes, de los ancianos, de las minorías étnicas, de los discapacitados.

LA LUZ DE CRISTO PARA EUROPA

Sostenemos que todo ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,27) y merece el mismo grado de respeto y amor aunque haya diferencias de credo, cultura, edad, género, origen étnico, desde el inicio de la vida hasta la muerte natural. En la conciencia de que nuestras raíces comunes son mucho más profundas que nuestras divisiones, mientras buscamos la renovación y la unidad y entender el papel de las Iglesia en la sociedad europea de hoy, nos hemos concentrado en el encuentro con las personas de otras religiones. Conscientes, en particular, de la relación única que tenemos con el pueblo judío en cuanto pueblo de la Alianza, rechazamos todas las formas contemporáneas de antisemitismo y, junto a ellas, queremos promover Europa como un continente libre de toda forma de violencia. En nuestra historia europea ha habido períodos de duros conflictos, pero también ha habido etapas de coexistencia pacífica entre las personas de todas las religiones. Hoy no existe otra alternativa al diálogo: no una componenda, sino un diálogo de la vida en el que podamos decir al verdad en el amor. Necesitamos todos aprender más sobre todas las religiones, y las recomendaciones de la Carta Ecuménica habría que desarrollarlas ulteriormente. Dirigimos un llamamiento a nuestros hermanos cristianos y a todos cuantos creen en Dios para que respeten el derecho de las demás personas a la libertad religiosa, y expresamos nuestra solidaridad respecto a las comunidades cristianas que viven en Oriente Medio, en Irak o en otras partes del mundo como minorías religiosas y sienten que su existencia está amenazada.

Encontrado a Cristo en nuestros hermanos y en nuestras hermanas en la necesidad (Mt 25, 44-45), iluminados a la vez por la luz de Cristo, nosotros, cristianos, de acuerdo con los mandamientos de la Biblia por la unidad de la humanidad (Gn 1, 26-27), nos comprometemos: a arrepentirnos del pecado de la exclusión, a profundizar en nuestra comprensión de la «alteridad», a defender la dignidad y los derechos de cada ser humano, a asegurar la tutela de quienes más la necesitan, a compartir la luz de Cristo que otros trajeron a Europa. Hacemos un llamamiento a los Estados europeos a fin de que pongan fin a la injustificable detención administrativa ilegal de los migrantes, realicen todo esfuerzo para asegurar la inmigración regular, la integración de los migrantes, de los refugiados y de quienes piden asilo, apoyen el valor de la unidad de la familia y combatan el tráfico de seres humanos y su explotación. Dirigimos un llamamiento a las Iglesias para que intensifiquen su atención pastoral de los inmigrantes vulnerables.

Quinta recomendación: Recomendamos que nuestras iglesia reconozcan que los inmigrantes cristianos no son simples destinatarios de atención religiosa, sino que pueden desempeñar un papel completo y activo en la vida de la Iglesia y de la sociedad; que ofrezcan una mejor atención pastoral para los migrantes, los demandantes de asilo y los refugiados; que promuevan los derechos de las minorías étnicas en Europa, en particular del pueblo gitano.

Muchos de nosotros estamos agradecidos por haber podido experimentar profundos cambios en Europa en las últimas décadas. Europa es más de la Unión Europea. Como cristianos compartimos la responsabilidad de plasmar Europa como un continente de paz, solidaridad, participación y sostenibilidad. Apreciamos el empeño de las instituciones europeas: la UE, el Consejo de Europa y la OSCE por un diálogo abierto, transparente y regular con las Iglesias de Europa. Los más altos representantes nos han honrado con su presencia y han expresado en tal modo un fuerte interés en nuestro trabajo. Debemos afrontar el desafío de llevar energía espiritual a este diálogo. Europa nació como un proyecto político para garantizar la paz y ahora debe transformarse en una Europa de los pueblos, más que en un espacio económico.

Sexta recomendación: Recomendamos desarrollar la Carta Ecuménica como directriz capaz de estimular nuestro camino ecuménico en Europa.

