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Familia

la decisión vocacional

27 de enero de 2020

La Decisión Vocacional

La decisión vocacional es un acto humano que conlleva su
complejidad. Requiere destrezas y supone un pequeño proceso.
Por ello presentamos algunos criterios, que sin ser simples recetas de cocina, son ayudas prácticas.

a. La decisión vocacional es un proceso. La decisión no se toma de repente, por eso debes evitar dos peligros concretos:
las prisas de quien no admite el ritmo adecuado y la indecisión de quien nunca se decide.

b. La decisión vocacional supone conjugar tres ingredientes esenciales:
* Elegir las preferencias del Señor para la propia vida.
* Estar disponible para lo que Dios le pida.
* Deliberar en torno a dos opciones concretas sobre las cuales elegir.

c. La decisión vocacional requiere tener un conocimiento suficiente de aquello por lo que se decide. Ese conocimiento supone además de la información, determinadas experiencias de cercanía.

d. La decisión vocacional no es una decisión solamente intelectual. Hay que contar también con otro tipo de razones, que no entran dentro de nuestro esquema racional humano, como los afectos, sentimientos, etc.

e. La decisión vocacional conlleva decir “no” a determinadas cosas, para decir “sí” a lo que Dios propone; y ello llenará su corazón de gozo. Para elegir hay que saber renunciar.

2.3. RASGOS DE LA DECISIÓN VOCACIONAL

La decisión vocacional es una respuesta a una llamada de Dios: “Ven y sígueme”. A la conciencia de la llamada sigue la prontitud de la fe, la sencillez de la respuesta: “Hágase”…” Y dejándolo todo, le siguieron”.

Es este un criterio esencial para muchas respuestas vocacionales que renquean, racionalizan, pesan y miden mucho. El que mira atrás, no es digno de Aquel que se ofrece: “Heme aquí que estoy para hacer tu voluntad”.

Unos rasgos esenciales de la adecuada decisión vocacional son estos:
a. La libertad de la decisión
Sin ella, no es válida una vocación. Nos podemos encontrar con vocaciones “inducidas” por fuerzas exteriores como miedos, ideales no realizados de personas queridas, presiones…

Entre Dios y el hombre existe una relación personal dialogal intangible. Nada ni nadie puede forzar este diálogo. Esta libertad puede ser sostenida, acompañada, suscitada, pero nunca suplantada.

Cuando hay dependencias muy marcadas de las personas o de los ambientes, cuando sólo “se funciona bien” en ambientes muy protegidos y seleccionados… todo esto puede ser índice de respuestas “inducidas”, de que las respuestas no se buscan en la propia fuente interior libre, sino que, en la respuesta a dar, se identifica uno con las respuestas de otros o se agarra uno a los otros en las propias respuestas.

Este es un terreno muy delicado a discernir, porque también es verdad que las decisiones vocacionales se toman en confrontación y contraste con otros modos de ser, vivir y expresar la vocación cristiana.

b. La generosidad en la respuesta

Otro rasgo importante es el de la generosidad en la respuesta libre, que se puede manifestar como oblatividad, valentía, riesgo, sacrificio, radicalidad, desprendimiento, arrojo…

La generosidad es un signo inicial, aunque sus manifestaciones primeras no se sitúen en el núcleo de la respuesta, sino en realidades periféricas. Uno que sea generoso en lo pequeño, lo será en lo grande a medida que crezca su toma de conciencia del camino al que el Señor lo llama. Demasiadas racionalizaciones… “es muy difícil”, “las estructuras de la Iglesia”, “tengo que probarme un poco más”, “cuando termine mis estudios”…, pueden ser indicativos de tacañería y pequeñez de espíritu. Puede ser una cortina de humo ante una llamada, que se va haciendo imperiosa y esencial.

c. La rectitud en la respuesta

Todavía habría que decir una palabra sobre la rectitud y pureza de corazón de quien asume una vocación. Si una motivación no es recta, un esconder la verdad de la propia trayectoria, de la verdadera intención, invalida ya de base cualquier opción humana auténtica, (cuánto más la que se basa en la fe!).

Con todo, hay que respetar la larga maduración que en ciertos momentos necesita la respuesta y cuyo ritmo se impone. Esto no quiere decir en absoluto que haya una espera pasiva por parte del acompañante en el discernimiento. Hablamos de un camino de fe ; y la vida de fe es un proceso en curso durante toda la existencia, que no suele ser rectilíneo ni homogéneo. Hemos de respetar, por tanto, sus etapas. Resultará inútil querer dar en ese camino respuestas a preguntas, que todavía no pueden formularse.

No se trata de limitarse a medir grados de madurez, se trata de brindar ocasiones de crecimiento, de suministrar experiencias pedagógicas y de compromiso que puedan demostrar la capacidad de apreciar las dificultades en lo que realmente son y de afrontarlas con decisión.

d. En el momento de la decisión

Es el final del itinerario del acompañamiento por parte del Animador. Nada fácil es el trance de la decisión en una cultura del no-compromiso y del dejar todos los caminos abiertos… Que el tiempo y los acontecimientos decidan por sí mismos. ¿Cómo marcar pautas? Ensayemos algunas respuestas elementales:

1. No forzar
Nadie te forzará de modo alguno en la decisión por medios más o menos hábiles o coercitivos, ni mucho menos alguien podrá tomar la decisión en lugar tuyo, para resolver con prontitud tus perplejidades.
El acompañante te ayudará a re-leer las etapas anteriores de tu camino, para ir buscando la coherencia de tu vida y hacia dónde debe apuntar una respuesta vocacional consecuente.
Si desoímos las llamadas del Señor, quién sabe si se repetirán. “Si hoy escuchan mi voz, no endurezcan el corazón”. El tiempo se repite, pero no el kairós, el momento oportuno de gracia y de salvación. “Tengo temor a Señor que pasa… y a lo mejor no volverá”, sabía decir S. Agustín.

2. Tener en cuenta diversos elementos.
-De personas: En tu proceso vocacional es posible que intervenga diversas personas, y es bueno que esto pase, para que tu veas por dónde el Señor te está guiando, delante de varias propuestas.

-De ambientes. No todos los ambientes favorecen la decisión. No da lo mismo la inserción en uno u otro grupo. Así, con prudencia, conviene que busques, con la ayuda de tu acompañante el ambiente más adecuado que te ayude a crecer en tu decisión vocacional.

3. Seguir un camino personal y grupal
Tu camino vocacional necesita las dos ayudas: crecer a través de los encuentros personales con tu acompañante y seguir un proceso de crecimiento a través del grupo.

Para que un grupo pueda contribuir con éxito a la maduración vocacional de sus componentes, ha de reunir tres condiciones fundamentales:

1. Un clima de fe que lo anime y lo vaya alimentando con la Palabra de Dios, hecha oración.
2. Una pasión misionera de extender el reino de Dios en el mundo. Las experiencias apostólicas son necesarias para comprender en qué campo de la misión, la Iglesia de hoy y el mundo nos piden un compromiso cristiano.
3. La presencia de un guía maduro, testigo de la fe.

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