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Familia

Esperanza

27 de enero de 2020

Una obra para la mujer que enfrenta un embarazo adolescente.

El autor católico Eduardo Armstrong nos entrega la voz de una madre que busca abrir nuevos horizontes a su hija quien ha tenido la valentía de comunicar su inesperado embarazo. busca despejar miedos e incertidumbres con pensamientos de la sabiduría familiar cristiana, para transformar la aparente causa de los sentimientos de temor, angustia y frustración, en una nueva oportunidad de reconstruir la vida.

SUEÑOS QUEBRADOS

¿Cuál fue mi error? Lo entregué todo… Mis esfuerzos, la salud y mi vida. No pude dar más. Si fue mi sentido de vivir, tratando de servir a mi familia y a Dios, ¿por qué entonces me siento culpable?

Sufrimiento, no eres tú quien me quema por dentro. Parece algo diferente, como una sensación de impotencia y angustia que inunda mi interior. Ella es muy joven y deberá aceptar una vida para la cual aún no está preparada. Ni siquiera dispone de medios propios para salir adelante de esta situación creada por sí misma, y quizás, involuntariamente. ¡Cuánto quisiera poder aliviar su dolor!

El temor me ahoga… Y tú, tan lejana. ¿Habrás pensado que tienes en mi a quien contarle tus cosas? Cuéntame lo que sientes, como cuando eras pequeña. ¿Cómo decirte que la vida continúa y que siempre puedes transformar tus preocupaciones en felicidad? ¿Cómo decirte que no estás sola? ¿Cómo decirte que te quiero?

INTRODUCCIÓN

Junto a la inesperada noticia de un embarazo adolescente se viven instantes en que las palabras sobran y los pensamientos confunden. La paz familiar ciertamente está afectada, son tiempos para recuperar el sentido de la vida. El durísimo paso de comunicar la noticia a los seres queridos fue dado, y hoy, es propicio recordar, hablar, y escuchar, para reencontrar la verdad que todos llevamos en nuestro corazón.

Estas páginas ofrecen palabras auténticas y el reflejo de los sentimientos de una madre que busca a su hija en momentos de desesperanza.

QUISIERA

Quisiera saber cómo te sientes. Si me respondes “bien” me preocuparé aun más. Si me respondes “mal”, quisiera que sepas cuanto te comprendo. Todas pasamos por situaciones difíciles en nuestras vidas. A mí también me parecieron interminables, pero luego, cuando acepté que ya no podría regresar al pasado, se transformaron en apreciados recuerdos según fueron mis actitudes y decisiones.

Quisiera sentarme a tu lado, regalonearte y escuchar lo que llevas dentro de ti, pero tú no deseas hablar hoy. Te comprendo tan bien, que sola no te dejaré. Al menos, permíteme hablarte de algo que llevo muy dentro de mí. Debimos compartirlo antes, mas por una razón u otra, no lo entregué o no llegó a su destino.

Esa tierna mirada no esconde tu pena. Querida hija, estoy contigo cuando tú estás y cuando no estás. Tus alegrías y preocupaciones son también las mías. No parece cuestión de quererlo ni de simplemente aceptarlo. Es un sentimiento que nace de una realidad que nos supera y nos une por encima de cualquier circunstancia, sin permitir que nuestras vidas sean plenamente independientes ni plenamente dependientes. Como un lazo que ata en silencio y suavemente, sin desear interponerse en nuestras decisiones personales. Y ahora que lo recordamos, nos ofrece la posibilidad de apoyarnos en él. ¿No parece una contradicción? Sentimientos que unen, pero que no limitan. Al contrario, más bien parecen cuidar nuestra libertad, a nuestras personas y nuestra relación; como un lazo que libera.

Produciendo ráfagas de angustias y temores, fuertes vientos han llegado. Ellos buscan arrastrarnos a la desesperanza con sus cambiantes direcciones. Nos confunden hasta el extremo en que pueden hacernos perder el sentido de nuestras vidas y olvidar quiénes y cómo somos realmente. Son impulsos y emociones que invitan a dejarse llevar por nuevos caminos sin destino conocido y a entregarnos pasivamente a propuestas que llegan como la ventisca, sin consecuencias aparentes. Pero son ilusiones que pueden desviar nuestro andar hacia el destino de los auténticos e íntimos deseos.

