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En renglones torcidos…

27 de enero de 2020

Italia vivió durante el pasado mes, uno de los terremotos más devastadores de su historia. ¡Cuando menos lo esperas! “No sabes ni el día ni la hora”, entonces se te pedirán cuentas. Unos cuantos segundos bastaron para que una ciudad quedara devastada.

Al día siguiente del terremoto le preguntaron a un señor que lo había perdido todo: ¿Cómo se siente? Con el rostro sereno, con una actitud muy tranquila y su mirada reflexiva contestó: “aún tengo vida”.

“¿Qué significa tengo vida? De aquí en adelante, sólo me fijaré en lo que es esencial y dejaré a un lado lo superficial. Tengo que rehacer mi vida”.

“¿Por qué a mí? ¡Oh Dios!”

Se había formado un clima un tanto pesado, que se podía tocar el silencio. Con rostro sereno deja escapar unas lágrimas al tiempo que toma del brazo a uno de nosotros y dice:

“¡No estoy recriminando a Dios! Estoy preguntando ¿por qué Dios, en su infinita misericordia, me permite seguir viviendo…? ¡He nacido de nuevo, tengo otra oportunidad!”.

Uno de lo que estábamos ahí formuló una pregunta atrevida y un tanto indiscreta, pero parecía que se conocían de mucho tiempo atrás, se entendían muy bien e inmediatamente obtuvo la respuesta a su interrogante:

-¿Estabas preparado para morir? ¿Estabas confesado, en vida de gracia, en amistad con Dios?
-¡No! Por eso lloro y me estremezco de felicidad, pues mi buen Dios me ha concedido una oportunidad. Ahora no me importa comenzar desde cero. ¿Por qué a mí me ha dejado con vida y me hace ver tan claro el amor de misericordia que tiene para conmigo? ¡Puedo rehacerme! Ahora entiendo el refrán “Dios escribe recto en renglones torcidos”. Aunque estoy viviendo una desgracia, hubiera sido peor haber muerto sin la amistad con Dios.

En eso ve a un sacerdote que pasaba por ahí, que estaba dando ánimo y confortando a la gente y le dice: ¿Padre me puede confesar? Recibe por respuesta: por supuesto que sí. En ese momento fue pagado, por así decirlo, todo el mal que se causó el terremoto.

Ahora los bares y las discotecas han quedado desolados, siendo que casi no sufrieron daños. Por el contrario, las iglesias y los confesionarios, que en algunos casos están muy dañados por fuera, siguen dando acogida y están teniendo mucha demanda; incluso se han tenido que improvisar algunos.

Se ha puesto de moda confesarse y vivir en vida de gracia. Ahora se comienza a escribir recto en renglones torcidos.

Fuente/Autor: Masalto

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