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Feministas o femeninas

27 de enero de 2020

Si pudimos enviar un hombre a la luna ¿por qué no enviarlos a todos? Éste es uno de los múltiples chistes que se encuadrarían dentro de los llamados chistes feministas en los que se pone de relieve lo malo y perverso que puede ser el varón para reafirmar la figura de la mujer.

No resulta fácil definir el feminismo. Algunos de forma general lo definen como el conjunto de ideas y de actividades defensoras de la igualdad de ambos sexos. Esta definición parte del hecho de que el hombre y la mujer son iguales y que han de luchar por ello, sobre todo la mujer, que parece haber sido relegada a un rol secundario en el desarrollo de la historia de la humanidad. Es evidente que existen diferencias entre el hombre y la mujer partiendo por las diferencias somáticas, pero no sólamente en éste sino que también en otros ámbitos se dan estas diferencias que no implican la necesidad de establecer una relación superior-inferior. Ya Platón puso en evidencia estas diferencias e intentó dar una explicación de las mismas en el mito del andrógino.

Sin dejar de reconocer y agradecer los logros obtenidos por los movimientos feministas en cuanto al reconocimiento de la mujer en diversos ámbitos en los que venía siendo discriminada, resulta curioso cómo algunas mujeres justifican el feminismo como el modo de liberarse del yugo impuesto por el hombre durante siglos. Parece que el feminismo tuviera necesidad del machismo para definirse a sí mismo por contraposición.

Aunque pueden encontrarse algunas manifestaciones feministas con anterioridad, las opiniones favorables a la integración social de la mujer comenzaron a cobrar cierta importancia en los ambientes liberales del siglo XVIII. Así, algunos pensadores ilustrados, entre los que se distinguió Condorcet, defendieron la igualdad entre los sexos; en el fragor de la efervescencia de la Revolución Francesa, Olimpia de Gougues, en paralelo a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, redactó en 1791, la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana; Germaine Staël dirigió una cadena de publicaciones feministas; etc

A pesar de este ambiente, cuando en 1793 un grupo de mujeres presentó una propuesta a la Convención Republicana, exigiendo la igualdad de derechos, los representantes del pueblo rechazaron esta petición y, pocos años más tarde, el Código de Napoleón consagró la muerte civil y política de la mujer, declarándola incapaz legal y sometiéndola, según los casos, a la autoridad del padre, del hermano o del marido.

En el siglo XIX, reaccionando contra el ambiente creado por el código napoleónico, los movimientos feministas se intensificaron y se organizaron: en Inglaterra Lydia E. Becker fundó el Diario del Sufragio Femenino; en Francia, Olimpia Andouard, Noemi Reclus y otras establecieron numerosos clubs y periódicos feministas; en España destacan las actividades de Emilia Pardo Bazán y Concepción Arenal.

En el siglo XX, durante la Primera Guerra Mundial, debido a que numerosas mujeres se incorporaron a las fábricas en sustitución de los hombres llamados al ejército y a que muchas otras se movilizaron como agentes informativos o para asistir a los heridos y prisioneros, la causa femenina recibió gran promoción.

Después de la guerra, diversas asociaciones feministas se integraron en el Comité de las Organizaciones de Mujeres, cuyos objetivos fundamentales consistieron en la abolición de la prostitución, la enseñanza de las jóvenes, las condiciones del trabajo femenino y la conquista de los derechos políticos.

Y así, en 1918, Inglaterra fue la primera nación que estableció el voto femenino, EEUU lo hizo en 1921 y poco después este derecho se ha establecido en más naciones.

En 1949, la filósofa francesa Simone Beauvoir publica el libro Le deuxième sexe. Este libro ha ejercido una enorme influencia en la evolución de las ideas feministas y significa no sólo un nuevo impulso a las tradicionales reivindicaciones, sino el surgimiento de otras nuevas de carácter más revolucionario y radical. Afirma que no ha sido la naturaleza la que ha establecido y limitado las actividades femeninas sino un conjunto de prejuicios, costumbres y leyes tendenciosas que es preciso eliminar. A lo cual añade que la liberación de la mujer comienza por su vientre proclamando la independencia entre relación sexual y procreación.

Sí pretendemos basar el feminismo en la afirmación de que la mujer tiene que ser igual al hombre en todo ¿no estaremos elevando al varón a la categoría de modelo a seguir y por tanto considerándolo superior a nosotras? Pareciera que para afirmarnos como mujeres tenemos que demostrar que somos capaces de hacer tal o cual cosa igual que el varón y privamos a nuestra sociedad de los aportes de la feminidad que solo nosotras podemos aportar. Aquello que estamos criticando tratamos de imitar consiguiendo en la mayoría de los casos una caricatura grotesca de lo que significa ser mujer.

La liberación de la mujer no pasa tanto por el hecho de que se libere de los roles que tradicionalmente ha desempeñado como por la lucha para que estos roles sean reconocidos y tengan la misma dignidad que otros que tradicionalmente se han atribuido a los varones, en los distintos ámbitos de la sociedad y también en las leyes, sin dejar de lado las retribuciones económicas. No encuentro razón por la cual sea más importante diseñar un maravilloso satélite artificial que mecer la cuna donde duerme tranquilo sabiéndose cuidado por su madre, el hombre que en el futuro diseñará ese satélite.

¿Acaso ser mujer no es tan bueno como ser varón? Si la respuesta es afirmativa ¿por qué nos empeñamos en imitarlo y luchar por conseguir lo que él tiene de suyo olvidándonos de profundizar en lo que tenemos de nuestro y que si nosotras no aportamos no lo va a aportar nadie? En lugar de destacar y profundizar en lo que es propio nuestro como mujeres lo ahogamos y tratamos de suprimirlo atentando contra nuestra propia naturaleza de ser mujer, (la liberación de la mujer comienza por su vientre).

¿Acaso no encontramos interesante vivir nuestra aventura de ser mujeres como para andar copiando paradigmas que no son los nuestros, vistiéndonos con trajes que no se nos acomodan?

Mirándolo en términos de eficiencia, ¿no resulta más eficiente que empleemos nuestros recursos para obtener un mejor rendimiento en aquello para lo cual estamos más capacitadas? Si no se me dan bien las matemáticas puedo empeñarme en ser ingeniero civil y tal vez lo consiga pero, ¿realmente fue buena la inversión?, ¿mereció la pena el esfuerzo sólo por el gusto de demostrar que yo también puedo ser ingeniero?

Las mujeres tenemos una responsabilidad ante nosotras mismas, ante nuestra familia y ante la sociedad, y es precisamente la de ser mujeres, la de aportar aquello que nos caracteriza como mujeres, y para poder hacerlo es preciso que lo sepamos valorar sin pretender negociar con los talentos del otro entre otras cosas porque los que tengo me bastan y me sobran para llevar adelante el negocio que tengo entre manos: En definición aristotélica, la vida lograda a través de un actuar excelente.

¿Feminista? Mujer y a mucha honra.

Fuente/Autor: Montserrat Martín

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