Querida hija, es un buen momento para conversar de tantas cosas valiosas que tenemos en común y sobre las que nunca hablamos lo suficiente. Me doy cuenta de mi error, nos dimos poco tiempo para detener nuestras vidas y hablar como amigas. Pero si ambas tenemos ahora la sensación de haber perdido algo que recordamos con nostalgia de pasado y a pesar de todo lo ocurrido, ese lazo invisible mantiene nuestros sentimientos unidos con más fuerza que antes, disponemos entonces de una nueva y maravillosa oportunidad para reforzar nuestra amistad.

Quisiera que lográramos comprendernos mejor; que me comprendas mejor. Quisiera decirte… Una vez más… Te quiero tanto.

TU HIJO

Pequeña mía, debes saber que tu hijo jamás ha sido un error. Fue consecuencia de un error ya transformado, gracias a tu Padre, en una alegre bendición.

Lo concebiste buscando amor y el afecto que tanto necesitamos. En las dificultades que podían ocurrirte no pensaste lo suficiente. Lo sé, porque cuando no escuchamos la voz del interior y obedecemos a nuestros primeros deseos, es como si depositáramos el destino en una hoja de otoño: en las manos de una atractiva bailarina que sigue el ritmo de los cambiantes vientos sin preocuparse por la proximidad del invierno con su llanto de lluvias. Esos vientos nunca dicen hacia donde conducirán nuestras vidas. El período de las lluvias ha llegado, y recién te das cuenta de que traen consigo algunos padecimientos. Sí, pero también el agua que tanto necesitan las semillas para nacer, crecer y luego florecer.

Cualesquiera hayan sido tus motivos, entusiasmo, inseguridad, influencias, pasión, curiosidad, o por llegar a sentirte tan enamorada que confundiste al verdadero amor con sentimientos muy auténticos pero pasajeros, ahora reconocerás que tu mayor error fue el momento. Pero tu hijo jamás será un error. Él es la vida nueva e inocente de un amor auténtico y puro, que está lleno de esperanzas. Y están todas ellas puestas en ti.

Tu hijo es una bendición, ¿y quieres saber la razón? Porque un hijo se hace siempre de a tres: dos le regalan el cuerpo y el tercero le regala el alma. Su cuerpo, fue creado a imagen y semejanza de sus dos padres que lo han llamado a vivir en este mundo lleno de posibilidades, y donde podrá desarrollar el precioso espíritu en que ha recibido su alma. A imagen y semejanza del Padre fue creada su alma; ella representa la razón de su existencia y contiene la fuente creativa de todo el amor que será capaz de entregar durante esta vida a la que tú le has llamado. Independientemente de las circunstancias que originan a un hijo, al hacerlo, nosotras llamamos a su Padre quien concurre regalándole todo su amor. Él quiere que todos nuestros hijos sean creados siempre con amor, por amor y para el amor, y se asegura de ello. Tu hijo entonces fue creado para ser feliz y para vivir en el amor; para darnos felicidad y hacerte feliz.

MATERNIDAD

El hijo que llevas en tu vientre ya te reconoce como su madre. Has despertado tu maternidad, y muy pronto verás por qué nadie comprende mejor que la mujer su infinito valor, al sentir esa íntima relación invisible con el hijo que cobijamos y su Padre. Estás conociendo el amor más puro: amor de Padre y amor de madre.

En la maternidad está la gran prueba de tu valor. Y para recordarte quien eres, como las maravillas que puedes llegar a hacer, canta ella su canción que fluye mes a mes desde tus entrañas. Su canción te mantiene femenina, sensible, y abierta para acoger la presencia del amor que te rodea; te cuida, para que nunca olvides tu condición de mujer; te recuerda, que no eludirás el precio del gran amor que puedes entregar; te protege, manteniendo viva y fértil la mayor fuente de felicidad para una mujer.

La maternidad siempre se manifiesta con suaves dolores del cuerpo, de la mente y el corazón; mas no te engañes, ya que mostrará su fuerza infinita al permitirte vencer a todos tus temores.

