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Testimonios

Germán Doig, «apóstol de la nueva evangelización»

27 de enero de 2020

Misa en el quinto aniversario celebrada por el arzobispo argentino Estanislao Karlic

LIMA, martes, 14 febrero 2006

El arzobispo emérito de Paraná, monseñor Estanislao Karlic, presidió una multitudinaria Eucaristía en esta capital para conmemorar el quinto aniversario del tránsito de Germán Doig Klinge, quien fuera vicario general del Sodalicio de Vida Cristiana y coordinador general del Movimiento de Vida Cristiana.

Según informa la agencia Aciprensa, en la iglesia Nuestra Señora de la Reconciliación, el Arzobispo argentino recordó el testimonio de vida cristiana de Doig y su intensa búsqueda de la verdad. «Germán buscó conocer la verdad sobre el hombre en su cultura. Buscó conocer a su Perú y a su América Latina, a su América y a su mundo», señaló monseñor Karlic, uno de los redactores del Catecismo de la Iglesia Católica.

Asimismo, evocó su notable interés por la cultura, la pastoral latinoamericana y el significativo aporte de sus reflexiones sobre las conferencias del episcopado latinoamericano. «En esos estudios aprendió a hacer suyo el designio de Dios sobre nuestros pueblos, manifestado en el magisterio de sus pastores, que leía más de una vez, para acompañarlos con su humildad y su sabiduría en el servicio», afirmó.

«Hoy queremos celebrar el amor de Dios en Germán. Queremos meditar su sabiduría, queremos meditar su amor, queremos meditar su persona, y así entender el misterio de su muerte, como debemos procurar entender el misterio de la Muerte de Jesús, para entender nuestra propia muerte y así entender la vida. Porque desde la Muerte de Jesús, y sólo desde la Muerte de Jesús y su Resurrección entendemos nuestra muerte y nuestra vida», dijo el arzobispo ante Luis Fernando Figari, fundador de la Familia Sodálite, familiares, amigos y miembros de esta familia espiritual.

Mons. Karlic se refirió también a la «sabiduría de Germán». «La inteligencia humana, más aún cuando está iluminada por la fe, tiene sed de la verdad, de toda la verdad, y sólo descansa en la verdad de Dios», indicó.

«A Germán no le satisfizo conocer muchas cosas. Quiso conocerlas en profundidad. “Non multa, sed multum”, decimos en latín. Por eso quiso experimentar largamente, dejarse hablar por el misterio de Dios y su misericordia, dejarse hablar por el misterio del hombre, de su amor, de su libertad, de su mérito y su pecado, de la necesidad de reconciliación como persona y como humanidad. Se dejó ganar el corazón por María, luz y candor, después de Cristo, para la humanidad y la historia», agregó.

También señaló que «la armonía de la persona de Germán empezaba en la verdad de sus convicciones, ‘somos imagen de Dios’. La persona de Germán era rica de Dios y rica de humanidad».

«El lema de Germán –recordó el Prelado– era: ‘Para mí la vida es Cristo’. ¡Cuánta verdad divina! ¡Cuánta verdad humana! La mayor verdad que podemos pronunciar nosotros desde nuestra pobre humanidad”. “Su personalidad era en verdad armoniosa, armoniosa porque procedía de la armonía del Padre, porque era procedente de la armonía del Hijo y de su Amor», expresó.
Germán Doig, evangelizador y pensador peruano, fallecidó a los 43 años de edad, el 13 de febrero de 2001, tras una intensa labor al servicio de la Iglesia. El diario vaticano L’Osservatore Romano lo denominó tras su muerte «apóstol de la nueva evangelización».

Doig Klinge nació en Lima el 22 de mayo de 1957. Fue Vicario General del Sodalitium Christianae Vitae desde 1992, y Coordinador Internacional del Movimiento de Vida Cristiana desde 1985. Asimismo, fue iniciador y director del Instituto Vida y Espiritualidad y de la editorial del mismo nombre, así como de la revista de reflexión VE, desde 1985. Como invitado especial del Papa Juan Pablo II, Germán Doig participó en la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo, en 1992. Años después, en abril de 1996, fue nombrado por el Santo Padre miembro del Pontificio Consejo para los Laicos.

Asimismo, participó como auditor en la Asamblea Especial para el Sínodo de América celebrada en el Vaticano, del 16 de noviembre al 12 de diciembre de 1997. En 1999 la Pontificia Comisión para América Latina le confió dar en el Vaticano una conferencia sobre las «Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano», de las que era experto.

Fuente/Autor: Zenit

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