LA LUZ DE CRISTO PARA EL MUNDO ENTERO

La Palabra de Dios nos interpela a nosotros y a nuestra cultura europea: ¡los que viven ya no deberían vivir para sí mismos, sino por aquél que ha muerto por ellos y ha resucitado! Los cristianos deben estar libres del temor y de la insaciable avaricia que nos empuja a vivir para nosotros mismos, impotentes, prevenidos y cerrados. La Palabra de Dios nos invita a no desperdiciar el precioso patrimonio de aquellos que en los últimos 60 años han trabajado por la paz y la unidad en Europa. La paz es un don extraordinario y precioso. Países enteros aspiran a la paz. Pueblos enteros esperan ser liberados de la violencia y del terror. Nos comprometemos con apremio a renovar nuestros esfuerzos por estos objetivos. Rechazamos la guerra como instrumento para la resolución de los conflictos, para los cuales promovemos los medios no violentos, y expresamos nuestra viva preocupación por el rearme militar. ¡La violencia y el terrorismo en nombre de la religión son una negación de la religión!

La luz de Cristo resplandece en el término «justicia», uniéndola con la misericordia divina. Así iluminada, escapa a cualquier pretensión ambigua. En todo el mundo –también en Europa— el actual proceso de la radical globalización del mercado está profundizando la división de la sociedad humana entre vencedores y vencidos, disminuye el valor de innumerable personas, tiene implicaciones catastróficas en términos ambientales y, de forma específica en lo relativo a los cambios climáticos, no es compatible con un futuro sostenible de nuestro planeta.

Séptima recomendación: Exhortamos a todos los cristianos europeos a sostener firmemente los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas como medida práctica urgente para aliviar la pobreza.

Octava recomendación: Recomendamos que, por parte del CCEE y de la CEC, junto a las Iglesias de Europa y a las Iglesias de los demás continentes, se ponga en marcha un proyecto consultivo que afronte las problemáticas de la responsabilidad europea respecto a la justicia ecológica, ante la amenaza de los cambios climáticos; la responsabilidad europea en relación con un adecuado planteamiento de la globalización, así como respecto al pueblo gitano y las demás minorías étnicas europeas.

Hoy más que nunca reconocemos que África, un continente ya íntimamente unido con nuestra historia y con nuestro futuro, experimenta niveles de pobreza ante los cuales no podemos permanecer indiferentes e inactivos. Las heridas de África han conmovido el corazón de nuestra Asamblea.

Novena recomendación: Recomendamos sostener las iniciativas para la cancelación de la deuda y la promoción del comercio equitativo y solidario.

A través de un diálogo sincero y objetivo, contribuyamos y promovamos la creación de una Europa renovada en la que los inmutables principios y valores morales cristianos, obtenidos directamente del Evangelio, sirven de testimonio y nos impulsan a un compromiso activo en la sociedad europea. Nuestra tarea consiste en promover estos principios y valores, no sólo en la vida privada, sino también en la esfera pública. Deseamos cooperar con las personas de las demás religiones que comparten nuestra preocupación por crear una Europa de los valores que prospere también política y económicamente.

Preocupados por la creación de Dios, rogamos una mayor sensibilidad y respeto por su maravillosa diversidad. Trabajemos para contrarrestar su vergonzosa explotación a causa de la cual toda la creación gime esperando la redención (Rm 8, 22-23) y comprometámonos por emplearnos en la reconciliación entre la humanidad y la naturaleza.

Décima recomendación: Recomendamos que el período entre el 1 de septiembre y el 4 de octubre se dedique a orar por la protección de la creación y a la promoción de estilos de vida sostenibles para contribuir a invertir la tendencia del cambio climático.

Rendimos homenaje a cuantos han contribuido a este camino, en particular a los jóvenes de Young Oikumene, que han exhortado a los participantes de esta Asamblea a ser valientes en vivir el Evangelio, nos unimos en la oración.

Oh Cristo, Verdadera Luz que ilumina y santifica a cada ser humano que viene a este mundo : haz que brille sobre nosotros la luz de tu presencia, para que en ella podamos contemplar la luz inaccesible, y guía nuestros senderos para poner por obra tus mandamientos. Danos la salvación y llévanos a tu reino eterno, porque Tú eres nuestro Creador y Dador de todo lo que es bueno. Nuestra esperanza descansa en Ti y te damos gloria, ahora por siempre. Amen.

Fuente/Autor: Zenit

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