Te sientes diferente, está cambiando tu cuerpo y tu vida. Recibes tantas sensaciones desconocidas que te afectan produciendo naturales temores; son los cambios habituales de la maternidad. Tu cuerpo y tu mente reaccionan de formas tan inesperadas que ya no los podrás controlar como antes. Tendrás sensaciones que no duelen, pero que no lograrás entender porqué las sientes. No tienes que sentirte avergonzada, acéptalo, a todas nos pasó igual. Yo sé que estás angustiada por tantas cosas: debiste dejar tus ropas, no te preocupes, ya las recuperarás; es natural cansarse continuamente, mas luego te sentirás con mayor fuerza que antes; sientes perdida tu libertad al adquirir grandes y nuevas limitaciones, pero no es tan así, ya que libremente estás aceptando nuevas y más grandes responsabilidades que te harán crecer para valorarte más como persona y como mujer. ¿Sientes la ausencia de una pareja? Pues bien, ahora podrás darte cuenta de que no necesitas a una pareja, sino, un gran amor; el que es posible que llegue a ser tu pareja… si lo quieres aceptar. Y cuando a futuro estés segura de haber encontrado a tu compañero, podrás comprometerte para que juntos puedan desarrollar sus proyectos y apoyarse en la construcción de una vida en común. Eso es el matrimonio: un maravilloso compromiso que tú puedes elegir y aceptar. Luego, serás tú quien pida una ceremonia para invitar como testigos del libre compromiso de tu amor, a tu familia, a tus amigos y a tu Padre. No te preocupes ahora de ello, debes ser paciente y deja para el mañana lo que pertenece al mañana. ¿Piensas que no es oportuno hablar de esto? Es cierto, pero tu vida se está iniciando y muy pronto llegará ese instante con alguien que sabrá valorarte como eres y que apreciará tus cualidades junto a todo lo valioso que tienes. Tendrás pronto a un hijo maravilloso; y antes de lo que piensas, podrás formar a una verdadera, completa y maravillosa familia.

En este momento te cuesta aceptarlo, pero ya verás que la maternidad es un privilegio que lentamente transformará tu vida y hará de ti a toda una mujer. Muy pronto, verás que la maternidad también fue creada para demostrarle a la mujer como el amor puede vencer a la adversidad y al dolor, transformando todo en semillas de felicidad.

La maternidad es responder con un SI a las necesidades de un niño, alimentarlo, protegerlo, y quererlo más que a una misma, en las buenas y en las malas. Es un compromiso sin condiciones, y el más hermoso que llegarás a aceptar porque te hará sentir tanto amor, como nunca antes siquiera lo soñaste. Tanto amor tendrás, que luego sólo querrás darlo. Es una buena razón para vivir, tu mayor consuelo y apoyo en esta tierra. Es un amor auténtico… y tuyo.

LIBERTAD

Mi querida hija, no es sencillo utilizar el regalo de la libertad y jamás lo será. Moldeando tu vida como una esforzada artista que crece para llegar a ser quien desea ser, en el uso de tu libertad vas expresando tu voluntad. Mas, cuesta aceptar el precio que debemos pagar cuando nos alejamos del camino que conduce hacia la felicidad. Me parece que buscando sentirte valorada y apreciada, tomaste un camino que incluso pudo ser el que no deseabas.

Eres libre de formar relaciones comprometidas o sin compromiso. Ahora te das cuenta de ello y comprenderás mejor que ambas tienen su precio, mas su desenlace es diferente, y en ocasiones, puede ser opuesto; porque comprometerse es hacerse responsable por las opciones que elegimos en la vida. Es importante, ya que invita a la prudencia. Y cuando lo aceptamos, nos permite actuar consecuentemente aún cuando los sentimientos y razones que pudo haber, no sean apreciados luego como antes. Actuando comprometidamente cuidamos a quienes más queremos, a nosotras mismas, y con ello, a nuestra libertad personal. Me dirás, ¿de qué cuidarnos? De los deseos y pasiones que son inconvenientes; de los sentimientos y pensamientos que no aportan ni construyen la auténtica vida personal que deseamos fortalecer. Comprometerse es una forma de vida a la que debes buscar en tu interior; y al encontrarla, acéptala, ya que es la única que te permitirá sentirte realizada.

Sí. Es cierto. Todas tardamos en darnos cuenta de que existen caminos más seguros hacia la felicidad. Olvidamos que el sentido de nuestras vidas siempre ha sido nuestra felicidad, y que para que aprendamos a amar disponemos de la libertad.

