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Mundo Misionero Migrante

La puerta del deseo junto al muro de la tortilla

27 de enero de 2020

La movilidad humana es una realidad que ha traspasado todas las etapas de la historia humana. Se inicia desde las tribus trashumantes de pastores forjadores de aldeas y pueblos, pasa por los grandes asentamientos de las ciudades medievales que se establecieron, escribiendo su historia a sangre y fuego; hasta llegar a la época presente, en que millones de personas que por cultura, economía o problemas sociales o personales diversos, siguen emigrando de sus pueblos de origen a otros, o de un país a otro. El mandato bíblico indica: «Sal de tu tierra, deja la casa de tu padre, ve a la tierra que yo te mostraré»; desde aquellos días del éxodo, muchas ciudades y culturas se volvieron espejismos que nos desviaron de la verdadera heredad.

«En la solidaridad o en la falta de ésta hacia los emigrantes, nos jugamos nuestra identidad y fe cristianas, porque Cristo nos la pide en el Evangelio: “Era forastero y me acogiste”».

DESEMPLEO Y NUEVAS LEYES

Hoy, el derecho a aceptar inmigrantes se ha convertido en una concesión de los poderosos, en una condescendencia para los iguales y un rechazo para las oleadas de desempleados que sólo tienen brazos para trabajar y hambre para saciar. Las leyes que suelen llegar a las cámaras legislativas de los países del primer mundo se infectan, se retrasan y congelan. Aquí en nuestro País, en los últimos meses, muchas ciudades y pequeñas comunidades han visto disminuidas sus posibilidades económicas, pues las remesas de dinero que acostumbraban enviar los padres, hermanos, esposos e hijos que se han visto secuestradas por la absorbente economía estadounidense cuya prioridad es invertir en armamento y conflictos bélicos y no en su gente, mucho menos en la mano de obra extraña; y detrás de esta situación que clama al Cielo, se vienen cosas peores: la discriminación, la xenofobia, la represión, la persecución contra los ilegales, «los pelaos, los frijoleros, los grasientos, los morenos» que no tienen identidad, que carecen del salvoconducto para avanzar a la siguiente fila. La Administración del Seguro Social (SSA, por sus siglas en inglés), tiene la sospecha de que son más de 10 millones de irregularidades las que no tienen el carnet de seguridad social requerido para trabajar, estadísticas que andan rondando solamente el número de ilegales hispanos ubicados más allá de nuestras fronteras.

EL EMIGRANTE, GRITO CREATIVO

La emigración, además de ser una necesidad vital de los seres humanos, conlleva mucho dolor, y para algunos llega a ser un mal necesario. Se dejan atrás los soles florecientes para atravesar un cerco donde se espera hacer realidad sueños de grandeza, pero la verdad es que son más las incógnitas, los desengaños y las frustraciones que las certidumbres, y más allá de un cielo despejado a veces incluso se encuentra la muerte. La frontera estadounidense marca los límites de una patria que escupe emigrantes para aliviar su tuberculosis interna. Allá van en busca de utopías, para encontrar casi siempre todo lo contrario a lo soñado. Allá, en esa esquina del mundo, está el «muro de la tortilla», la barda que ataja el hambre y retiene el espejismo del progreso, frontera de la cual brota la sangre, que puede ser una trampa para millones de jóvenes con sueños malogrados, y donde Dios sigue siendo crucificado en cada forastero maltratado.

CHOQUE CULTURAL

Generalmente, el cambio cultural que produce la emigración es dramático, sobre todo en familias y comunidades tradicionales o indígenas. En Estados Unidos los inmigrantes tienden a resaltar y recrear la cultura mexicana, en sus comunidades de origen se inclinan por mostrar patrones de comportamiento que han adquirido en aquella nación. En consecuencia, se puede observar cómo influye en Estados Unidos la cultura mexicana y, de igual manera, el efecto en los lugares de origen de la cultura anglosajona.

Fuente/Autor: PBRO. ALBERTO ÁVILA RODRÍGUEZ

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