Para salir de una pandemia, es necesario cuidarse y cuidarnos mutuamente.

Papa Francisco
El pensamiento cristiano pierde a Paul Ricoeur
01/27/2020
23 de octubre: primera celebración de canonización del pontificado de Benedicto XVI
01/27/2020

Testimonios

MANUEL APARICI, PIONERO DE LOS CURSILLOS DE CRISTIADAD

27 de enero de 2020

El Siervo de Dios Manuel Aparici Navarro, ¡coloso de Cristo, de su Iglesia y del Papa!, desde su fulgurante conversión y entrega a Cristo, a sus veinticinco años, en unos Ejercicios Espirituales ignacianos, a los que fue animado por su madre, asumió su responsabilidad cristiana como laico con una generosidad heroica y deslumbrante, militando en la Acción Católica, de la que fue Presidente Nacional de la Juventud de 1934 a 1941 –la etapa más dura del siglo XX en España– y, una vez ordenado sacerdote, Consiliario Nacional de esa misma Juventud desde 1950 a 1959, teniendo que cesar por grave enfermedad que el 28 de agosto de 1964 le abrió las puertas del Paraíso. Él fue el pionero de los Cursillos de Cristiandad.

El 1 de febrero de 1936 era recibido en audiencia especial por Su Santidad el Papa Pío XI –era la segunda vez que recibía a Manuel Aparici en audiencia especial– a quien le expuso el proyecto de la gran peregrinación juvenil de 100.000 jóvenes a Santiago de Compostela para 1937.

Le dice: «Las almas huyen del Señor; por todas partes la apostasía y el materialismo aumenta; allí en España tenemos un sepulcro casi olvidado entre sombras de paganía; pero él guarda los restos de un Apóstol. ¡Padre! déjanos que convoquemos junto a sus cenizas a las Juventudes de Acción Católica de las Españas. Allí aprenderemos su lección. Y las Juventud de Acción Católica de la Hispanidad será un solo apóstol. Se llenará de tu angustia por las almas y se aplicará del todo a tu servicio».

El Santo Padre acogió el proyecto con gran satisfacción, dándoles su bendición más paternal, amplia y generosa para la Peregrinación y para el Congreso.

Un año después de que el Papa le diera su bendición para tan ambicioso proyecto, el 14 de marzo de 1937, éste promulga la Encíclica “Mit Brennender Sorge” por la que urgía una Cristiandad «ejemplo y guía para el mundo profundamente enfermo».

Puede pensarse: ¿Acaso el ofrecimiento de Manuel Aparici al Papa Pío XI, de hacer de las Juventudes Católicas del Mundo Hispánico un sólo apóstol, sugirió en la mente del Santo Padre la idea de una «Cristiandad ejemplar»?

En todo caso, si entonces él aspiraba a que España y los pueblos hispanos formasen la Vanguardia de aquella Cristiandad ejemplar urgida por el Papa Pío XI, hoy, cuando la mitad de los fieles católicos son de habla hispana, constituye una exigencia el que la Comunidad católica iberoamericana se esfuerce por ser de verdad Vanguardia de nueva Evangelización, esa nueva Evangelización a que nos urge S.S. Juan Pablo II.

Manuel Aparici vivió entusiasmado y volcado con la idea peregrinante como medio apostólico para «remar mar adentro» y alcanzar la santidad, a la que todos estamos llamados, como la suprema maravilla de la vida cristiana. Ofreció como consigna el vehemente deseo de uno de sus preclaros hermanos dirigentes, Antonio Rivera Ramírez, que decía: «Para Santiago Santos», y el mismo explicaba el sentido de esta peregrinación como alto ideal de sanidad y apostolado, con una frase típicamente suya y que entre nosotros ha quedado como una definición de lo que es la vida cristiana: «Peregrinar es caminar por Cristo al Padre, a impulsos del Espíritu Santo, con la ayuda de María, llevando consigo a los hermanos».