SIEMPRE

Siempre existirán nuevas oportunidades, ya que tú dispones del regalo de la vida. Te digo esto porque siento que soplan esos vientos que parecen complicarnos la existencia, y en medio del fragor de nuestras luchas entre sentimientos y pasiones, es posible olvidar lo que realmente tenemos. Sin darnos cuenta, ellos pueden sumergirnos en mayores angustias y decepciones. Déjame mostrarte como luchar contra esta clase de vientos: no los aceptes, pero tampoco los enfrentes; únicamente, déjalos pasar. Tú eres más. Mucho más que tus temores y frustraciones.

Siempre, pase lo que pase, tu Padre y yo estaremos junto a ti. Puedes contar con nosotros. Te adoramos y jamás desearemos estar ausentes de tu vida. Somos parte de ti. Y tú, siempre serás la más importante parte nuestra.

OPORTUNIDAD

Tu mirada de tristeza acusa temores, confusión y sufrimiento; pero ellos no llegaron por causa ni por la voluntad de tu Padre. Él tan sólo permite que existan para que libremente puedas reconocerlos, y de este modo, puedas crecer apreciando más lo que tienes y has tenido. Duelen, sí. Pero también, te facilitarán llegar a ser quien tú deseas ser: íntegra, única y completamente tú.

Aprende a transformar tus penas y sufrimientos en nuevas oportunidades. Tú puedes hacerlo. Te ayudará a crecer como persona, a reencontrarte con tus familiares y amigos; y a saber quién es quien, lo que te facilitará hallar el camino del amor verdadero.

Tienes una nueva oportunidad de dar lo mejor de ti a los demás. Aunque parece increíble, tienes hoy una nueva oportunidad para llegar a ser más feliz. Una oportunidad de rehacer tu joven vida junto a la nueva vida que te ofrece la maternidad. Una oportunidad de aprender que todo tiene solución cuando tú te empeñas en ello. Una oportunidad de conciliarte, contigo misma.

¿Sientes temores porque tu vida ya no será la misma? Mas, que sea mejor depende de ti. La vida es un cambio permanente, y en ocasiones se alteran muchas de nuestras expectativas; unas se pierden y otras se ganan. Así es. Lo importante es el sentido que le damos a lo que hacemos; viviendo cada momento lo mejor posible y dejando para el futuro lo que le pertenece. Ya tendrás la oportunidad de retomar los planes e intereses que debiste posponer, como terminar de formar tus conocimientos, para luego construir ese hogar con una familia feliz a la que podrás cuidar y atender como siempre lo has soñado.

¿Te gustaría saber qué espero de ti? Que aproveches esta nueva oportunidad de reconocer tus cualidades y capacidades. Aprécialas. Sé que no estamos acostumbradas a pensar en nuestras cualidades, como tampoco a decir lo positivo que encontramos en los demás. Cuesta reconocer lo valioso que cada una tiene. A todas nos cuesta reconocer y aceptar las cualidades y limitaciones propias, tanto, como respetar y aceptar las cualidades y limitaciones ajenas. Sé que es difícil enfrentarnos a la realidad, más, si no deseas hacerlo por ti, hazlo entonces por tu hijo y verás que todo será más simple. ¿Aun lo dudas? Entonces, pon una mano sobre tu vientre y disfruta la inmensa alegría de saber que gracias a ti, él está creciendo bien.

ESPERANZA

¡Yo creo en ti! ¡Jamás te abandonaré! Menos aún lo haría tu Padre, quien siempre está a tu disposición para ayudarte a transformar las grandes preocupaciones en tus mayores bienes. Ahora dispones de una prueba más de nuestro amor por ti.

¿Para qué perderte en la desesperanza? Ya que, si has recibido amor, tienes amor dentro de ti. Y teniendo amor lo puedes entregar. Y si lo puedes dar, entonces la felicidad está al alcance de tus manos; la tienes a tu lado, y también dentro de ti.

SENTIDO

Fuiste creada para ser feliz, sin embargo la plena felicidad se obtiene después de un largo aprendizaje, durante el cual tenemos que superar muchos errores. Si buscas la felicidad, los errores jamás serán un final y pueden ser fuentes de valiosas experiencias. De este modo, cuando decidas transformar tus errores en experiencias, los estarás convirtiendo en tus mayores fortalezas.

Aunque no me creas ni lo comprendas, para mi no hay alguien como tú; nadie puede ocupar tu lugar dentro de mí, como tampoco dentro de tu Padre quien te conoce aún mejor que yo.

