“No hay alegría más pura y más santa que en el atenderse unos a otros, comunicarse unos con otros”.

Beato Scalabrini
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Scalabrini

Infinitos males materiales y morales

27 de enero de 2020

De los Escritos de Juan Bautista Scalabrini

Los peligros que les esperan a los emigrantes son tales y tan numerosos, que difícilmente un hombre aún de ingenio vivo podría escabullirse totalmente de ellos. ¿Qué decir pues de los pobres campesinos que, ignorantes de todo, se confían a personas que en cada emigrante ven solamente una cosa para explotar?

Desafortunadamente aquellos que leen diarios deben recordar cierto número de hechos a veces viles, a veces trágicos, siempre tristes, en los cuales nuestros pobres hermanos que emigran aparecen en calidad de víctimas.

Algunos años atrás los diarios hablaron de centenares de emigrantes, que llegados al puerto de embarque, no sé si de Génova o de Nápoles, advirtieron que su dinero, reunido con quien sabe cuántas privaciones y quizás con la venta de los últimos enseres domésticos, había terminado en manos de un estafador. Y a consecuencia de ello lágrimas, gritos, imprecaciones y luego la vuelta al pueblo natal con gastos a cargo del Estado.

En los comienzos del invierno de 1873 llegó a Nueva York un buque con muchas familias de campesinos de los Abruzos, que habían sido embarcados por los agentes de emigración con la promesa de llevarlos a Buenos Aires, dónde los esperaban ansiosamente parientes y amigos. Esos desdichados, que habían sufrido mucho durante la travesía, se encontraron en cambio en otro lado, agotados, muy lejos de la meta de su viaje y sin medios para continuarlo.

Sin embargo, éstas pueden ser excepciones. Lo que es regla general es el modo en el cual se realiza su transporte. Hacinados peor que bestias, en número mucho mayor de lo que permitirían los reglamentos y la capacidad de los barcos, ellos hacen ese largo e incómodo trayecto, literalmente amontonados, con cuanto daño para la moral y para la salud bien pueden todos imaginar.

¿Qué decir después de la suerte todavía más lamentable que les espera una vez alcanzada la suspirada meta? Con frecuencia embaucados con artes engañosas, deslumbrados por mil promesas falsas, obligados por la necesidad, se vinculan con contratos que son una verdadera esclavitud, y los niños se encuentran encaminados por la mendicidad al delito y las mujeres lanzadas al abismo del deshonor.

Los extensos y vírgenes terrenos de América del Sur, de Brasil, de Chile son cedidos a los emigrantes directamente por los gobiernos o por sociedades privadas, que han adquirido su propiedad con fines de especulación; y después de un determinado número de años y mediante el pago de cánones convenientes, el campesino se convierte en dueño del suelo fecundado con su sudor. Los colonos, por lo tanto, instalan sus carpas entre aquellas estepas que convierten con frecuencia en prometedoras y prolíficas campiñas y esos campesinos, generalmente de una misma región y algunas veces del mismo pueblo, bautizan allá con el nombre del villorrio natal el lugar dónde la Providencia los ha lanzado.

Sin embargo, estos conglomerados si bien pueden disminuir los peligros de la emigración, haciendo menos triste y más segura la vida, pueden también, si no están bien vigilados, ser causa de infinitos males materiales y morales, ya que nuestros pobres campesinos corren el riesgo de ser enviados por los especuladores a consumir su vida sobre terrenos estériles o en lugares malsanos o mal defendidos de las fieras y de las hordas bárbaras. Todas estas cosas ya se verificaron y más de una vez la prensa y la opinión pública se conmovieron por ellas. (La emigración italiana en América – Piacenza 1887)

Fuente/Autor: Una Voz Viva

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