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MADRE ERES TERNURA

27 de enero de 2020

Esta frase con la que comienza un canto religioso, resume excelentemente lo que en muchos casos la presencia de una madre significa. Sí, ciertamente no en todos los casos la experiencia materna es la misma, ni en todos los casos la presencia materna es lo mejor; pero la presencia de la mamá en nuestras vidas juega un papel muy importante.
La ternura de una madre para con sus hijos e hijas refleja el amor con el que fueron concebidos. Esta experiencia de amor primero que tenemos al contacto con nuestras mamás, nos ayuda en nuestra vida cuando ha sido positiva, a conectarnos con la presencia de Dios y con la relación amorosa con Dios en nuestras vidas.

LA MATERNIDAD ES UNA VOCACIÓN

Hablar de la maternidad no solamente nos lleva a quedarnos en la experiencia biológica o en el hecho estadístico de un bebé más en el mundo; hablar de la maternidad también nos lleva a conectarnos con la experiencia vocacional.
La maternidad es un llamado de Dios que no todas las mujeres experimentan en sus vidas, y puede quedarse solamente en el hecho biológico si la mamá no asume su opción de traer un bebé al mundo. La maternidad es un llamado de Dios que se encarna en el corazón de una mujer y que con su respuesta generosa da vida no solamente a un nuevo ser sino al Plan de Salvación de Dios y cumple en ella el Proyecto de Vida que Dios le concede y favorece la posibilidad de una nueva vida y de un nuevo Proyecto del Plan de Salvación.

EL LLAMADO NECESITA DE UNA RESPUESTA

Dios llama, y este llamado no es automático como si las cosas ya estuvieran predispuestas. Lo valioso de la vocación a la maternidad como cualquier otra vocación está en la respuesta generosa de amor de la persona que recibe este llamado.
En la vocación a la maternidad, Dios lleva a cabo el Plan de Salvación no como una imposición, sino que este Proyecto encuentra su plenitud en la respuesta amorosa de una mujer que desea de corazón llevar a cabo a través de su opción una respuesta de amor.
Sin esta respuesta generosa, el llamado no cumple su plenitud. Solamente se traduce en un “mandato” de Dios que “tiene que cumplirse” y al hacer esto, estamos dejando de lado la parte más valiosa del amor: el amor es diálogo, es dar y recibir, es respuesta a una propuesta. En este caso es cuando nos encontramos con mujeres plenamente realizadas, que pueden llevar a cabo el Proyecto de Dios sin sentir que es una carga pesada que es difícil de llevar.
Tal vez, esta sería la respuesta al problema de tantos niños y niñas abandonadas, o de tantos niños y niñas lastimados por sus propias madres y que crecen preguntándose qué ha salido mal en sus vidas sin lograr entender dónde está el problema.

EL LLAMADO SE ENCARNA EN EL CORAZÓN DE LA MUJER

Lo que voy a decir a continuación, lo digo con todas las limitaciones del caso porque quiero presentar el tiempo de embarazo de una forma demasiado romántica. Sí, estoy consciente de que no todos los embarazos suceden de forma consciente, intencional y amorosa. Para este tema quiero tocar la maternidad desde el punto de vista vocacional de respuesta al llamado de Dios.
Me gusta pensar en el embarazo como este tempo en el que la mujer encarna en su corazón la respuesta a Dios. Es decir, el Sí de la maternidad no es solamente al momento de la concepción, no es solamente al momento de conocer la noticia del embarazo; el Sí, se extiende al tiempo de gestación, al momento del parto, al momento de educar, de alimentar, de preocuparse, de animar, de acompañar al hijo o a la hija durante su vida hasta el momento de poder “devolvérselo(a)” a Dios cuando el hijo o la hija decide responder a Dios con su vida como proyecto.
Para esto se “prepara” la mujer al responder día con día al Plan de Dios, con esta encarnación del llamado en el corazón de la mujer cobran sentido las nauseas, los mareos, las incomodidades, las dificultades, el sufrimiento, los dolores, y todo lo que encierra el embarazo. Por ello no pesa el bebé que se “lleva dentro” y por ello no se busca en la propia comodidad.
Es una lástima que a veces los hombres no vemos más allá de la parte física y buscamos de verdad “acompañar” a una mujer durante este tiempo de gestación en el que la respuesta a Dios se va fraguando.