Hija mía, el mundo necesita a mujeres fuertes. A mujeres que deseen servir sin aceptar la indiferencia frente a las necesidades ajenas. A mujeres que comprendan que servirán a su Padre únicamente sirviendo a otras personas, y que de lo contrario, ni siquiera serán capaces de servirse a sí mismas. Por eso, frente a las alegrías y sufrimientos, y durante toda tu vida, recuerda que el sentido que le des a tu capacidad de amar, depende de ti.

SERVIR

Servir, es ser de alguna ayuda para otra persona. Se logra primero deseándolo y luego, expresando la voluntad con acciones. Ya verás que independientemente de obtener o no el resultado que inicialmente esperabas, la ayuda siempre llegará a su destino; porque lo fundamental está en cómo realizas tus acciones o en cuánto amor pones en ellas. Pero, ¿cómo interesarte o querer ayudar a quién no aprecias? ¿Cómo amar de verdad a quién no conoces lo suficiente? ¿Cómo apreciar lo que tienes, si no lo conoces? Son preguntas que tu corazón responderá con el tiempo.

Querida hija, tu amor será siempre tu mayor pasión, y por eso, es lo más grande que puedes llegar a dar. Su invisible efecto no está condicionado a esos resultados visibles que tanto perseguimos durante nuestras vidas; a lo inmediato, a esos objetivos que con frecuencia buscamos desatendiendo lo que ya sabíamos o sentíamos: que no duran y distraen de lo realmente importante para nosotras mismas. Servir es estar agradecida de lo que tienes. Servir es no vivir soñando disponer lo que no se tiene. Es tener la humildad de pedir ayuda cuando la requieras; es un duro camino, por el que llegarás a comprender mejor a quienes necesitan de ti. Servir es también buscar el sano conocimiento, sin el cual, difícilmente apreciamos lo que tenemos y a quienes nos rodean. Y recuerda, que servir es confiar en la ayuda de tu Padre para que juntos actúen como una sola persona. Permítele transformar tus males en Su bien, en felicidad para otros, y de este modo, en la tuya. O lo que es lo mismo, servir es pedirle que en ti se cumpla Su voluntad, cuando estés dispuesta a entregar la tuya.

POSESIONES

Tienes mucho. Mucho más de lo que puedes siquiera llegar a imaginar. Sé que en ocasiones no lo ves ni lo sientes, y sin embargo ello no significa que únicamente lo que ves y sientes sea tu realidad. Tu existencia no se limita a lo que los sentidos te puedan mostrar; ellos aportan mucho, pero también a veces cometen errores. Si quieres comprender la real dimensión de tus posesiones tienes que tratar de extender la mirada más allá de lo que tus ojos te dejan ver, y aprende a escuchar más de lo que tus oídos son capaces de percibir; porque los sentidos del cuerpo son de gran ayuda, más siempre estarán reducidos a su limitada función. Cuando aceptes acompañar tus pensamientos con los auténticos sentimientos del corazón, apreciarás lo que tienes, ya que entonces habrás comprendido el verdadero sentido de tu vida.

Nuestras más valiosas posesiones se encuentran bien protegidas y resguardadas al interior de nuestro cuerpo, en ese lugar tan personal que llamamos alma. Son nuestras íntimas pertenencias, a las que podemos cultivar proyectando la existencia hacia lo más valioso de esta tierra; hacia lo que no tiene límites ni tamaño, y por eso, es que a veces nos parecen insignificantes, olvidando con frecuencia su sensible valor eterno. A todas nos ha ocurrido: cosas, situaciones y personas que por momentos nos han cautivado y parecieron encandilarnos con su aparente valor en esta vida, y tarde o temprano, con frecuencia descubrimos que no era lo esperado. No desprecies a tus verdaderas posesiones, porque ellas te permitirán reconocer sin confusión lo único realmente valioso de la vida: el amor verdadero.

Querida hija, creíste encontrar amor, mas como madre te digo que recién ahora lo comenzarás a reconocer. El verdadero amor no tiene límites ni medida. Ocasionalmente todas lo hemos confundido y más de alguna vez no le reconocimos porque su presencia nos pareció sin importancia, pequeña y hasta despreciable. Pero está a nuestro lado, y lo podemos reencontrar en el valor eterno de cada instante de vida, donde podemos depositar nuestro auténtico amor.