Tal era la fuerza y la pasión que el Siervo de Dios puso en aquel ideal peregrinante, que toda su vida y su obra está impregnada de este ideal, y apoyado en él, como trampolín eficaz, supo hacer vibrar a toda la juventud, impulsando a la búsqueda de la inefable amistad con Cristo por medio de «la vida de Gracia consciente, creciente y comunicada» como meta del servidor de Cristo.

En el mismo sentido, este gran apóstol seglar, utilizó la mística y la praxis peregrinante como pedagogía militante y llamada universal a la santidad, para «llevar almas de joven a Cristo inyectando en sus pechos la fe», como rezaba el himno de la Juventud. Multiplicó por cinco los 20.00 jóvenes asociados a la Acción Católica, llegando a más de 100.000, y de los 400 centros parroquiales implantó más de 2.000 centros por toda la geografía hispana. Como «centinela de la Casa de Israel» tocó a rebato llamando a la juventud a despertar del sueño en que yacía y estimularles a caminar con Cristo, invitando para que todos se pusieran en marcha hacia Santiago, como símbolo de la Jerusalén celestial, los que pudiesen, personalmente, y todos espiritualmente. Por eso el eco de la Peregrinación fue inmenso, ya que todos los jóvenes nos sentimos llamados. Muchos pudieron asistir personalmente y muchos más aún lo hicimos espiritualmente ya que, por diversas causas no pudimos ir materialmente a Santiago, pero vibramos con la misma ilusión y el mismo ideal.

El Siervo de Dios creó en 1940 y extendió por toda España los Cursillos de Adelantados de Peregrinos, con el fin de dar contenido, espiritual y apostólico, a la preparación de aquella peregrinación jacobea, movilizando a toda la juventud para dar a conocer a Cristo, proclamar su Evangelio, alcanzar la santidad y asumir un compromiso apostólico.

Los contenidos de aquellos Cursillos de Adelantados de Peregrinos eran profundamente teológicos, cristológicos, eclesiales y antropológicos, con una pedagogía activa y festiva, de manera que cualquiera que participase le resultaban impactantes y muy positivos. Estos Cursillos propiciaron la incorporación de nuevos jóvenes a las filas de la Acción Católica. De estos Cursillos y de estos jóvenes, cuyo líder indiscutible era Manuel Aparici, nacieron los Cursillos de Cristiandad. El antecedente, por tanto, de los referidos Cursillos de Cristiandad son los Cursillos de Adelantados de Peregrinos.

En la Diócesis de Mallorca fue donde se iniciaron los Cursillos de Cristiandad. Se celebraron seis Cursillos de Adelantados de Peregrinos por dirigentes nacionales. Los Cursillos de Jefes de Peregrinos, también creados por Manuel Aparici, los dieron en aquella Diócesis los miembros del Consejo Diocesano.

El sacerdote D. Sebastián Gayá Riera, que en aquellos años era Consiliario Diocesano de los Jóvenes de Acción Católica de Mallorca, comenta sobre el resultado de aquellas experiencias: «La Juventud se iba movilizando, cada día era mayor la ilusión y entrega. Tres mil y pico jóvenes subimos una noche de abril hasta el Santuario de Santa María de Lluc, y muy cerca de setecientos llegamos a Compostela. El clima espiritual que se vivía, nos hacía presentir que “aquello” no podía clausurarse cuando los peregrinos archiváramos nuestros bordones, aquello sería sólo el prólogo; era mucho lo que se había vivido, para que todo se quedara en el recuerdo de un camino a Santiago».

Los Jóvenes de Acción Católica de Mallorca, que tenían un gran celo apostólico, fueron los que, partiendo de estos antecedentes, con el respaldo de su Obispo, Mons. Hervás, que se volcó con ilusión y generosidad sin límites sobre este proyecto, pusieron el nombre de Cursillos de Cristiandad y dieron el primero del 7 al 10 de enero de 1949. a los cuatro meses de clausurada la Peregrinación, con 21 candidatos, resultando un exitazo. Siguieron dando otros Cursillos en aquellas Islas Baleares con idénticos resultados, llegando a ser la principal actividad de los Jóvenes de Acción Católica, como lo fue años más tarde del Consejo Superior, utilizando los Cursillos de Cristiandad como medio extraordinario de evangelización.