EL LLAMADO DESEMBOCA EN LA MISIÓN

Finalmente, como ya he señalado anteriormente, la maternidad no se reduce a la parte física, sino que va más allá: la maternidad se traduce en misión.
No es solamente el hecho de dar la vida, son de abrir la posibilidad a un nuevo proyecto de Dios. El primer servicio de la maternidad, entendiendo servicio como donación, es hacia el hijo o hija producto de esa respuesta a Dios.
Este servicio acompaña la vida de la mamá y de su hijo(a), y los une de una forma especial. Es un llamado de amor que puede desembocar una nueva cadena de amor cuando el hijo o la hija responden a su propio llamado. En esta realización, la mamá encuentra su realización vocacional. No ha sido solamente el traer un nuevo ser al mundo sino de ayudar a esta criatura a descubrir su propio Proyecto de Vida y lo pueda llevar a cabo.

MARÍA: LA IMAGEN DE LA MATERNIDAD

Hablar de la Virgen María como Madre no solamente es reconocer en ella la imagen materna que nos ayuda a vivir nuestra fe. No solamente es llamarla con un título que nos permita sentirnos “conectados” con Dios. Hablar de María como nuestra Madre es relacionarnos con la propia experiencia vocacional de María y su respuesta de amor.
La Virgen María tal vez no asumió de golpe todo lo que implicaba ser la Madre de Jesús; sin embargo, su vida se convirtió en una respuesta de amor al Plan de Dios. Tal vez ella no sabía todo lo que iba a “vivir” al decir Sí a Dios, ella supo solamente que Dios le hacía una invitación a ser la Madre de Jesús, y ella aceptó. Lo que María si supo fue corresponder durante su vida al llamado de Dios y eso la llevó a acompañarlo hasta la cruz, a compartir con Él su misión y a continuar el Plan de Salvación. Mará supo asumir su condición de Madre de Dios y a responder día a día a esta invitación.
Esto es lo que es admirable en María, esto es lo que le ha dado un lugar muy especial en la Historia de la Iglesia y en la Historia de la Salvación. Más allá del hecho físico de la maternidad de María, lo que los Católicos veneramos en esta mujer es su respuesta a Dios, su perseverancia en la respuesta, su decisión de llevar esta respuesta hasta el fin, y el haber hecho de esta respuesta la Misión de su vida.
En Marzo celebramos el Día de la Mujer, y como otros años se habló de la dignidad de la mujer, de sus derechos, de lo que falta por hacer para “darle su lugar” en la sociedad, en la iglesia, en el campo profesional y laboral.
Se habló menos del derecho a la maternidad, de continuar denunciando las esterilizaciones forzadas, de combatir el egoísmo que “impide” que muchas mujeres sueñen con embarazarse. Y se habló mucho menos de la importancia de reconocer la vocación a la maternidad, de ayudar a as mujeres a decidir su vocación.
Ojalá que el ejemplo de muchas mamás que “viven” su llamado, que asumen su maternidad como una respuesta amorosa de Dios, y que tratan de vivir su maternidad como una misión, nos ayude a asumir nuestro propio llamado, que nos ayude a vivir nuestra vocación con entusiasmo, con alegría y a dar lo mejor de nuestra vida, y que la Virgen María se vuelva nuestro modelo de entrega, de perseverancia, de constancia, y de fidelidad al Plan de Dios que busca en el Llamado que nos hace, que alcancemos nuestra propia felicidad.
Por ello, felicitamos a las mamás, a quienes han dado se respuesta al llamado de Dios, y brindamos nuestro apoyo y solidaridad para buscar que la maternidad no sea solamente cuestión de suerte, de violencia, de descuido, sino de respuesta amorosa al Plan de Dios. Felicidades Mamás en su Día, en su Mes y en su Vocación tan especial: la Vocación a la Maternidad.

Padre Chan, cs

Fuente/Autor: Padre Chan, cs

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