Tienes tanto. Una vida por delante y al mejor Padre a tu lado; a quien también puedes buscar dentro de ti, ya que en la sana conciencia del alma puedes encontrar Su Verdad. Nada exige para Él, no culpa ni reprocha nada, únicamente te pide que le permitas amarte. Nos tienes también a nosotros tus padres, a tu familia y a las amistades que te quieren de verdad. Tienes a tu hijo, quien todavía no conoce a nadie más en quien confiar y que te quiere sólo a ti.

GRATITUD

¡Tú puedes cuidar a tu hijo! ¡Confía en tu capacidad de amar!

Gratitud, es reconocer que difícilmente comprenderemos en esta vida lo mucho que tenemos.

Gratitud, es aceptar que difícilmente comprenderemos en esta vida que todo lo bueno lo debemos.

VOLUNTAD DE PADRE

Cuesta comprender a los padres, a todas nos pasó igual. Por favor, permíteme ayudarte a conocer a tu Padre. Es necesario, porque tú también estás atada a Él por un lazo de amor invisible, a través del cual, y siempre que lo quieras, podrás sentir sus manos extendidas hacia ti como tratando de alcanzarte para darte Su amor. Quiere ayudarte a superar toda dificultad. Es Él quien conociendo el peso de tu carga te ofrece aliviar tus temores. Permítele acompañarte. Permítele liberarte de esos sentimientos ajenos al amor que hoy obstaculizan tu felicidad y tu vida.

Sabes bien que Su voluntad es tu felicidad. Él sabe que para lograrlo, todas necesitamos aprender a amar de verdad, mediante el largo proceso de una vida. Él sabe que vives en un lugar donde ocurren accidentes y situaciones indeseadas, donde también, todas cometemos errores. Él sabe esperar, y nos da tiempo: Su tiempo.

Él te ama de verdad. Para una hija, amar de verdad es llegar a ser divinamente generosa: compartiéndote, entregándote y aceptándote. Amar de verdad, es darte por entera a los demás, comenzando por los que están más cerca de ti; porque es en ellos en quienes te podrás realizar con el mayor acto de amor que podremos alcanzar. Y tú sabes a quien tienes más cerca: a tu querido hijo.

A todas nos cuesta aceptar nuestra realidad, pero lo podemos lograr cuando finalmente comprendemos que nuestra vida es para la felicidad y reconocemos que sólo podemos acceder a ella por medio de nuestro amor. Sí, el amor cobra su precio, y todas lo debemos pagar, mas su ausencia tiene un precio infinitamente mayor. Por eso, tu amor, ese que tan maravillosamente sabes entregar, es un regalo sin tiempo ni tamaño que está originado en tu querido Padre. También es hoy el Padre de tu hijo, y en cierta forma, también tu esposo. ¡Mira lo que tienes! Al más maravilloso amigo personal y a quien lentamente puedes ir reconociendo durante toda tu existencia. Verás que Él jamás te abandonará, porque aceptó libremente tus sufrimientos como suyos. Y aun, cuando tú lo abandones o no le reconozcas ya que poco le has buscado, tienes a quien te ama sin condiciones.

¿Quieres saber por qué directamente no lo podemos ver? Él desea ser invisible a nuestros ojos para cuidar nuestra íntima relación de amor personal con Él, de toda mirada ajena que pudiera dañarnos o afectarnos. Su amor por ti no depende de ti, pero tu relación de amor sí depende de ti; y desea cuidarla como al más apreciado tesoro entre ustedes dos. Siempre lo podrás encontrar, sentir y escuchar en el activo silencio de la intimidad del corazón. Puedes ver Su presencia y sus acciones en muchas de las personas que te rodean, como nosotros también en las tuyas. Es Él quien siempre te escuchará, atenderá, y a quien puedes plenamente amar a través de cada una de tus acciones dirigidas hacia el bien de los demás. Piénsalo. Independientemente de tus actos, tal como eres, ha querido comprometerse en Su amor contigo. Y por eso, Él es quien más te ama… y eternamente te amará.

Cuando decidas dar tu amor sin miedos invencibles, sin restricciones ni condiciones, empezarás a ver lo que tus ojos no pueden mostrarte, a escuchar lo que ningún oído puede escuchar y a sentir lo que nunca soñaste, porque no lo conocías. Entonces verás en ti misma el reflejo de tu Padre, y notarás en ti Su semejanza. Te reconocerás en tu feliz condición de hija, y con ello, en tu condición de hermana de todos los hijos del mismo Padre. Te sentirás integrante activa de una familia tan grande como maravillosa, de una familia sin límites ni tamaño, de una familia sin tiempo.

