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27 de enero de 2020

Cierto día, el maestro reunió a todos sus discípulos, porque tenía para ellos una disertación importante. En el templo, los jóvenes albergaban inquietudes sobre su futuro; algunos procuraban ser aceptados por los mayores, otros recitaban oraciones que les garantizasen la perseverancia, y no pocos temían, creyéndose rechazados por los sacerdotes del monasterio.

De pie, delante de todos, el maestro mostró un recipiente de cristal completamente vacío.
– Así es el espíritu en los primeros momentos de la vida. Así es ahora el recipiente de vuestro corazón, les dijo. Después llenó el frasco con algunas piedras elegidas en la ribera del río.
– ¿Está lleno el frasco?, preguntó a continuación a los aspirantes.
Unánimemente, todos respondieron que sí. Después, el maestro vació un saquito de trigo sobre el mismo recipiente, agitándolo para que el trigo rellenara los huecos que habían dejado las piedras.
– ¿Está lleno ahora?, volvió a interpelar a los discípulos.
– Sí, dijeron todos, asombrados por la sagacidad de su interlocutor.
Entonces, el maestro tomó del suelo un puñado de tierra y fue vertiéndola en el recipiente. La fina arena se introdujo por los entresijos hasta colmatarlo. Todos los alumnos quedaron estupefactos, luego, el maestro añadió:
– Así son vuestras vidas, así es vuestro espíritu, y semejantes deben ser vuestros intereses. Las piedras elegidas en la ribera son las cosas importantes donde podéis asentar la voluntad: Dios, la familia, los amigos…, porque cuando todo lo demás se pierde, ellas permanecerán siempre con vosotros. Los granos de trigo representan las cosas menos importantes: el trabajo, las diversiones, los caprichos… Y la arena es todo lo demás, que por insignificante y efímera carece de valor.

Cuando os angustiáis llenando vuestro espíritu de arena, no habrá espacio para las piedras preciosas, con lo que vuestra vida quedará inacabada y el alma permanecerá eternamente insatisfecha. Estableced prioridades con lo que proporciona la felicidad, el resto es arena inservible.

Fuente/Autor: Padre José Alcázar Godoy

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