“Hay que hacer el bien, todo el bien posible, y hacerlo de la mejor manera posible”.

Beato Scalabrini
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Familia

La familia como primer seminario

27 de enero de 2020

El mejor lugar para crear un clima en donde los adolescentes y jóvenes puedan descubrir el llamado de Dios, encuentra en la fe vivida en cada una de las familias cristianas

La Iglesia y el mundo necesitan sacerdotes. Santos y buenos sacerdotes, capaces de llevar el Evangelio a todos hombres, de ayudarles a experimentar la acción salvadora de Cristo, la misericordia del Padre, la acción del Espíritu Santo.

Es urgente crear un clima adecuado para que muchos adolescentes y jóvenes puedan descubrir que Dios los llama. El lugar mejor para crear este clima se encuentra en la fe vivida en cada una de las familias cristianas.

Fue el Concilio Vaticano II quien señaló que existen familias “que, animadas del espíritu de fe, caridad y piedad, son como un primer seminario” (decreto “Optatam totius”, sobre la formación sacerdotal, n. 2).

Existen, gracias a Dios, familias que son “seminarios caseros”. Por eso no resulta extraño que de esas familias salga no sólo uno, sino dos sacerdotes, o también otras vocaciones a los diversos caminos de consagración a Dios.

Pero faltan tantos obreros en la mies… Hay zonas de América y África donde un sacerdote debe atender a más de 50000 personas, muchas veces esparcidas en 10, 15 o incluso 30 comunidades. En Europa las ordenaciones sacerdotales son pocas; muchos sacerdotes tienen más de 60 años, y deben atender a dos o tres parroquias al mismo tiempo. En Asia hay un número muy bajo de católicos y una necesidad enorme de misioneros que puedan llevar el Amor de Dios y la gracia de Cristo a cientos de millones de personas.

Faltan obreros para la mies… ¿No será que faltan familias que sean, de verdad, un auténtico “primer seminario”? ¿No será que no se vive a fondo la fe, que falta generosidad para abrirse a la llegada de más hijos, que no se reza para afrontar los problemas económicos, de salud o de relaciones humanas? ¿No será que los hijos no perciben una fe profunda y vital en sus padres, que no respiran en casa que Dios es un Padre bueno y que Cristo murió por nuestros pecados?

Con más familias que se tomen en serio el Evangelio, que quieran vivir a fondo la fe y la moral católica, Dios podrá llamar a más obreros a su mies. Nuestro oración al Dueño de la viña estará acompañada por un compromiso sincero de ser hijos que gozan al poder llamar a Dios “Padre nuestro”.

La generosidad brillará en tantos chicos y chicas que un día se atreverán a decir, llenos de alegría y confianza (saben que sus padres aceptarán una separación no fácil, pero vista con mucha fe), que sienten la llamada de Dios a servirle plenamente en la Iglesia.

Es realmente hermoso encontrarse con un seminario familiar… Es hermoso porque con el futuro hijo sacerdote, o con los hijos o hijas que se entreguen a Dios en la vida consagrada, el mundo recibirá nuevos obreros, la viña estará mejor cuidada, muchos hombres y mujeres escucharán que Dios los ama con locura.

Fuente/Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net

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