Ahora puedo decírtelo más claramente: la voluntad de tu Padre es que te des por entera a otro ser. Es tu valor supremo y sin medida, porque te muestra el camino hacia tu verdadera casa, tu verdadera familia y hacia tu auténtica felicidad: tu verdadero amor.

¡Créeme! Soy tu madre.

TE NECESITAMOS

Hija mía, necesitamos de ti como nunca podrás imaginar: necesitamos tu compañía y tu presencia; necesitamos tu amor, ése que expresas tan bien en tus grandes y pequeñas acciones; necesitamos tu comprensión y paciencia, ya que sólo el Padre es perfecto y todas nos equivocamos con frecuencia en nuestras vidas; necesitamos tu experiencia, porque ella es un valioso instrumento para aliviar a muchos alguna pena. Tus cariñosas acciones y palabras pueden ayudarnos a comprender mejor el valor de aceptar y enfrentar nuestras inseguridades y dolores, como son el temor a la soledad, al abandono, y principalmente, a ser ignorada.

Tú puedes hacer mucho; puedes acercarnos la felicidad. Necesitamos de ti, tal como eres.

LLEGAR A SER

Querida hija, esta vida es un camino para recorrer y crecer. En la superación de las naturales dificultades nos convertimos en la hija, la madre y la mujer que deseamos ser. En la superación de los mayores obstáculos es donde debes tratar de ver a tus grandes oportunidades.

Has debido posponer algunos de tus bienes, pero lo haces por otro bien mayor: para entregarte al hijo de tu amor: a una persona con quién compartirás la vida. Muchas cosas deberán esperar, mas él, no puede esperar. Tu cuidado y bienestar presente y futuro, es el suyo. A él no podrás responderle “más tarde” o “mañana”. Confía en tus propias capacidades, puedes darle mucho amor y el bienestar físico que requiere; puedes cubrir sus necesidades de seguridad y protección; puedes hacerlo sentirse aceptado y querido por su familia y por quienes rodearán su vida; puedes darle una educación con muestras de respeto y estimación, las que le permitirán realizarse cuando sea mayor. Tú puedes darle todo el cariño y afecto que necesita recibir, y acepta recibir el que te brindará. Y si en alguna ocasión no pudieras darle lo que deseas, tendrás el consuelo de toda madre: dispondrás la tranquilidad de haberlo hecho todo, según tus mejores posibilidades.

Hija mía, eres lo más valioso que tengo. Tu hijo es lo más valioso que tienes. Tus hijos serán lo más valioso que tendrás. Eres hija del Padre y eres lo más valioso que Él tiene.

¡Sí! Superando con esfuerzo y perseverancia esas grandes y pequeñas dificultades de la vida, te transformas en mujer. En una persona cada vez más completa, más hermosa y más humana, y quizás por eso, cada vez más divina: en una mujer que cada vez es más valiosa, querida y apreciada por todos.

¡LUCHA POR SER FELIZ!

Querida hija, cuando sientas que los inesperados vientos de la adversidad se llevan tus fuerzas con sentimientos de incertidumbre, soledad y derrota, invitando a entregarte con una actitud pasiva y resignada… Por favor, no te rindas y te ruego que me escuches: ¡No sigas pensando en ti misma! ¡No estás sola!

Amor mío, ¡no renuncies a tu lucha! Dejaste tu hogar para ir en busca de lo que creías necesitar, y ahora, quizás requieres volver sobre tus pasos para poderlo encontrar.

Y si aún no estás convencida de mis palabras ni quieres confiar en mis manos extendidas hacia ti, quizás llegó el momento de negarte a ti misma entregándote a quien angustiosamente te necesita: tu querido hijo. Él es ahora tu fuente de nuevas fuerzas y nueva vida. Es el nuevo manantial de tu futura felicidad. En él está hoy la razón principal de tu existencia.

Por ti, por tu querido hijo, por nosotros tus padres y por quienes te quieren de verdad, como madre, te pido esto, ¡lucha por ser feliz!

Fuente/Autor: Eduardo Armstrong

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