Así llegaron hasta el Año Mariano de 1954, en el que siendo Consiliario Nacional de los Jóvenes de Acción Católica D. Manuel Aparici, decidió traer los Cursillos a la Península, como respuesta pastoral a la crisis de la juventud de aquellos años, proponiéndose con este medio: a) Utilizarlos como medio evangelizador para toda la juventud: b) revitalizar el espíritu apostólico de los Jóvenes de Acción Católica y c) ofrecer a la Iglesia en España una cantera de militantes en sus parroquias.

Tuvo lugar el primer Cursillo de Cristiandad en la Península, que correspondía al número 99 de Palma de Mallorca, del 11 al 14 de mayo de 1954, en la Casa de Ejercicios de Toledo, por estar muy cerca de Madrid. Participamos en aquel Cursillo los miembros del Consejo Superior de los Jóvenes de Acción Católica, un grupo numeroso de jóvenes muy diferentes, muchos de ellos apartados de la práctica religiosa y tres miembros del Consejo Diocesano de Toledo, del que un servidor era Presidente. D. Manuel Aparici actuó como Director Espiritual, junto al Consiliario de Mallorca el Rvdo D. Juan Capó y D. Eduardo Bonín, de Rector seglar, que era Presidente Diocesano de Mallorca, con otros dirigentes de aquella Diócesis como “profesores” o “rollistas”, que así se llaman en el argot de este método.

En aquellos años sólo se daban los Cursillos para jóvenes. Cuando el Dr. Hervás llegó de Obispo a Ciudad Real comenzaron a darse para hombres también y más tarde para mujeres y todos los miembros del Pueblo de Dios.

Debo resaltar, como testimonio apostólico impresionante, que desde entonces, el Siervo de Dios Manuel Aparici se entregó de forma heroica dirigiendo estos Cursillos de Cristiandad por todas las Diócesis españolas. Le acompañé como dirigentes seglar en varios Cursillos (75 en total) hasta que tuvo un grave infarto, del que no se recuperó, teniendo que dejar la Consiliaría Nacional, pero todo ese tiempo ya postrado en una silla de ruedas y con muchas dificultades y problemas, de lo que soy testigo, abrazando su cruz con el mismo gozo que vivía su fe, dando testimonio luminoso de Jesucristo y su Evangelio.

Aunque el genial pionero de los Cursillos de Cristiandad, D. Manuel Aparici, jamás pensó hacer de éstos un nuevo Movimiento, porque él los concebía como un instrumento pastoral, era lógico que el estilo peculiar de este método, por su clima emotivo, por su fuerza de arrastre, su argot, por las reuniones periódicas que propone, las “Ultreyas” (palabra heredada de la Peregrinación), por la formación de la Escuela de profesores y por sus slogans –repetidos sin cesar– desde primera hora tendía a ser un nuevo Movimiento con características propias, como así ha sido reconocido jurídicamente en la Iglesia Católica por el Decreto del Pontificio Consejo para los Laicos, del 30 de mayo de 2004, reconociendo el Organismo Mundial de los Cursillos de Cristiandad y aprobando el Estatuto de dicho Organismo, de lo cual todos nos congratulamos. Por otro lado, esto es algo normal en la Ación Católica, ya que por su finalidad «todo el fin de la Iglesia», por su eclesialidad y fecundidad apostólica, ha dado a luz montones de obras, instituciones, movimientos y realidades de todo tipo, ofreciéndoselos a la Iglesia Universal y a la Sociedad, sin que sean patrimonio propio.

Tengo la certeza, por conocer al Siervo de Dios Manuel Aparici –con el que me dirigí durante 15 años hasta que por su grave enfermedad ya no pudo–, por su probada fidelidad y donación total a Jesucristo y a su Iglesia, que él gozará inconmensurablemente al ver desde el Cielo cómo su labor, respondiendo a la Gracia de Dios, ha dado como uno de sus frutos más preclaros el Movimiento de Cursillos de Cristiandad.

Fuente/Autor: José Díaz Rincón, ex-miembro del Pontificio Consejo para los Laicos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *